La mala imagen en Sanidad.

Estamos en una sociedad que ha ido cambiando a lo largo de los años. Hemos dejado de ser muy conservadores en ciertos aspectos aunque, sin embargo, en otros parece que estamos negados a cambiar nuestro punto de vista.

Al igual que una gran parte de las personas de mi generación, llevo tatuajes. Me gustan, son parte de mí, de mi cuerpo, de mi forma de ser.

Estoy acostumbrado a escuchar ciertas preguntas y comentarios, como el “cuando seas mayor te vas a arrepentir” o “si es que los jóvenes no pensáis”, también “y cuando pase la moda, ¿qué harás?”.

Me sorprende esto de las modas. Los primeros tattoos me los hice ya hace unos ocho años. Nunca había visto una moda que durara tanto tiempo y, sobre todo, que afectara a tantas generaciones diferentes.

Además, cuando escucho algo sobre mi futuro arrepentimiento pienso si con sesenta, setenta, ochenta años tendré asuntos más importantes en mi vida que pensar si a mi piel, ya arrugada, le queda bien una tinta que me ha acompañado décadas.

No os aburro más con mis pensamientos sobre el tema y voy a centrarme en lo que abarca a la Sanidad.

Hace poco más de un mes realicé una encuesta en Twitter que obtuvo más de novecientos votos. En ella preguntaba sobre la influencia que puede tener un paciente al ver que el personal sanitario que le atiende está tatuado. Los resultados fueron los siguientes:

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Reconozco que debería haber pensado más las opciones a elegir, ya que de esta forma dejé de lado respuestas positivas como “da buena imagen” o “es mejor profesional”. Aún estando un poco sesgada y teniendo en cuenta el perfil del tuitero activo (que no sobrepasa generalmente de los 60 años) se puede extraer alguna conclusión:

  • Prácticamente nadie considera que llevar tatuajes te convierta en peor profesional. De hecho quiero pensar que de esos nueve votos, alguno de ellos viene de una usuario un poco troll.
  • Casi un quinto de las personas piensa que da mala imagen. Recordemos que la pregunta habla de tatuajes en general, no de particularidades como el tamaño, el estilo, la simbología, etc.
  • A la gran mayoría de tuiteros no le influye negativamente que su enfermera/o, médico o auxiliar tenga tatuajes visibles.

Estoy convencido de que, si en Twitter la mala imagen ha recibido cerca del 20% de los votos, en una encuesta que incluyera a mayores de 65 años el porcentaje subiría hasta casi la mitad. O igual me llevaría una sorpresa.

Hablamos ahora de la mala imagen relacionada con los tatuajes.

Es curioso que fuera de la sanidad, como en el sector de las tecnologías, las empresas están buscando cada vez con más frecuencia personal con tattoos visibles.

El por qué, como decía un amigo graduado en Políticas y Sociología, apunta a que los tatuajes se relacionan con la modernidad, al igual que los móviles o las tablets. Por lo que una persona tatuada te aporta confianza, vas a suponer que sabe del tema.

Sin embargo, la sanidad parece considerarse un campo más tradicional para los españoles. Viendo la imagen de la representación española en el Congreso Internacional de Enfermería del 2017 celebrado en Barcelona, no debería extrañarme demasiado.

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Respeto que haya una parte de la sociedad española clasista, pero los pacientes tienen que saber que la sanidad no lo es. Las enfermeras han dejado de llevar cofia, el Betadine ha sido reemplazado por la Clorhexidina en la mayoría de curas, ya no se aconseja utilizar el jabón de lagarto habiendo muchas opciones más efectivas, las jeringuillas ya no son de cristal y se hierven para reutilizarse, cada vez hay más enfermeros, las mujeres que estudian medicina superan ya en número a los hombres, se han empezado a hacer cirugías muy complejas utilizando un robot manejado por el cirujano…

Podría seguir con decenas de ejemplos que demuestran que la sanidad está en una evolución constante, al igual que sus profesionales.

Ahora mismo hay multitud de enfermeras, enfermeros y médicos que están intentando cambiar la sanidad para mejor. En esta época de tecnologías, móviles y aplicaciones sería un grave error no estar empeñado en modernizar nuestras profesiones o modernizar las relaciones con los pacientes.

