La realidad de muchos centros sanitarios en España que los pacientes tenéis que conocer.

En España la salud de muchos pacientes está comprometida debido a las condiciones que soporta el personal de Enfermería en su día a día. Esta afirmación se justifica por dos hechos principales.

El primero, que en nuestro país faltan más de 100.000 enfermeras para acercarnos al ratio medio de enfermeras/pacientes que se da en la mayoría de países europeos para garantizar una buena calidad asistencial (respecto a este tema, el Sindicato de Enfermería, SATSE, ha iniciado una recogida de firmas para que el Congreso de los Diputados debata una Iniciativa Legislativa Popular) . Y el segundo es que, por si fuera poco, en muchos centros sanitarios, de gestión privada especialmente, y con el objetivo de ahorrar dinero y de obtener el máximo beneficio posible, las enfermeras y auxiliares (TCAE) son sometidas a una sobrecarga de trabajo brutal, que pone en peligro tanto su salud como la de los pacientes que están a su cargo.

Campaña de Satse para debatir una ILP en el Parlamento sobre el ratio enfermeras/pacientes en España.

No contentos con esa sobrecarga, además pagan unos sueldos lamentables que llevan a muchas compañeras/os a plantearse si les compensa tanta responsabilidad, formación y estrés.

En esta entrada se muestran decenas de experiencias que se han recogido en la red social Instagram a raíz del hashtag #sanidadmileurista

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Texto con el que comenzó la iniciativa #sanidadmileurista en Instagram

Vais a leer condiciones que lamentablemente en nuestro sector son conocidas por los profesionales sanitarios, pero totalmente desconocidas para la mayoría de usuarios que acudís a consultas, hospitales, clínicas, residencias, etc.

Desde que comenzó la crisis en España, al igual que en muchos otros sectores, las condiciones laborales han ido a peor. No vamos a descubriros esto, pero sí a hacer hincapié en que varias empresas de la Sanidad privada no han dejado de expandirse y de aumentar su actividad y beneficios, gracias sobre todo a lo que esta crisis les ha permitido ahorrarse en sueldos.

Hay que tener en cuenta que por mucho que un hospital se deje millones de euros en maquinaria de última generación para cirugías, en eminencias de la Medicina, en habitaciones individuales con todas las comodidades, en tratamientos avanzados…por mucho que tengan una oferta espectacular, si tienen a enfermeras obligadas a doblar turnos para no contratar más gente; si tienen a enfermeras llorando literalmente porque no llegan a dar una buena calidad asistencial; si tienen ratios de más de 15-20 pacientes en plantas de hospitalización o más de 3 en una UCI; si tienen a su personal desmotivado porque además de unas condiciones de pena cobran unos sueldos miserables, etc. Por mucho que os lo pinten bonito no vais a recibir unos cuidados de calidad, y si los recibís es por el tremendo esfuerzo que tienen que realizar las compañeras y sobre todo por su vocación.

Aparte de poner la lupa en hospitales, tenéis que saber que en las residencias nos encontramos con situaciones muy graves. La sobrecarga llevada al máximo extremo aunque un residente tenga que pagar 1500-2000€ mensualmente.

Hay que dejar claro que aquí no se generaliza con la sanidad privada en general. Hay muchos hospitales que hacen las cosas bien y proporcionan a su personal y pacientes condiciones dignas. Pero que la situación de miles de profesionales es precaria está bastante claro.

Otro tema aparte es que los profesionales sanitarios/as que trabajan en la sanidad privada no consiguen obtener puntuación para la bolsa pública de empleo (o si la obtienen es considerablemente inferior a la de centros de gestión pública). Este hecho no sólo les dificulta trabajar en hospitales públicos, sino que además les resta puntuación injustamente en las ofertas públicas de empleo para aspirar a ser personal estatutario.

