La realidad de muchos centros sanitarios en España que los pacientes tenéis que conocer.

En España la salud de muchos pacientes está comprometida debido a las condiciones que soporta el personal de Enfermería en su día a día. Esta afirmación se justifica por dos hechos principales.

El primero, que en nuestro país faltan más de 100.000 enfermeras para acercarnos al ratio medio de enfermeras/pacientes que se da en la mayoría de países europeos para garantizar una buena calidad asistencial (respecto a este tema, el Sindicato de Enfermería, SATSE, ha iniciado una recogida de firmas para que el Congreso de los Diputados debata una Iniciativa Legislativa Popular) . Y el segundo es que, por si fuera poco, en muchos centros sanitarios, de gestión privada especialmente, y con el objetivo de ahorrar dinero y de obtener el máximo beneficio posible, las enfermeras y auxiliares (TCAE) son sometidas a una sobrecarga de trabajo brutal, que pone en peligro tanto su salud como la de los pacientes que están a su cargo.

Campaña de Satse para debatir una ILP en el Parlamento sobre el ratio enfermeras/pacientes en España.

No contentos con esa sobrecarga, además pagan unos sueldos lamentables que llevan a muchas compañeras/os a plantearse si les compensa tanta responsabilidad, formación y estrés.

En esta entrada se muestran decenas de experiencias que se han recogido en la red social Instagram a raíz del hashtag #sanidadmileurista

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Texto con el que comenzó la iniciativa #sanidadmileurista en Instagram

Vais a leer condiciones que lamentablemente en nuestro sector son conocidas por los profesionales sanitarios, pero totalmente desconocidas para la mayoría de usuarios que acudís a consultas, hospitales, clínicas, residencias, etc.

Desde que comenzó la crisis en España, al igual que en muchos otros sectores, las condiciones laborales han ido a peor. No vamos a descubriros esto, pero sí a hacer hincapié en que varias empresas de la Sanidad privada no han dejado de expandirse y de aumentar su actividad y beneficios, gracias sobre todo a lo que esta crisis les ha permitido ahorrarse en sueldos.

Hay que tener en cuenta que por mucho que un hospital se deje millones de euros en maquinaria de última generación para cirugías, en eminencias de la Medicina, en habitaciones individuales con todas las comodidades, en tratamientos avanzados…por mucho que tengan una oferta espectacular, si tienen a enfermeras obligadas a doblar turnos para no contratar más gente; si tienen a enfermeras llorando literalmente porque no llegan a dar una buena calidad asistencial; si tienen ratios de más de 15-20 pacientes en plantas de hospitalización o más de 3 en una UCI; si tienen a su personal desmotivado porque además de unas condiciones de pena cobran unos sueldos miserables, etc. Por mucho que os lo pinten bonito no vais a recibir unos cuidados de calidad, y si los recibís es por el tremendo esfuerzo que tienen que realizar las compañeras y sobre todo por su vocación.

Aparte de poner la lupa en hospitales, tenéis que saber que en las residencias nos encontramos con situaciones muy graves. La sobrecarga llevada al máximo extremo aunque un residente tenga que pagar 1500-2000€ mensualmente.

Hay que dejar claro que aquí no se generaliza con la sanidad privada en general. Hay muchos hospitales que hacen las cosas bien y proporcionan a su personal y pacientes condiciones dignas. Pero que la situación de miles de profesionales es precaria está bastante claro.

Otro tema aparte es que los profesionales sanitarios/as que trabajan en la sanidad privada no consiguen obtener puntuación para la bolsa pública de empleo (o si la obtienen es considerablemente inferior a la de centros de gestión pública). Este hecho no sólo les dificulta trabajar en hospitales públicos, sino que además les resta puntuación injustamente en las ofertas públicas de empleo para aspirar a ser personal estatutario.

