Anécdotas sanitarias Vol 3

Mi sala de donación se encuentra en la planta baja de un centro de especialidades, la planta donde se encuentra el hall principal, admisión, atención al paciente… Vamos, la planta por la que pasan los pacientes de todas las consultas.

Las anécdotas que cuento en la entrada de hoy son algunas de las que me ocurren o escucho cuando salgo al hall a tomarme un descanso, a sacarme un café de la máquina o a averiguar si entre los pacientes y acompañantes de ese día encuentro candidatos que puedan ser donantes de sangre.

No sé si alguien puede pensar que es un lugar aburrido. Cualquier chaqueta verde, personal administrativo o de seguridad puede dar fe de que es todo lo contrario.

He visto a pacientes liándose a puñetazo limpio por el turno de admisión; a pacientes que te pegan su tarjeta sanitaria literalmente en la cara y te chistan para preguntar por su cita; pacientes que preguntan desesperadamente por los baños cuando los tienen justo a un metro; gente perdiendo los nervios y por supuesto, mucha gente normal que no da lugar a ninguna situación surrealista.

Una de las complicaciones que sufren los pacientes que acuden a la tercera planta es preguntar por la consulta de Otorrinolaringología. No me extraña, ¡es bastante difícil no trabarse o desistir en el intento! Entre esas muchas situaciones de personas esforzándose por preguntar por esa especialidad hubo una que se superó y me dijo:

-Buenos días, venía a la consulta del Ornitólogo. ¿A qué planta tengo que ir?

Al ver que no tenía mucha pinta de ave, le pregunté si se refería al “Otorrino”. Sé que no es fácil, pero no os preocupéis, lo digáis como lo digáis os vamos a entender.

Otra pregunta que me resultó igual de chocante fue la que me hizo una paciente que tendría unos 25 y 30 años:

-Tengo revisión con el tocólogo, ¿dónde pasa consulta?

¿Tocólogo? Seguro que much@s de los que leeréis esta entrada conocíais ya ese término, pero para mí, que cursé la LOGSE, era algo que no había escuchado en mi vida. La palabra es descaradamente intuitiva, eso sí.

Tras saber que se estaba refiriendo a la consulta de Ginecología y Obstetricia, me puse a pensar en cómo una mujer con una edad similar a la mía podía usar esa palabra.

Por último y dejando a un lado los términos utilizados por pacientes, me estoy acordando de una anécdota más graciosa.

Mientras la máquina me preparada un café Premium (recalco lo de Premium), se encontraban cerca una madre y su hijo de unos tres años. Un niño que no paraba de moverse de un lado para otro y que terminó siendo inmovilizado por su madre.

Fue entonces cuando estaba en brazos, que me mira y, tras dudar unos segundos, empieza a gritar mientras me señala:

-¡Es papá! ¡Papá!

La madre no sabía dónde meterse. Empezó a ponerse colorada y a corregir al peque. No, aquel enfermero de pijama blanco no era su padre.

Hace un año hubo una racha en la que mucha gente me decía que me parecía a Alberto Garzón cuando Podemos e IU se unieron y salía cada día por la tele (aunque sólo nos pareciéramos en la barba que la llevaba diferente y más oscura, y en el pelo). Pero sin duda, lo de parecerme a un padre tanto como para confundirme con él…¡eso es otro nivel!

Tenéis más anécdotas sanitarias aquí https://perdidue.com/2017/02/02/anecdotas-sanitarias/ y aquí https://perdidue.com/2017/03/27/anecdotas-sanitarias-vol-2/

Como siempre espero sacaros una sonrisa y siento si os dejo con ganas de más.

¡Gracias por leerme!

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Conociendo al donante de sangre. Entrevista a Edu.

Vamos con la segunda entrevista de este apartado que tiene como protagonistas a los donantes de sangre.

Hoy os presento a Edu, trabajador social, quien me ha prestado sus venas ya unas seis veces para regalar vida, más las bolsas que ya había donado antes de que yo comenzara a dedicarme a este mundillo. A sus 25 años ya es un gran donante habitual y su grupo sanguíneo es el 0+, uno de los más comunes en España y, como consecuencia, uno de los grupos que más transfusiones demanda (además puede donar a A+, B+ y AB+).

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La primera vez que se dejó pinchar por mí fue en Junio del 2014…¡3 años ya!