Para finalizar quiero decir una cosa. El tema de humanizar la sanidad está en auge y muchas personas(gestores sanitarios incluidos) se suben al carro de escribir sobre la importancia de humanizar nuestra profesión. Pues bien, no podemos humanizar correctamente a nuestros pacientes si las condiciones no nos lo permiten. Por favor, dejad a un lado la hipocresía y el cinismo.

A continuación se muestran decenas de experiencias contadas por enfermeras y TCAE principalmente. He tenido que seleccionar muy bien lo que subía porque había testimonios demasiado duros y hechos graves que podían poner en un compromiso mayor a estas compañeras.

Que estas situaciones no se produzcan más depende de todos: profesionales sanitarios, pacientes, sindicatos, políticos…

 

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Liquidación que incluye el pago de una quincena con dos turnos de trabajo diarios en el Hospital HM Sanchinarro.

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Suplencias de verano: un desafío que se repite anualmente.

Intentando ponerme al día tras estar casi tres semanas desconectado de Twitter, he llegado a la entrada “No te pongas enfermo en verano” de Pau Matalap.

En ella habla del “Efecto Julio” consistente en que durante este mes se producen más errores en los hospitales por dos factores:

-Se cierran plantas y, como consecuencia, se sobrecargan otras.

-Miles de nuevas enfermeras y enfermeros comienzan su vida laboral durante este mes.

Siempre lo digo, al terminar la carrera no estamos preparados para llevar una planta nosotros solos. Por lo menos los primeros días.

Nos enseñan casi todos los procedimientos de enfermería en las más de mil horas de prácticas hospitalarias que realizamos, pero ser enfermera (y buena además) es mucho más difícil que eso y no te das cuenta hasta que terminas la carrera. No tenemos la experiencia, al principio, de enfrentarnos a varios ingresos por turno, de saber cuándo hay que llamar a un médico ni de cuándo no hacerlo, de cómo encargarnos correctamente del sistema informático, de todas las historias clínicas y de las correspondientes pruebas. Necesitamos tener a personal más veterano para salir al paso.

No es lo mismo estar de estudiante en una planta que estar como responsable de una media de quince pacientes.

Aún recuerdo el día en el que estuve por primera vez en una planta con diecinueve pacientes para mí y para la auxiliar que nos tocaba estar ese día en el turno de tarde. Al ser una planta que combinaba desde medicina interna hasta cirugías de varias especialidades, tenía el carro de medicación a rebosar e iba contrarreloj. Un solo contratiempo me lo iba a poner todo cuesta arriba. Y así pasó.

Un paciente que acababa de salir del postoperatorio empezó con hipotensión severa y tocó correr: canalizar una segunda vía periférica, mandar analíticas y transfundir dos concentrados de hematíes. Todo esto ocurría mientras aún me quedaba por administrar la medicación a media planta e ir retirando los tratamientos que se iban acabando.

Cuando la urgencia terminó y pude acabar todas las medicaciones necesité parar cinco minutos. Sabía que varias enfermeras habían llorado en esa planta y a mí me faltó muy poco. Llevaba sólo unos días de experiencia.

Yendo a otro tema, desde mi experiencia he tenido la suerte de estar pluriempleado varios veranos y hay una situación que se repite una y otra vez. La de estar por la mañana en casa o en el trabajo y recibir una llamada de recursos humanos de un hospital público:

-Buenos días, hay una vacante de enfermería, media jornada, en la planta de Gastroenterología. Ven a eso de las dos de la tarde a firmar y a hablar con la supervisora, a las tres empiezas.

Una llamada igual que esa la recibí a las doce de la mañana de un lunes de Junio. Nunca había estado en Gastro, ¿cómo iba a poder ayudar cuando me dijeran que preparase el material para una paracentesis si ni siquiera conocía dónde se encontraban los materiales? ¿Y cuándo me dijeran que cargara una bomba de Somatostatina?

Por suerte cuando fui al hospital y me encontré con la supervisora me comentó que por planilla no empezaba hasta tres días después. Pude ir a realizar un reciclaje “voluntario” para por lo menos no llegar de nuevas.