Para finalizar quiero decir una cosa. El tema de humanizar la sanidad está en auge y muchas personas(gestores sanitarios incluidos) se suben al carro de escribir sobre la importancia de humanizar nuestra profesión. Pues bien, no podemos humanizar correctamente a nuestros pacientes si las condiciones no nos lo permiten. Por favor, dejad a un lado la hipocresía y el cinismo.

A continuación se muestran decenas de experiencias contadas por enfermeras y TCAE principalmente. He tenido que seleccionar muy bien lo que subía porque había testimonios demasiado duros y hechos graves que podían poner en un compromiso mayor a estas compañeras.

Que estas situaciones no se produzcan más depende de todos: profesionales sanitarios, pacientes, sindicatos, políticos…

 

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Liquidación que incluye el pago de una quincena con dos turnos de trabajo diarios en el Hospital HM Sanchinarro.

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La primera parada cardiorrespiratoria que presencié.

La primera parada cardiorrespiratoria  que presencié fue con 19 años, en el verano en el que iba a pasar de 1º a 2º de Enfermería. Estaba trabajando como ordenanza en un hospital  en el que había comenzado a hacer las prácticas en plantas de hospitalización.

Una mañana, como otra cualquiera, en la que me encontraba en el hall principal recibiendo a los pacientes, dándoles información o esperando para acompañar a alguno a planta para efectuar un ingreso, todo se revolucionó en un instante. Dos estudiantes de medicina de intercambio que pasaban por allí me dijeron en un castellano muy regular “oye, creo que a ese señor le pasa algo”. Y sí le pasaba algo, sí…

Al localizar al hombre, que estaba en el hospital visitando a un familiar, vi como se llevaba las manos al pecho mientras pedía ayuda. Las compañeras de información llamaron enseguida a los intensivistas y a los médicos de urgencias, mientras tanto me acerqué a él con la intención de ayudarle. “No puedo respirar, me muero, me estoy muriendo”. No paraba de repetirlo una y otra vez. A su lado su mujer con una crisis de ansiedad. Todo un cuadro.

La diferencia corporal entre ese señor y yo era de unos 80kg y más de 20cm, a duras penas le conseguí meter en el ascensor que llevaba al servicio de Urgencias y ahí terminó de desplomarse. Estábamos solos, él ya estaba en parada(aunque yo no lo sabía) y, aún conociendo la teoría de  todo lo que se debe hacer, me sentía muy impotente. Observé que comenzó a expulsar por la boca un líquido que no había visto antes, similar al de un vino rosado. Le coloqué en posición lateral para que no se broncoaspirase, aunque ahora creo que en ese momento ya era lo de menos.

En cuanto se abrieron las puertas del ascensor ya estaban esperando unas diez personas entre celadores, enfermeras, médicos… le sacamos un poco más allá de la puerta y ahí mismo, en el suelo, comenzaron a aplicarle el masaje cardíaco. No había tiempo que perder. Acercaron bombonas de oxígeno, desfibrilador, pusieron unos separadores, varios maletines con todo el material necesario… y yo en la puerta del ascensor, bloqueándola, pálido, sin reaccionar, estaba en shock.

No sé cuánto tiempo estuve ahí observando la escena, perdí la noción completamente. Cuando volví en mí decidí irme, no iba a ayudar y en el hall se habían quedado las compañeras sin ordenanzas. Me enteré después que consiguieron sacar a aquel hombre de la parada y que estuvo ingresado bastante tiempo en el UCI. Diagnóstico: edema agudo de pulmón(de ahí ese líquido espumoso que observé) relacionado con infarto de miocardio.

Creo que no estamos preparados para la primera parada que vivimos. Creo que por mucho que nos hayan explicado todo lo que se debe hacer, si no se ha pasado por un buen simulador, el impacto que sufres puede ser tan mayúsculo que te deje bloqueado, como estaba yo.