Espero que no tarde en llegar el día en el que en cualquier centro sanitario en el que te encuentres (hospital, clínica, residencia, centro de salud…) llevar tatuajes no te relacione con una mala imagen. Porque cada vez que a un profesional le ocurre eso, la sociedad se estanca un poco más en su camino inevitable de seguir avanzando hacia el futuro.

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Situaciones surrealistas durante las entrevistas al donante de sangre.

La entrevista en donación de sangre es el gran filtro que permite aceptar o excluir a los donantes en función de una serie de criterios establecidos.

Esta fase es la primera toma de contacto que tiene el responsable de la colecta con el potencial donante de sangre y, a menudo, deja situaciones “surrealistas”. Algunas muy graciosas, otras que no lo son tanto, y otras que te dejan totalmente descolocado.

Aquí os dejo dos que me ocurrieron a mí personalmente:

Tras mirar el estado de las reservas y comprobar que el grupo 0+ se encontraba bajo mínimos, lancé un mensaje por megafonía recalcando la urgencia en la que se encontraba ese grupo. A los cinco minutos llega un señor a la sala de donantes:

-Hola, venía a donar, que he escuchado que hace falta mi grupo urgentemente. Yo soy seropositivo.

-¿Cómo? ¿Es seropositivo o del grupo 0+?

-No no, yo soy seropositivo.

-Pero…usted sabe que si es seropositivo , tiene anticuerpos para el SIDA y no puede donar,¿verdad?

-¿¡Por qué!? ¡Si acabo de escuchar por megafonía que hace falta!

No exagero si os digo que estuve convenciéndole de que no podía dar sangre durante cinco minutos.

 

Otro día una mujer vino a donar sangre y según entra a mi sala (en la que estoy solo) me dice muy convencida:

-Buenas días, venía para la inseminación.

Me quedo mirando a la mujer en plan “¿ha dicho inseminación?” hasta que a los pocos segundos la pobre se da cuenta del lapsus que ha tenido. Quería decir que venía a donar, pero se iba a someter a un tratamiento de fertilidad y había tenido un lapsus.

¡Lo que nos pudimos reír los dos!

 

Dos de @sangrepublica ,una compañera que lleva dedicándose a la donación de sangre unos cuantos años más que yo (de hecho empezó en esto cuando yo estaba terminando Primaria). ¡Podéis seguirla en Twitter!

Llega un donante que pasa la entrevista en la sala habilitada para ello en el centro. Todo bien, así que entra directamente en la sala de donación.

La compañera le dice: -Pase a la sala que ahora mismo voy con las cosas.

-Pero, ¿en la sala? Y usted, ¿va a venir?

-Claro, ¿cómo vamos a hacer la donación si no?

-Pero es que ahí fuera hay más gente.

-Sí, con mis compañeras, donando también.

El señor no daba crédito y la enfermera no sabía por qué…

-A ver, ¿usted no me ha dicho que ya había donado más veces en (no recuerda el sitio que dijo)?

– Sí, pero allí te dan una revista, un bote y te dejan solo en la sala para la donación. No pasa la enfermera a “ayudarte”.

El señor se había equivocado de “banco”.

 

Otro caballero, hablando sobre el apartado que trata el tema de las relaciones sexuales:

-Pero a ver señorita, si yo siempre voy con la misma chica desde hace años.

El señor se refería a que siempre era la misma prostituta.

 

Las anécdotas de las entrevistas en la donación pueden dar para mucho como podéis comprobar. Si os ha gustado esta primera entrada exprés dedicaré un apartado separado del de “anécdotas sanitarias”.

Gracias una semana más por seguirme y perdón por tardar tanto en hacer una nueva entrada.

Estoy en Twitter (@perdidueblog) y en Instagram (@perdidue).

Por qué no puedo donar sangre si…

…peso menos de 50kg.

Una persona adulta tiene de media unos 5-6 litros de sangre en su cuerpo.  Sin embargo, esta cantidad disminuye en las mujeres y hombres con un peso cercano a los 50kg.

Teniendo en cuenta que en una donación no se debe extraer más del 13% de la cantidad de sangre total, un donante con el peso por debajo de ese mínimo tiene más posibilidades de sufrir incidencias relacionadas con reacciones vasovagales, lipotimias y mareos, además de favorecer la aparición de anemia relacionada con la donación.