Esa suerte no es general. Se sigue llamando el mismo día desde bolsas de empleo para empezar en servicios en los que no has estado previamente, lo que es un sobreesfuerzo para el equipo más veterano del servicio y un gran estrés para el personal más novato.

Mi consejo para todas las enfermeras y auxiliares que empezáis a trabajar es que no tengáis miedo de preguntar. No penséis que quedáis mal por hacerlo o que vais a parecer unos pesados. Más vale que pienses que preguntas demasiado a terminar cometiendo un error (que puede ser grave) por no hacerlo.

Pau Matalap recuerda en su entrada el caso de una enfermera nueva en una UCI neonatal que, en su primer día, provocó la muerte de un neonato al administrar nutrición enteral por un vía intravenosa. Este caso lo recordamos muchos y es muy extremo, pero nos vale para darnos cuenta de lo fácil que es cometer un error con graves consecuencias.

Ser buena enfermera te lo da la experiencia y tod@s, absolutamente tod@s, hemos sido nuevos en una o en varias ocasiones. Por ello los veteranos tienen la responsabilidad de ayudar a que las nuevas enfermeras puedan adquirir en poco tiempo la seguridad y los conocimientos específicos de cada servicio.

La mala imagen en Sanidad.

Estamos en una sociedad que ha ido cambiando a lo largo de los años. Hemos dejado de ser muy conservadores en ciertos aspectos aunque, sin embargo, en otros parece que estamos negados a cambiar nuestro punto de vista.

Al igual que una gran parte de las personas de mi generación, llevo tatuajes. Me gustan, son parte de mí, de mi cuerpo, de mi forma de ser.

Estoy acostumbrado a escuchar ciertas preguntas y comentarios, como el “cuando seas mayor te vas a arrepentir” o “si es que los jóvenes no pensáis”, también “y cuando pase la moda, ¿qué harás?”.

Me sorprende esto de las modas. Los primeros tattoos me los hice ya hace unos ocho años. Nunca había visto una moda que durara tanto tiempo y, sobre todo, que afectara a tantas generaciones diferentes.

Además, cuando escucho algo sobre mi futuro arrepentimiento pienso si con sesenta, setenta, ochenta años tendré asuntos más importantes en mi vida que pensar si a mi piel, ya arrugada, le queda bien una tinta que me ha acompañado décadas.

No os aburro más con mis pensamientos sobre el tema y voy a centrarme en lo que abarca a la Sanidad.

Hace poco más de un mes realicé una encuesta en Twitter que obtuvo más de novecientos votos. En ella preguntaba sobre la influencia que puede tener un paciente al ver que el personal sanitario que le atiende está tatuado. Los resultados fueron los siguientes:

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Reconozco que debería haber pensado más las opciones a elegir, ya que de esta forma dejé de lado respuestas positivas como “da buena imagen” o “es mejor profesional”. Aún estando un poco sesgada y teniendo en cuenta el perfil del tuitero activo (que no sobrepasa generalmente de los 60 años) se puede extraer alguna conclusión:

  • Prácticamente nadie considera que llevar tatuajes te convierta en peor profesional. De hecho quiero pensar que de esos nueve votos, alguno de ellos viene de una usuario un poco troll.
  • Casi un quinto de las personas piensa que da mala imagen. Recordemos que la pregunta habla de tatuajes en general, no de particularidades como el tamaño, el estilo, la simbología, etc.
  • A la gran mayoría de tuiteros no le influye negativamente que su enfermera/o, médico o auxiliar tenga tatuajes visibles.

Estoy convencido de que, si en Twitter la mala imagen ha recibido cerca del 20% de los votos, en una encuesta que incluyera a mayores de 65 años el porcentaje subiría hasta casi la mitad. O igual me llevaría una sorpresa.

Hablamos ahora de la mala imagen relacionada con los tatuajes.

Es curioso que fuera de la sanidad, como en el sector de las tecnologías, las empresas están buscando cada vez con más frecuencia personal con tattoos visibles.