Si le conocéis no vais a tardar mucho en daros cuenta de que ser trabajador social le viene como anillo al dedo. Diré que como enfermero de donación de sangre, me encanta que en la extracción se de un ambiente con buen rollo y con mucho humor. ¡Con él es bastante fácil conseguirlo!

¿Cuándo empezaste a donar sangre? ¿Cómo surgió?

Empecé a donar sangre en 2013, cuando me di cuenta que era una de las formas más importantes y fáciles ayudar a los demás.

Como donante habitual que eres, ya has regalado unos cuantos chuletones, ¿por qué lo haces?

¡Jajajaj! Si, la verdad es que le he cogido cierto gustillo a la aguja… Pues lo cierto es que si mi sangre recupera niveles normales cada 3 meses, no tengo ninguna enfermedad o malestar crónico, y puedo donar sin problemas… La pregunta sería: ¿ y por qué no?

Hay dos tipos de personas en una donación: las que miran cómo les pinchan y las que no miran, ¿a cuál perteneces?

¡Uuff! Pues la verdad es que me da bastante grima el momento del pinchazo. ¡Y eso que no lo siento! Además me fío de mi enfermero habitual mas que de mí mismo. Aún así prefiero mirar para otro lado mientras digo o escucho un poco de humor negro.

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Edu simulando un síncope para la foto durante una donación, porque era una simulación, ¿no? 😀

¿Qué le dirías a todas esas personas que no dan el paso de donar por miedo a la extracción?

Que no se a qué esperan. Son apenas unos minutos, durante el proceso tienes un charla amena, te dan de almorzar, rellenar el formulario es bastante divertido, ¡¡y tu cuerpo se recupera enseguida!!

¿Crees que hay una concienciación suficiente sobre la importancia de la sangre?

Claramente no, porque si la hubiera las donaciones serían más abundantes. Si das tu “sangre” en impuestos abusivos y cada vez recibes menos a cambio, por qué no darla para que personas que la necesitan puedan recuperar la salud.

¿Tienes alguna anécdota que te ocurriera en una sala de donantes?

Una vez doné a la vez con otro hombre. Por esas fechas sorteaban un teléfono entre todos los donantes, y yo quería que me tocara a mí. No paraba de repetirlo en alto, diciendo que yo me lo merecía más que nadie. El otro hombre intentaba corregirme, diciendo que le tocaría a quien le tuviera que tocar, pero yo no compartía ese razonamiento. Después se hizo un silencio eterno en el que yo me iba sintiendo cada vez peor, por mi actitud egoísta. Mi enfermero me preguntó incluso: ¿estás bien? Empiezas a tener mala cara…

La mala imagen en Sanidad.

Estamos en una sociedad que ha ido cambiando a lo largo de los años. Hemos dejado de ser muy conservadores en ciertos aspectos aunque, sin embargo, en otros parece que estamos negados a cambiar nuestro punto de vista.

Al igual que una gran parte de las personas de mi generación, llevo tatuajes. Me gustan, son parte de mí, de mi cuerpo, de mi forma de ser.

Estoy acostumbrado a escuchar ciertas preguntas y comentarios, como el “cuando seas mayor te vas a arrepentir” o “si es que los jóvenes no pensáis”, también “y cuando pase la moda, ¿qué harás?”.

Me sorprende esto de las modas. Los primeros tattoos me los hice ya hace unos ocho años. Nunca había visto una moda que durara tanto tiempo y, sobre todo, que afectara a tantas generaciones diferentes.

Además, cuando escucho algo sobre mi futuro arrepentimiento pienso si con sesenta, setenta, ochenta años tendré asuntos más importantes en mi vida que pensar si a mi piel, ya arrugada, le queda bien una tinta que me ha acompañado décadas.

No os aburro más con mis pensamientos sobre el tema y voy a centrarme en lo que abarca a la Sanidad.

Hace poco más de un mes realicé una encuesta en Twitter que obtuvo más de novecientos votos. En ella preguntaba sobre la influencia que puede tener un paciente al ver que el personal sanitario que le atiende está tatuado. Los resultados fueron los siguientes:

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Reconozco que debería haber pensado más las opciones a elegir, ya que de esta forma dejé de lado respuestas positivas como “da buena imagen” o “es mejor profesional”. Aún estando un poco sesgada y teniendo en cuenta el perfil del tuitero activo (que no sobrepasa generalmente de los 60 años) se puede extraer alguna conclusión:

  • Prácticamente nadie considera que llevar tatuajes te convierta en peor profesional. De hecho quiero pensar que de esos nueve votos, alguno de ellos viene de una usuario un poco troll.
  • Casi un quinto de las personas piensa que da mala imagen. Recordemos que la pregunta habla de tatuajes en general, no de particularidades como el tamaño, el estilo, la simbología, etc.
  • A la gran mayoría de tuiteros no le influye negativamente que su enfermera/o, médico o auxiliar tenga tatuajes visibles.