Esa experiencia me ayudó bastante para el futuro. En la siguiente PCR que presencié, ya en planta como enfermero, supe mantener la cabeza fría y tener claras las prioridades y sobre todo, supe darme de cuenta de cuando ayudas y de cuando estorbas. ¿Por qué digo ésto? Cuando tenemos una emergencia todo el mundo quiere ayudar, todo el mundo quiere correr, a veces se genera un caos que no ayuda y que termina con los profesionales más experimentados realizando las maniobras de reanimación y el resto mirando.

Cuando me preguntáis si estaréis preparad@s como enfermer@s para vuestra primera parada os cuento todo ésto. Dependerá de vuestra formación en RCP, del medio en el que se de, y de la mente fría que tengáis, pero lo primero es lo primero: LLAMAR A LA EXTENSIÓN DE PARADAS QUE HAYA EN EL HOSPITAL y si os encontráis por la calle asegurad vuestra propia seguridad y la del paciente, llamad al 112 y comenzad las maniobras de RCP lo antes posible.

Como ya expliqué en Instagram, una vez que se está en parada el tiempo corre en nuestra contra de forma espectacular. Si no se reciben maniobras de RCP durante los primeros minutos, por mucho que luego se le saque, el paciente va a tener daño cerebral (el encéfalo consume mucho oxígeno y es muy vulnerable a la falta de éste).

Se calcula que tras 5-6 minutos en PCR sin masaje cardíaco, el daño cerebral es más que probable. A partir de los 10 minutos está asegurado. Formarnos bien y saber como actuar es fundamental.


 

He rescatado una foto de ese verano en el que estuve trabajando como ordenanza.

Diecinueve añitos… 

En los hospitales también existen los agradecimientos.

Cualquier persona que trabaje en un puesto de atención al cliente sabe que, cuando un usuario está descontento con un servicio que se le está ofreciendo, no tarda en comenzar las gestiones para que quede constancia de su sentimiento en forma de reclamación escrita u oral. Lo mismo pasa en sanidad.

Listas de espera surrealistas de varios meses entre una prueba y la consulta con los resultados, deficiencias en instalaciones, un mal trato por parte del personal sanitario, la frustración que siente un paciente al pensar que no están tomando en serio su problema, la percepción de que hace falta más personal, una mala praxis… Son algunas de las reclamaciones que recibe una sala de Atención al Paciente de cualquier hospital.

No se puede negar que este tipo de documentos orientan sobre el índice de satisfacción que tiene un centro hospitalario y puede mostrar qué deficiencias se pueden solucionar para dar un mejor servicio o ayudar a que un error no se vuelva a producir.

Hay que tener en cuenta que hay pacientes que pueden utilizar este procedimiento como un “arma”, llegando a amenazar con ir a Atención al Paciente si no se le da prioridad a su problema cuando, de forma objetiva, no tienen razón en su demanda.

Ahora bien, ¿qué pasa si después de nuestra visita al hospital no tenemos ninguna queja, sino todo lo contrario? ¿Se puede reflejar esa satisfacción por el trato y servicio que hemos recibido? La respuesta está de nuevo en Atención al Paciente y es afirmativa, sólo hay que decir que queremos dejar un agradecimiento.

Habrá gente que se preguntará si sirve para algo. Para nosotros/as supone un reconocimiento “oficial” del trabajo bien hecho y es un estímulo enorme ver como un paciente se toma las molestias de ir a registrarlo. Esto también es un indicador de la satisfacción del paciente, aporta mucho más que una reclamación y nos motiva y anima a seguir dando lo mejor de nosotros como sanitarios y como personas.