El por qué, como decía un amigo graduado en Políticas y Sociología, apunta a que los tatuajes se relacionan con la modernidad, al igual que los móviles o las tablets. Por lo que una persona tatuada te aporta confianza, vas a suponer que sabe del tema.

Sin embargo, la sanidad parece considerarse un campo más tradicional para los españoles. Viendo la imagen de la representación española en el Congreso Internacional de Enfermería del 2017 celebrado en Barcelona, no debería extrañarme demasiado.

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Respeto que haya una parte de la sociedad española clasista, pero los pacientes tienen que saber que la sanidad no lo es. Las enfermeras han dejado de llevar cofia, el Betadine ha sido reemplazado por la Clorhexidina en la mayoría de curas, ya no se aconseja utilizar el jabón de lagarto habiendo muchas opciones más efectivas, las jeringuillas ya no son de cristal y se hierven para reutilizarse, cada vez hay más enfermeros, las mujeres que estudian medicina superan ya en número a los hombres, se han empezado a hacer cirugías muy complejas utilizando un robot manejado por el cirujano…

Podría seguir con decenas de ejemplos que demuestran que la sanidad está en una evolución constante, al igual que sus profesionales.

Ahora mismo hay multitud de enfermeras, enfermeros y médicos que están intentando cambiar la sanidad para mejor. En esta época de tecnologías, móviles y aplicaciones sería un grave error no estar empeñado en modernizar nuestras profesiones o modernizar las relaciones con los pacientes.

Espero que no tarde en llegar el día en el que en cualquier centro sanitario en el que te encuentres (hospital, clínica, residencia, centro de salud…) llevar tatuajes no te relacione con una mala imagen. Porque cada vez que a un profesional le ocurre eso, la sociedad se estanca un poco más en su camino inevitable de seguir avanzando hacia el futuro.

Conociendo al donante de sangre.

Siempre que una persona llega a mi sala a donar sangre tengo claro que el protagonista de mi trabajo no voy a ser yo. Va a ser el que pone la vena, el que decide ayudar a los demás sin esperar nada a cambio.

Para mí es un placer poder ponerle cara a la persona que hay detrás de cada donación, y de paso, hacerles unas preguntas relacionadas con sus experiencias como donantes.

Empezamos la primera de las entrevistas con una donante muy especial para mí. Ella es Cristina,  historiadora del arte de 26 años que empezó a donar sangre regularmente hace unos tres años. Cada vez que acude a donar cada 4 meses lo hace con muchos nervios, ¡pero con una gran sonrisa!

Las personas como ella, que no llevan muy bien los pinchazos y se atreven a dar el paso, tienen mucho mérito.

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¿Cuándo empezaste a donar sangre? ¿Cómo surgió?

Empecé a donar sangre hace tres años, y, siendo sincera fue porque tú habías empezado a trabajar como enfermero de donaciones, y eso me animó, ya que antes de eso yo era la típica persona con pánico a las agujas; si los análisis para mi eran una tortura, donar sangre era impensable para mí. Pero pensé: “Bueno, hay confianza, sé que es buen profesional, y qué mejor para empezar con algo que me da tanto miedo, que con alguien conocido. Y además, ayudo a alguien que necesite mi sangre.”

¿Qué te motiva para donar sangre regularmente?

Me motiva saber que estoy ayudando a alguien, que el pequeño esfuerzo que supone ir a donar puede salvar la vida a alguien, ayudarle a salir adelante.

¿Qué aspectos positivos valoras más en una sala de donantes?

No considero que sea lo más importante a la hora de donar, pero puestos a decir algo, diré que cuánto más cómodos son los sillones, mejor, y por supuesto, se agradece que el profesional que te está extrayendo la sangre sea amable y esté un poco pendiente, por lo menos en mi caso.

Hay dos tipos de personas en una donación: las que miran cómo les pinchan y las que no miran, ¿a cuál perteneces?