Estoy convencido de que, si en Twitter la mala imagen ha recibido cerca del 20% de los votos, en una encuesta que incluyera a mayores de 65 años el porcentaje subiría hasta casi la mitad. O igual me llevaría una sorpresa.

Hablamos ahora de la mala imagen relacionada con los tatuajes.

Es curioso que fuera de la sanidad, como en el sector de las tecnologías, las empresas están buscando cada vez con más frecuencia personal con tattoos visibles.

El por qué, como decía un amigo graduado en Políticas y Sociología, apunta a que los tatuajes se relacionan con la modernidad, al igual que los móviles o las tablets. Por lo que una persona tatuada te aporta confianza, vas a suponer que sabe del tema.

Sin embargo, la sanidad parece considerarse un campo más tradicional para los españoles. Viendo la imagen de la representación española en el Congreso Internacional de Enfermería del 2017 celebrado en Barcelona, no debería extrañarme demasiado.

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Respeto que haya una parte de la sociedad española clasista, pero los pacientes tienen que saber que la sanidad no lo es. Las enfermeras han dejado de llevar cofia, el Betadine ha sido reemplazado por la Clorhexidina en la mayoría de curas, ya no se aconseja utilizar el jabón de lagarto habiendo muchas opciones más efectivas, las jeringuillas ya no son de cristal y se hierven para reutilizarse, cada vez hay más enfermeros, las mujeres que estudian medicina superan ya en número a los hombres, se han empezado a hacer cirugías muy complejas utilizando un robot manejado por el cirujano…

Podría seguir con decenas de ejemplos que demuestran que la sanidad está en una evolución constante, al igual que sus profesionales.

Ahora mismo hay multitud de enfermeras, enfermeros y médicos que están intentando cambiar la sanidad para mejor. En esta época de tecnologías, móviles y aplicaciones sería un grave error no estar empeñado en modernizar nuestras profesiones o modernizar las relaciones con los pacientes.

Espero que no tarde en llegar el día en el que en cualquier centro sanitario en el que te encuentres (hospital, clínica, residencia, centro de salud…) llevar tatuajes no te relacione con una mala imagen. Porque cada vez que a un profesional le ocurre eso, la sociedad se estanca un poco más en su camino inevitable de seguir avanzando hacia el futuro.

Conociendo al donante de sangre.

Siempre que una persona llega a mi sala a donar sangre tengo claro que el protagonista de mi trabajo no voy a ser yo. Va a ser el que pone la vena, el que decide ayudar a los demás sin esperar nada a cambio.

Para mí es un placer poder ponerle cara a la persona que hay detrás de cada donación, y de paso, hacerles unas preguntas relacionadas con sus experiencias como donantes.

Empezamos la primera de las entrevistas con una donante muy especial para mí. Ella es Cristina,  historiadora del arte de 26 años que empezó a donar sangre regularmente hace unos tres años. Cada vez que acude a donar cada 4 meses lo hace con muchos nervios, ¡pero con una gran sonrisa!

Las personas como ella, que no llevan muy bien los pinchazos y se atreven a dar el paso, tienen mucho mérito.

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¿Cuándo empezaste a donar sangre? ¿Cómo surgió?

Empecé a donar sangre hace tres años, y, siendo sincera fue porque tú habías empezado a trabajar como enfermero de donaciones, y eso me animó, ya que antes de eso yo era la típica persona con pánico a las agujas; si los análisis para mi eran una tortura, donar sangre era impensable para mí. Pero pensé: “Bueno, hay confianza, sé que es buen profesional, y qué mejor para empezar con algo que me da tanto miedo, que con alguien conocido. Y además, ayudo a alguien que necesite mi sangre.”

¿Qué te motiva para donar sangre regularmente?

Me motiva saber que estoy ayudando a alguien, que el pequeño esfuerzo que supone ir a donar puede salvar la vida a alguien, ayudarle a salir adelante.

¿Qué aspectos positivos valoras más en una sala de donantes?

No considero que sea lo más importante a la hora de donar, pero puestos a decir algo, diré que cuánto más cómodos son los sillones, mejor, y por supuesto, se agradece que el profesional que te está extrayendo la sangre sea amable y esté un poco pendiente, por lo menos en mi caso.