El personal que conforma un hospital tiene el compromiso, en general, de dar una buena atención asistencial, pero también el mejor trato humano que sea posible. Somos muchos y muchas las que intentamos dar un trato humanizado, y no siempre es fácil: a veces nuestra vida fuera del hospital nos puede afectar negativamente y tener un mal día, a veces la carga de trabajo parece que puede superarnos y no nos permite dedicaros el tiempo que nos gustaría, a veces salimos afectados de una habitación y tenemos que seguir visitando al resto de pacientes sin pararnos ni unos minutos…


Me gustaría animar a las personas que me leen a que no sólo tengan en cuenta el agradecimiento en el hospital, y también lo tengan en cualquier restaurante, hotel, tienda, museo, etc, en el que os  hayan tratado de maravilla.

Alegrarle el día y motivar todavía más a un buen trabajador está en nuestras manos también como clientes/usuarios/pacientes, y nos lleva muy poco tiempo.

¿Tiene derecho un instituto a frustrar el futuro de sanitarios con vocación?

Esta entrada va a ser muy personal, y surge a raíz de una publicación en Instagram en la que contaba como, al acabar 4º de la ESO, recibí una carta por parte del consejo escolar de mi instituto en la que me “sugerían” que cambiara la modalidad de bachillerato que tenía pensada (Ciencias de la salud) por la de Humanidades. La razón: mi dificultad para aprobar las asignaturas de matemáticas y física.

El día en el que leí la carta lo pasé llorando. Desde que tengo memoria siempre he querido dedicarme a la sanidad, SIEMPRE. Fui un niño que devoraba la serie “Érase una vez el cuerpo humano”, que cuando iba con mis padres de compras les pedía como regalos cds y libros cuya temática fuera alguna relacionada con el organismo.

Mis padres me han contado muchas veces como con menos de 10 años les decía de memoria el número de huesos que había en cada parte del cuerpo y… ¡hasta los Reyes Magos me trajeron un fonendoscopio! Además soy hijo y sobrino de dos enfermeras que son unas grandes referentes para mí.

Por todo esto, y porque no me imaginaba ningún otro futuro diferente al sanitario, me planteo diez años después de esa carta si no podrían haberme preguntado si estaba dispuesto a dar el 200% e intentar sacar esas asignaturas para tener la posibilidad, en selectividad, de meterme a enfermería.

Al final me reuní con la orientadora del centro, por mi cuenta, y me comentó que podría tener la opción de hacer un 2º de bachillerato sin matemáticas ni física y sí con biología, química y ciencias de la tierra. Así que volví a tener la esperanza de poder cumplir mi sueño. ¿Por qué no me hablaron de esa opción en vez de intentar destrozar mi vocación? Seguro que no lo hicieron con mala intención, pero los profesionales de la docencia que trabajan con adolescentes deberían tener cuidado en esos asesoramientos.

Diez años después de aquella carta llevo ya un lustro siendo un enfermero que está feliz cada vez que se pone su pijama. Disfruto de una profesión en la que me muestro como soy, que me permite conocer día tras día a gente increíble,que me ha hecho cambiar mi mentalidad, eliminando prejuicios y valorando lo que realmente importa en esta vida: la salud, por mucho que suene a tópico. 

Me sorprendió recibir varios mensajes de compañeras y compañeros de profesión que me comentaron que han pasado por lo mismo: Noemí, Manu, Mireia, Andrea, Marta, Antía, Mariló, María; son algunas de esas enfermeras que en su momento pasaron por el mismo mal trago.

Te paras a mirar sus cuentas, sus publicaciones, sus “stories”…y ves que rebosan de vocación. Quizás en nuestro caso valoramos el esfuerzo extra, sobre todo mental, que tuvimos que hacer para poder trabajar en lo que amamos.

Deberíamos reflexionar sobre cuántos grandes profesionales de la sanidad se han perdido porque en su momento (siendo además unos niños, porque es lo que eres con dieciséis años) unas notas cuantitativas decidieron cuál debía ser su camino.


Me gustaría terminar diciendo que valoro mucho las humanidades, de hecho tengo la espinita clavada de estudiar derecho o ciencias políticas. Pienso que hay que ser muy valiente para estudiar carreras como Historia, Historia del Arte, Filologías, Filosofía, etc, sabiendo que te vas a encontrar con un país que no te va a valorar como te mereces, al igual que no le da la importancia que debería a su historia ni a su patrimonio.