Como ya he dicho, antes me daban pánico las agujas. Para mí conseguir donar con total normalidad ha supuesto un gran paso, pero aún así, no me gusta mirar cómo me pinchan. Luego sí que echo alguna mirada a cómo sale la sangre, a la bolsa y a la báscula, pero ni cuando me pinchan ni cuando sacan la aguja ¡quita, quita, qué repelús!

¿Qué le dirías a todas esas personas que no dan el paso de donar por miedo a la extracción? Al pinchazo vaya.

Pondría mi ejemplo. Siempre que tenía que hacerme análisis iba como un flan y normalmente me mareaba, pero una vez reúnes el valor suficiente para donar, se hace un gesto sencillo, y los análisis ya son pan comido. Simplemente hay que pensar en otra cosa en el momento del pinchazo y durante la donación, lo mismo, no estar pensando en lo que estás haciendo, ¡pide a tu enfermera/o que te de conversación y será todo mucho más sencillo! Además, si piensas en que esos 15 minutos de tu tiempo y ese pequeño “sufrimiento” sirven para ayudar a alguien, se hace mucho más sencillo. Además, les diría que se den un pequeño homenaje después, y vayan a recuperar fuerzas comiendo algo rico, ¡hay que recompensar el esfuerzo!

¿Crees que hay una concienciación suficiente sobre la importancia de la sangre?

Creo que relativamente. Posiblemente sea algo que hay que inculcar desde que somos más jóvenes: la importancia de que cuando podamos, donemos. Quizá dar más visibilidad a los usos que se le dan a la sangre, las cantidades necesarias para determinadas operaciones, tratamientos, etc, puesto que puede que así la gente se haga una mejor idea de lo necesaria que es nuestra sangre.

Sí que es verdad que actualmente con campañas como la de Pablo Ráez se ha dado más visibilidad a la importancia de hacerse donante, pero bajo mi punto de vista, aún queda mucho camino por recorrer.

¿Tienes alguna anécdota que te ocurriera en una sala de donantes?

Ya han pasado tres años desde que comencé a donar, y eso ha supuesto seis donaciones de sangre y una por aféresis, y esas experiencias han dejado alguna anécdota para comentar.

Normalmente voy a donar con una de mis mejores amigas, que para mí ya es mi compañera de donaciones, y cuando donamos juntas parece que echamos carreras a ver quién tarda más y cuál de las dos máquinas da más pitiditos por lo lenta que sale nuestra sangre.

Y relacionado con la calma con la que mi sangre sale, cuando fui a donar por aféresis (una donación de una hora aproximadamente) periódicamente la máquina se quejaba de ello, y la enfermera tenía que venir cada vez que la máquina decidía poner banda sonora a base de pitidos para quejarse de que mi sangre no iba lo suficientemente rápido para ella. Era curioso, porque en la sala había otras dos o tres personas realizando el mismo procedimiento, y ellos estaban tan tranquilos, y sus máquinas igual.

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Cris durante su donación de plasma y plaquetas por aféresis en el Centro de Transfusiones de la Comunidad de Madrid

Y otra anécdota es la que tiene que ver con la primera vez que doné, en la que yo no sé quién estaba más nervioso, si mi enfermero sabiendo mis antecedentes con las agujas, o yo por haber conseguido atreverme.

Termino recomendando a todo el mundo que done, es un pequeño esfuerzo y una gran ayuda para alguien. Una vez dones, el resto de pinchazos no son nada, y además, es genial sentir que estás ayudando a alguien. ¡Todo son ventajas!

¿Dona mucha gente?

Aquí tenemos otra de las preguntas recurrentes entre los donantes.

Como comenté en mi entrada sobre la importancia de donar sangre, parece que el número de chuletones donados ha aumentado, acercándonos en la Comunidad de Madrid, que precisa una media de novecientas donaciones diarias, al autoabastecimiento.