Hay dos tipos de personas en una donación: las que miran cómo les pinchan y las que no miran, ¿a cuál perteneces?

Como ya he dicho, antes me daban pánico las agujas. Para mí conseguir donar con total normalidad ha supuesto un gran paso, pero aún así, no me gusta mirar cómo me pinchan. Luego sí que echo alguna mirada a cómo sale la sangre, a la bolsa y a la báscula, pero ni cuando me pinchan ni cuando sacan la aguja ¡quita, quita, qué repelús!

¿Qué le dirías a todas esas personas que no dan el paso de donar por miedo a la extracción? Al pinchazo vaya.

Pondría mi ejemplo. Siempre que tenía que hacerme análisis iba como un flan y normalmente me mareaba, pero una vez reúnes el valor suficiente para donar, se hace un gesto sencillo, y los análisis ya son pan comido. Simplemente hay que pensar en otra cosa en el momento del pinchazo y durante la donación, lo mismo, no estar pensando en lo que estás haciendo, ¡pide a tu enfermera/o que te de conversación y será todo mucho más sencillo! Además, si piensas en que esos 15 minutos de tu tiempo y ese pequeño “sufrimiento” sirven para ayudar a alguien, se hace mucho más sencillo. Además, les diría que se den un pequeño homenaje después, y vayan a recuperar fuerzas comiendo algo rico, ¡hay que recompensar el esfuerzo!

¿Crees que hay una concienciación suficiente sobre la importancia de la sangre?

Creo que relativamente. Posiblemente sea algo que hay que inculcar desde que somos más jóvenes: la importancia de que cuando podamos, donemos. Quizá dar más visibilidad a los usos que se le dan a la sangre, las cantidades necesarias para determinadas operaciones, tratamientos, etc, puesto que puede que así la gente se haga una mejor idea de lo necesaria que es nuestra sangre.

Sí que es verdad que actualmente con campañas como la de Pablo Ráez se ha dado más visibilidad a la importancia de hacerse donante, pero bajo mi punto de vista, aún queda mucho camino por recorrer.

¿Tienes alguna anécdota que te ocurriera en una sala de donantes?

Ya han pasado tres años desde que comencé a donar, y eso ha supuesto seis donaciones de sangre y una por aféresis, y esas experiencias han dejado alguna anécdota para comentar.

Normalmente voy a donar con una de mis mejores amigas, que para mí ya es mi compañera de donaciones, y cuando donamos juntas parece que echamos carreras a ver quién tarda más y cuál de las dos máquinas da más pitiditos por lo lenta que sale nuestra sangre.

Y relacionado con la calma con la que mi sangre sale, cuando fui a donar por aféresis (una donación de una hora aproximadamente) periódicamente la máquina se quejaba de ello, y la enfermera tenía que venir cada vez que la máquina decidía poner banda sonora a base de pitidos para quejarse de que mi sangre no iba lo suficientemente rápido para ella. Era curioso, porque en la sala había otras dos o tres personas realizando el mismo procedimiento, y ellos estaban tan tranquilos, y sus máquinas igual.

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Cris durante su donación de plasma y plaquetas por aféresis en el Centro de Transfusiones de la Comunidad de Madrid

Y otra anécdota es la que tiene que ver con la primera vez que doné, en la que yo no sé quién estaba más nervioso, si mi enfermero sabiendo mis antecedentes con las agujas, o yo por haber conseguido atreverme.

Termino recomendando a todo el mundo que done, es un pequeño esfuerzo y una gran ayuda para alguien. Una vez dones, el resto de pinchazos no son nada, y además, es genial sentir que estás ayudando a alguien. ¡Todo son ventajas!

Situaciones surrealistas durante las entrevistas al donante de sangre.

La entrevista en donación de sangre es el gran filtro que permite aceptar o excluir a los donantes en función de una serie de criterios establecidos.

Esta fase es la primera toma de contacto que tiene el responsable de la colecta con el potencial donante de sangre y, a menudo, deja situaciones “surrealistas”. Algunas muy graciosas, otras que no lo son tanto, y otras que te dejan totalmente descolocado.

Aquí os dejo dos que me ocurrieron a mí personalmente:

Tras mirar el estado de las reservas y comprobar que el grupo 0+ se encontraba bajo mínimos, lancé un mensaje por megafonía recalcando la urgencia en la que se encontraba ese grupo. A los cinco minutos llega un señor a la sala de donantes:

-Hola, venía a donar, que he escuchado que hace falta mi grupo urgentemente. Yo soy seropositivo.