 

Suplencias de verano: un desafío que se repite anualmente.

Intentando ponerme al día tras estar casi tres semanas desconectado de Twitter, he llegado a la entrada “No te pongas enfermo en verano” de Pau Matalap.

En ella habla del “Efecto Julio” consistente en que durante este mes se producen más errores en los hospitales por dos factores:

-Se cierran plantas y, como consecuencia, se sobrecargan otras.

-Miles de nuevas enfermeras y enfermeros comienzan su vida laboral durante este mes.

Siempre lo digo, al terminar la carrera no estamos preparados para llevar una planta nosotros solos. Por lo menos los primeros días.

Nos enseñan casi todos los procedimientos de enfermería en las más de mil horas de prácticas hospitalarias que realizamos, pero ser enfermera (y buena además) es mucho más difícil que eso y no te das cuenta hasta que terminas la carrera. No tenemos la experiencia, al principio, de enfrentarnos a varios ingresos por turno, de saber cuándo hay que llamar a un médico ni de cuándo no hacerlo, de cómo encargarnos correctamente del sistema informático, de todas las historias clínicas y de las correspondientes pruebas. Necesitamos tener a personal más veterano para salir al paso.

No es lo mismo estar de estudiante en una planta que estar como responsable de una media de quince pacientes.

Aún recuerdo el día en el que estuve por primera vez en una planta con diecinueve pacientes para mí y para la auxiliar que nos tocaba estar ese día en el turno de tarde. Al ser una planta que combinaba desde medicina interna hasta cirugías de varias especialidades, tenía el carro de medicación a rebosar e iba contrarreloj. Un solo contratiempo me lo iba a poner todo cuesta arriba. Y así pasó.

Un paciente que acababa de salir del postoperatorio empezó con hipotensión severa y tocó correr: canalizar una segunda vía periférica, mandar analíticas y transfundir dos concentrados de hematíes. Todo esto ocurría mientras aún me quedaba por administrar la medicación a media planta e ir retirando los tratamientos que se iban acabando.

Cuando la urgencia terminó y pude acabar todas las medicaciones necesité parar cinco minutos. Sabía que varias enfermeras habían llorado en esa planta y a mí me faltó muy poco. Llevaba sólo unos días de experiencia.

Yendo a otro tema, desde mi experiencia he tenido la suerte de estar pluriempleado varios veranos y hay una situación que se repite una y otra vez. La de estar por la mañana en casa o en el trabajo y recibir una llamada de recursos humanos de un hospital público:

-Buenos días, hay una vacante de enfermería, media jornada, en la planta de Gastroenterología. Ven a eso de las dos de la tarde a firmar y a hablar con la supervisora, a las tres empiezas.

Una llamada igual que esa la recibí a las doce de la mañana de un lunes de Junio. Nunca había estado en Gastro, ¿cómo iba a poder ayudar cuando me dijeran que preparase el material para una paracentesis si ni siquiera conocía dónde se encontraban los materiales? ¿Y cuándo me dijeran que cargara una bomba de Somatostatina?

Por suerte cuando fui al hospital y me encontré con la supervisora me comentó que por planilla no empezaba hasta tres días después. Pude ir a realizar un reciclaje “voluntario” para por lo menos no llegar de nuevas.

Esa suerte no es general. Se sigue llamando el mismo día desde bolsas de empleo para empezar en servicios en los que no has estado previamente, lo que es un sobreesfuerzo para el equipo más veterano del servicio y un gran estrés para el personal más novato.

Mi consejo para todas las enfermeras y auxiliares que empezáis a trabajar es que no tengáis miedo de preguntar. No penséis que quedáis mal por hacerlo o que vais a parecer unos pesados. Más vale que pienses que preguntas demasiado a terminar cometiendo un error (que puede ser grave) por no hacerlo.