Un aumento de la concienciación, campañas, maratones y donantes habituales que dan su sangre más de una vez al año han conseguido que las reservas de varios grupos sanguíneos no se vean en niveles de urgencia tan a menudo como ocurría hace uno o dos años. 

Ahora bien, siempre que comento esto añado que no hay que bajar nunca la guardia porque la sangre no es que se gaste, sino que vuela.

Para ejemplificar esta afirmación y ya que una imagen suele valer más que mil palabras, he pedido permiso a varios amigos y amigas que se han acercado varias veces a mi sala de donantes y cuyas donaciones tengo la manía de inmortalizar.

Os presento a 31 donaciones de sangre:

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Parecen muchas, ¿no? Son treinta y una donaciones de once donantes diferentes y que suponen en total un tiempo de extracción de unas cinco horas, a las que hay que sumar unas dos horas más de completar sus cuestionarios y pasar la entrevista.

Podría haber puesto más fotos que tengo guardadas pero he querido dejarlo en estas cifras porque son las que suponen un caso grave de un paciente con aneurisma de aorta.

Un aneurisma consiste en una dilatación en la pared de una arteria. Esta dilatación localizada hace que esa pared se debilite y corra el riesgo de romperse.

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La rotura de un aneurisma supone una emergencia vital, con una alta mortalidad y que hace temblar las reservas de un hospital ya que, como podéis imaginar, la cantidad de volumen sanguíneo que se va a perder es brutal.

Dependiendo de la gravedad y localización, siendo la aorta abdominal la más afectada generalmente, esta patología se suele llevar una media estimada de 20-30 concentrados de sangre para el paciente.

Casos como este son los que ponen a prueba las reservas y nos dan una lección: aunque las reservas de una Comunidad Autónoma se encuentren en niveles óptimos, es muy fácil que bajen si se dan varias emergencias que necesiten de decenas de concentrados.

Entre todos los hospitales y clínicas se suman numerosas emergencias cada día: accidentes con vehículos, hemorragias digestivas, partos complicados, accidentes cardiovasculares, intervenciones quirúrgicas complejas…

Todo esto sin mencionar a los pacientes que se llevan actualmente un tercio de las donaciones, los pacientes oncológicos.

Respondiendo a la pregunta inicial, sí, dona mucha gente, miles de personas, aunque necesitamos mucho más. Un empujón continuo que no deje descender los niveles óptimos y que nos muestre siempre una imagen:

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Pasar de tener todo de color verde a color amarillo es muy fácil, pasar de amarillo a rojo, todavía más.

Gracias como siempre, os espero en Twitter (@perdidueblog) e Instagram (@perdidue).

Foto de cabecera: colas para donar sangre que se formaron tras el 11M.

 

 

¿Por qué la sangre que dono es tan oscura?

En el proceso de la extracción de sangre hay un comentario que se repite con bastante frecuencia (fruto del buen ambiente que suele haber) en cualquier sala de donantes, y es el de “vaya, veo que mi sangre no es azul”.

Dejando a un lado la desilusión o alivio que produce saber que un donante no pertenece a la Familia Real, se toca un tema que crea dudas, el del color de la sangre.

Son muchas las personas que se sorprenden de que sea tan oscura cuando la ven en la bolsa de donación. Incluso se llega a crear la inquietud de si su sangre no es demasiado oscura en comparación con la del resto.

Estamos acostumbrados a ver sangre en las películas y series televisivas, donde nos encontramos con escenas de grandes hemorragias  e inmensos charcos formados en el suelo, siempre con un color rojizo intenso.

No nos engañemos, la sangre más real que hemos visto en el cine ha sido la de la mano de Leonardo Dicaprio en “Django desencadenado”.

En esta escena el actor sufrió un corte accidental en el transcurso de su interpretación y él mismo decidió seguir improvisando, sin pedir que parasen el rodaje para ser tratado en el momento.