-¿Cómo? ¿Es seropositivo o del grupo 0+?

-No no, yo soy seropositivo.

-Pero…usted sabe que si es seropositivo , tiene anticuerpos para el SIDA y no puede donar,¿verdad?

-¿¡Por qué!? ¡Si acabo de escuchar por megafonía que hace falta!

No exagero si os digo que estuve convenciéndole de que no podía dar sangre durante cinco minutos.

 

Otro día una mujer vino a donar sangre y según entra a mi sala (en la que estoy solo) me dice muy convencida:

-Buenas días, venía para la inseminación.

Me quedo mirando a la mujer en plan “¿ha dicho inseminación?” hasta que a los pocos segundos la pobre se da cuenta del lapsus que ha tenido. Quería decir que venía a donar, pero se iba a someter a un tratamiento de fertilidad y había tenido un lapsus.

¡Lo que nos pudimos reír los dos!

 

Dos de @sangrepublica ,una compañera que lleva dedicándose a la donación de sangre unos cuantos años más que yo (de hecho empezó en esto cuando yo estaba terminando Primaria). ¡Podéis seguirla en Twitter!

Llega un donante que pasa la entrevista en la sala habilitada para ello en el centro. Todo bien, así que entra directamente en la sala de donación.

La compañera le dice: -Pase a la sala que ahora mismo voy con las cosas.

-Pero, ¿en la sala? Y usted, ¿va a venir?

-Claro, ¿cómo vamos a hacer la donación si no?

-Pero es que ahí fuera hay más gente.

-Sí, con mis compañeras, donando también.

El señor no daba crédito y la enfermera no sabía por qué…

-A ver, ¿usted no me ha dicho que ya había donado más veces en (no recuerda el sitio que dijo)?

– Sí, pero allí te dan una revista, un bote y te dejan solo en la sala para la donación. No pasa la enfermera a “ayudarte”.

El señor se había equivocado de “banco”.

 

Otro caballero, hablando sobre el apartado que trata el tema de las relaciones sexuales:

-Pero a ver señorita, si yo siempre voy con la misma chica desde hace años.

El señor se refería a que siempre era la misma prostituta.

 

Las anécdotas de las entrevistas en la donación pueden dar para mucho como podéis comprobar. Si os ha gustado esta primera entrada exprés dedicaré un apartado separado del de “anécdotas sanitarias”.

Gracias una semana más por seguirme y perdón por tardar tanto en hacer una nueva entrada.

Estoy en Twitter (@perdidueblog) y en Instagram (@perdidue).

El sexismo en sanidad.

Con motivo del  Día Internacional de la Mujer el pasado 8 de Marzo, inundamos las redes sociales con mensajes en contra de la discriminación que sufren las mujeres en general y en sus puestos de trabajo en particular.

Yo mismo escribí acordándome de mis compañeras sanitarias que sufren faltas de respeto sólo por el mero hecho de ser mujeres, sin tener en cuenta su profesionalidad.

En su día a día muchas auxiliares, enfermeras y médicos son llamadas con un “oye niña”, dos palabras que no sufrimos tan a menudo los hombres. Muchas médicos, especialmente las residentes, son puestas en entredicho a veces nada más llegar al lugar donde se encuentra el paciente, sin dar importancia a que para estar ahí han estudiado seis años más lo que llevan de especialidad.

Me he encontrado hombres que literalmente me han referido sentirse como un “marajá” al llegarle el momento del aseo con su respectivo personal femenino.

Dándole vueltas a este tema me he dado cuenta muchas veces de que esa discriminación no sólo se produce hacia  las mujeres sanitarias, también se da hacia los hombres que nos dedicamos a la sanidad.

Los enfermeros y auxiliares varones somos una “especie” cada vez más habitual, pero seguimos siendo una minoría. No alcanzamos ni de lejos un porcentaje parecido al del sexo opuesto, con las situaciones que ello conlleva.

No han sido pocas las ocasiones en las que estaba en una habitación participando en una cura de herida quirúrgica, en un aseo o sondaje y la paciente me ha pedido que saliera de la habitación. Llegué a tener un caso en la que una mujer me echó de malos modos.

Mismo ejemplo he podido vivir cuando estaba en una consulta de ginecología acompañando a un médico durante las citologías o ecografías vaginales. Ahí , a veces, no era por el hecho de ser hombre, sino por parecer demasiado joven.