Pau Matalap recuerda en su entrada el caso de una enfermera nueva en una UCI neonatal que, en su primer día, provocó la muerte de un neonato al administrar nutrición enteral por un vía intravenosa. Este caso lo recordamos muchos y es muy extremo, pero nos vale para darnos cuenta de lo fácil que es cometer un error con graves consecuencias.

Ser buena enfermera te lo da la experiencia y tod@s, absolutamente tod@s, hemos sido nuevos en una o en varias ocasiones. Por ello los veteranos tienen la responsabilidad de ayudar a que las nuevas enfermeras puedan adquirir en poco tiempo la seguridad y los conocimientos específicos de cada servicio.

Anécdotas sanitarias Vol 3

Mi sala de donación se encuentra en la planta baja de un centro de especialidades, la planta donde se encuentra el hall principal, admisión, atención al paciente… Vamos, la planta por la que pasan los pacientes de todas las consultas.

Las anécdotas que cuento en la entrada de hoy son algunas de las que me ocurren o escucho cuando salgo al hall a tomarme un descanso, a sacarme un café de la máquina o a averiguar si entre los pacientes y acompañantes de ese día encuentro candidatos que puedan ser donantes de sangre.

No sé si alguien puede pensar que es un lugar aburrido. Cualquier chaqueta verde, personal administrativo o de seguridad puede dar fe de que es todo lo contrario.

He visto a pacientes liándose a puñetazo limpio por el turno de admisión; a pacientes que te pegan su tarjeta sanitaria literalmente en la cara y te chistan para preguntar por su cita; pacientes que preguntan desesperadamente por los baños cuando los tienen justo a un metro; gente perdiendo los nervios y por supuesto, mucha gente normal que no da lugar a ninguna situación surrealista.

Una de las complicaciones que sufren los pacientes que acuden a la tercera planta es preguntar por la consulta de Otorrinolaringología. No me extraña, ¡es bastante difícil no trabarse o desistir en el intento! Entre esas muchas situaciones de personas esforzándose por preguntar por esa especialidad hubo una que se superó y me dijo:

-Buenos días, venía a la consulta del Ornitólogo. ¿A qué planta tengo que ir?

Al ver que no tenía mucha pinta de ave, le pregunté si se refería al “Otorrino”. Sé que no es fácil, pero no os preocupéis, lo digáis como lo digáis os vamos a entender.

Otra pregunta que me resultó igual de chocante fue la que me hizo una paciente que tendría unos 25 y 30 años:

-Tengo revisión con el tocólogo, ¿dónde pasa consulta?

¿Tocólogo? Seguro que much@s de los que leeréis esta entrada conocíais ya ese término, pero para mí, que cursé la LOGSE, era algo que no había escuchado en mi vida. La palabra es descaradamente intuitiva, eso sí.

Tras saber que se estaba refiriendo a la consulta de Ginecología y Obstetricia, me puse a pensar en cómo una mujer con una edad similar a la mía podía usar esa palabra.

Por último y dejando a un lado los términos utilizados por pacientes, me estoy acordando de una anécdota más graciosa.

Mientras la máquina me preparada un café Premium (recalco lo de Premium), se encontraban cerca una madre y su hijo de unos tres años. Un niño que no paraba de moverse de un lado para otro y que terminó siendo inmovilizado por su madre.

Fue entonces cuando estaba en brazos, que me mira y, tras dudar unos segundos, empieza a gritar mientras me señala:

-¡Es papá! ¡Papá!

La madre no sabía dónde meterse. Empezó a ponerse colorada y a corregir al peque. No, aquel enfermero de pijama blanco no era su padre.