El director de esta película, Quentin Tarantino, es uno de los muchos culpables de la percepción actual que se tiene sobre que cualquier trauma, corte o accidente nos va a provocar un gran sangrado sin diferenciar que tenemos tres tipos de sangre según por dónde circula: capilar, venosa y arterial.

Circule por arterias, venas o capilares la sangre siempre va a tener dióxido de carbono y oxígeno, siendo este último elemento el que otorga el color “brillante o vivo” a nuestra sangre, pero no lo hace en igual proporción. Las arterias  van a transportar sangre más oxigenada que las venas, en las cuáles hay además más concentración de CO2 .

En una donación SIEMPRE vamos realizar la extracción a través de una vena por varias razones como son la mayor facilidad de localización y canalización y una menor repercusión para el donante ante la pérdida de volumen.

De hecho, si por accidente se llega a pinchar una arteria, hay que parar de inmediato la donación, ya que la circulación  está directamente impulsada desde el corazón a través de los latidos. Con tal fuerza, la donación se terminaría siempre en un tiempo de unos 2-3 minutos, suponiendo un cambio hemodinámico muy brusco donde sufrir sólo un mareo sería la menor de nuestras preocupaciones, por no hablar de la alta posibilidad de hematoma, inflamación y dolor en el punto de punción.

En conclusión, dadas las desventajas obvias de pinchar una arteria y así obtener una bolsa de donación con un color rojizo más intenso, conseguimos donar sangre de un color rojo oscuro, tirando a burdeos , de una vena generosa.

Una vez más os agradezco que me leáis y que comentéis y compartáis mis entradas.

En todas las publicaciones que haré sobre dudas que plantean los donantes no me meteré a fondo en explicaciones fisiológicas, sino que buscaré explicaciones más simples y comprensibles.

Un saludo, ¡os espero en Twitter (@perdidueblog) y en Instagram (@perdidue)!

 

 

 

Anécdotas sanitarias

¡Abro el apartado de anécdotas!

Ser sanitario da lugar a multitud de situaciones divertidas y no tan divertidas… anécdotas que merecen ser contadas.

Añadiré historias que me han sucedido a mí pero también, al contar con dos enfermeras más y un celador en la familia, incluiré algunas suyas que, desde luego, tienen historias para aburrir. ¡Además podéis enviarme las vuestras a perdidueblog@gmail.com si queréis verlas publicadas!

Comienzo contando una que me ocurrió en planta de Pediatría una de las pocas veces que estuve en este servicio:

Como cada mañana entraba a las habitaciones al comienzo del turno para tomar las constantes (temperatura, saturación de oxígeno y frecuencia cardíaca)  a los niños y niñas que se encontraban ingresados.

Al pasar a una de las habitaciones me encuentro con una niña de unos tres añitos, creo recordar, acompañada de su padre. Estaban ya despiertos y en pie  y empecé a hablarle a la pequeña, aunque desde el primer momento me di cuenta de que estaba alucinando conmigo.

Por más que le hablaba y le hacía preguntas ella se limitaba a mirarme, con la boca abierta, sin decir una sola palabra. No le dí más importancia y tuve una conversación con su padre, la típica de cómo habían pasado la noche, de la hora a la que solían hacer la visita los médicos, etc.

Ya cuando me dispongo a salir vuelvo a intentar tener una conversación con la niña, sin éxito otra vez, me despido de ella y de su padre y justo cuando estoy casi saliendo de la habitación por fin oigo la voz de la niña hablando con su padre, al que le pregunta:

-Oye papá, ¿esa era la enfermera?

-No hija, era el enfermero, también hay enfermeros en los hospitales… – Le respondía su padre entre risas.

La pobre niña estaba alucinando con la que creía, era la primera enfermera con bigote, barba y pelo en pecho que había visto en su vida. Lo que me pude reír llegando al control.

Gracias a todos/as los que habéis empezado a escribirme y a seguir este Blog, ¡ya sabéis que espero vuestras historias!

Que entréis genial en este lluvioso fin de semana.

Foto: caricatura de “Galleryy”