Puedo entender que haya mucha gente con pudor, puedo entender que pueda dar vergüenza que un extraño vea tu cuerpo desnudo. Ahora bien: entiende que soy un profesional, entiende que no me excito observándote, entiende que he visto cientos de cuerpos desnudos antes que el tuyo, entiende que separo completamente mi vida profesional en el hospital de la que tengo fuera de él.

Entiende que sólo quiero cuidarte y ayudarte en tu curación o mejoría.

Dejando este tema a un lado me encuentro con otras situaciones como el hecho de que al entrar en una habitación a veces se da por hecho que soy el celador, sin ni siquiera darme tiempo a presentarme, o se me da más importancia porque parece que soy el médico que acude a la visita diaria de sus pacientes.

No ha faltado tampoco el señor que me comenta al verme con mi uniforme que se esperaba una enfermera, dicho a veces en modo de gracieta o con una decepción que ni se disimula.

Igual que en la sociedad aún queda un trecho para alcanzar una igualdad absoluta entre ambos sexos, la sanidad también necesita seguir avanzando para que no se nos vea como hombres o como mujeres, sino como profesionales de la salud, sin dar por hecho que nuestro sexo va a determinar nuestro trabajo.

Foto de cabecera: Universia Argentina

¿Dona mucha gente?

Aquí tenemos otra de las preguntas recurrentes entre los donantes.

Como comenté en mi entrada sobre la importancia de donar sangre, parece que el número de chuletones donados ha aumentado, acercándonos en la Comunidad de Madrid, que precisa una media de novecientas donaciones diarias, al autoabastecimiento.

Un aumento de la concienciación, campañas, maratones y donantes habituales que dan su sangre más de una vez al año han conseguido que las reservas de varios grupos sanguíneos no se vean en niveles de urgencia tan a menudo como ocurría hace uno o dos años. 

Ahora bien, siempre que comento esto añado que no hay que bajar nunca la guardia porque la sangre no es que se gaste, sino que vuela.

Para ejemplificar esta afirmación y ya que una imagen suele valer más que mil palabras, he pedido permiso a varios amigos y amigas que se han acercado varias veces a mi sala de donantes y cuyas donaciones tengo la manía de inmortalizar.

Os presento a 31 donaciones de sangre:

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Parecen muchas, ¿no? Son treinta y una donaciones de once donantes diferentes y que suponen en total un tiempo de extracción de unas cinco horas, a las que hay que sumar unas dos horas más de completar sus cuestionarios y pasar la entrevista.

Podría haber puesto más fotos que tengo guardadas pero he querido dejarlo en estas cifras porque son las que suponen un caso grave de un paciente con aneurisma de aorta.

Un aneurisma consiste en una dilatación en la pared de una arteria. Esta dilatación localizada hace que esa pared se debilite y corra el riesgo de romperse.

Resultado de imagen de aneurisma de aorta

La rotura de un aneurisma supone una emergencia vital, con una alta mortalidad y que hace temblar las reservas de un hospital ya que, como podéis imaginar, la cantidad de volumen sanguíneo que se va a perder es brutal.

Dependiendo de la gravedad y localización, siendo la aorta abdominal la más afectada generalmente, esta patología se suele llevar una media estimada de 20-30 concentrados de sangre para el paciente.

Casos como este son los que ponen a prueba las reservas y nos dan una lección: aunque las reservas de una Comunidad Autónoma se encuentren en niveles óptimos, es muy fácil que bajen si se dan varias emergencias que necesiten de decenas de concentrados.

Entre todos los hospitales y clínicas se suman numerosas emergencias cada día: accidentes con vehículos, hemorragias digestivas, partos complicados, accidentes cardiovasculares, intervenciones quirúrgicas complejas…

Todo esto sin mencionar a los pacientes que se llevan actualmente un tercio de las donaciones, los pacientes oncológicos.

Respondiendo a la pregunta inicial, sí, dona mucha gente, miles de personas, aunque necesitamos mucho más. Un empujón continuo que no deje descender los niveles óptimos y que nos muestre siempre una imagen:

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Pasar de tener todo de color verde a color amarillo es muy fácil, pasar de amarillo a rojo, todavía más.

Gracias como siempre, os espero en Twitter (@perdidueblog) e Instagram (@perdidue).

Foto de cabecera: colas para donar sangre que se formaron tras el 11M.