Hace un año hubo una racha en la que mucha gente me decía que me parecía a Alberto Garzón cuando Podemos e IU se unieron y salía cada día por la tele (aunque sólo nos pareciéramos en la barba que la llevaba diferente y más oscura, y en el pelo). Pero sin duda, lo de parecerme a un padre tanto como para confundirme con él…¡eso es otro nivel!

Tenéis más anécdotas sanitarias aquí https://perdidue.com/2017/02/02/anecdotas-sanitarias/ y aquí https://perdidue.com/2017/03/27/anecdotas-sanitarias-vol-2/

Como siempre espero sacaros una sonrisa y siento si os dejo con ganas de más.

¡Gracias por leerme!

Conociendo al donante de sangre. Entrevista a Edu.

Vamos con la segunda entrevista de este apartado que tiene como protagonistas a los donantes de sangre.

Hoy os presento a Edu, trabajador social, quien me ha prestado sus venas ya unas seis veces para regalar vida, más las bolsas que ya había donado antes de que yo comenzara a dedicarme a este mundillo. A sus 25 años ya es un gran donante habitual y su grupo sanguíneo es el 0+, uno de los más comunes en España y, como consecuencia, uno de los grupos que más transfusiones demanda (además puede donar a A+, B+ y AB+).

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La primera vez que se dejó pinchar por mí fue en Junio del 2014…¡3 años ya!

Si le conocéis no vais a tardar mucho en daros cuenta de que ser trabajador social le viene como anillo al dedo. Diré que como enfermero de donación de sangre, me encanta que en la extracción se de un ambiente con buen rollo y con mucho humor. ¡Con él es bastante fácil conseguirlo!

¿Cuándo empezaste a donar sangre? ¿Cómo surgió?

Empecé a donar sangre en 2013, cuando me di cuenta que era una de las formas más importantes y fáciles ayudar a los demás.

Como donante habitual que eres, ya has regalado unos cuantos chuletones, ¿por qué lo haces?

¡Jajajaj! Si, la verdad es que le he cogido cierto gustillo a la aguja… Pues lo cierto es que si mi sangre recupera niveles normales cada 3 meses, no tengo ninguna enfermedad o malestar crónico, y puedo donar sin problemas… La pregunta sería: ¿ y por qué no?

Hay dos tipos de personas en una donación: las que miran cómo les pinchan y las que no miran, ¿a cuál perteneces?

¡Uuff! Pues la verdad es que me da bastante grima el momento del pinchazo. ¡Y eso que no lo siento! Además me fío de mi enfermero habitual mas que de mí mismo. Aún así prefiero mirar para otro lado mientras digo o escucho un poco de humor negro.

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Edu simulando un síncope para la foto durante una donación, porque era una simulación, ¿no? 😀

¿Qué le dirías a todas esas personas que no dan el paso de donar por miedo a la extracción?

Que no se a qué esperan. Son apenas unos minutos, durante el proceso tienes un charla amena, te dan de almorzar, rellenar el formulario es bastante divertido, ¡¡y tu cuerpo se recupera enseguida!!

¿Crees que hay una concienciación suficiente sobre la importancia de la sangre?

Claramente no, porque si la hubiera las donaciones serían más abundantes. Si das tu “sangre” en impuestos abusivos y cada vez recibes menos a cambio, por qué no darla para que personas que la necesitan puedan recuperar la salud.

¿Tienes alguna anécdota que te ocurriera en una sala de donantes?

Una vez doné a la vez con otro hombre. Por esas fechas sorteaban un teléfono entre todos los donantes, y yo quería que me tocara a mí. No paraba de repetirlo en alto, diciendo que yo me lo merecía más que nadie. El otro hombre intentaba corregirme, diciendo que le tocaría a quien le tuviera que tocar, pero yo no compartía ese razonamiento. Después se hizo un silencio eterno en el que yo me iba sintiendo cada vez peor, por mi actitud egoísta. Mi enfermero me preguntó incluso: ¿estás bien? Empiezas a tener mala cara…