…me acabo de hacer un tatuaje o un piercing hace poco.

Aunque cada vez hay más control sanitario en los estudios donde se realizan, no se puede dejar de lado nunca la posibilidad de contagio de una enfermedad vírica por el uso de material mal esterilizado, haber compartido tinta o agujas, falta de limpieza, etc.

El tiempo de exclusión para donar es de cuatro meses desde la visita al estudio o particular donde se hayan realizado. ¿Por qué cuatro meses?

Este es el tiempo en el que se puede asegurar que se ha superado el periodo ventana de la mayoría de virus, como el VIH o el de la Hepatitis B o C.

El periodo ventana es el intervalo de tiempo en el cual un virus puede estar en nuestro organismo sin ser detectado aunque extraigamos análisis específicos. Entender lo que significa esto es muy importante para comprender muchas de las exclusiones que se dan.

En este apartado de exclusiones están incluidos los pendientes en orejas, aunque sea en farmacias, y la acupuntura (la única excepción si la persona lleva sus propias agujas o se asegura de que el acupuntor utiliza agujas estériles que sean desechadas al terminar la sesión).

…tomo alguna medicación.

En principio estar tomando un fármaco de manera habitual o puntual no es causa misma de exclusión, sino que vendrá determinada por la patología de base.

Por este motivo estar tomando un antibiótico no excluye por el tratamiento, sino porque su pauta indica que hay una infección y hay que esperar a que el organismo se haya recuperado completamente. Desde la última toma del antibiótico hay que esperar dos semanas para poder donar.

Una de las medicaciones más habituales en las donantes es el Eutirox, con motivo de padecer hipotiroidismo. Siempre y cuando  este trastorno no esté producido por una enfermedad grave se puede donar sangre sin problemas (aunque la causa sea la tiroiditis de Hashimoto).

Otras medicaciones habituales que nos encontramos en muchos donantes son las utilizadas para el control de colesterol, el ácido úrico o la diabetes tipo 2. No suponen exclusión.

En cambio la diabetes tipo 1, insulinodependiente, supone una exclusión definitiva.

La medicación para tratar la hipertensión arterial no impide la donación, siempre y cuando no se superen los dos fármacos diarios que indicarían que la patología es grave. Además tendrá que presentar una tensión aceptable cuando sea tomada por el encargado de la revisión en la sala de donantes. La tensión sistólica o”alta” no debe llegar a 180mm/Hg y la diastólica o “baja” hasta los 100mmHg, teniendo en cuenta si una subida puede tener relación con el estado emocional o nerviosismo del donante.

Cuando se ha tomado medicación para tratar molestias, dolor o inflamación hay que avisar siempre al responsable de la colecta. Si bien estos fármacos (antiinflamatorios no esteroideos generalmente) no suponen exclusión, si que pueden modificar la coagulación y la función plaquetaria. En el fraccionamiento de los componentes sanguíneos posterior a la donación del que ya hemos hablado en entradas anteriores, el concentrado de plaquetas no se utilizará. Sí lo harán los hematíes y el plasma.

Fármacos que van a excluir siempre hasta el final de su administración son los suministrados para tratar el acné y la alopecia (finasterida, Proscar, Propecia, Roacután, etc). El motivo es que pueden provocar malformaciones en un feto (medicación teratógena) por lo que no nos podemos arriesgar a que esa sangre pueda terminar en una paciente embarazada.

Las pastillas tomadas para tratar la depresión o la ansiedad, o ambas, no excluyen para donar siempre y cuando el donante se encuentre bien el día que quiera dar sangre. No hay que forzarse nunca a donar, si se piensa que ese día no es el más adecuado es mejor dejarlo para otro. ¡La sangre va a hacer falta siempre!

Los antihistamínicos pautados con motivo de presentar síntomas por alergias no excluyen. Sí hay que tener en cuenta el asma: si es leve se puede donar aún con tratamiento, si se presentan dificultades respiratorias moderadas o fatiga hay que esperar a que esté más controlado. Una espera de un mes  de mejoría clínica y de hasta un año si ha tenido que acudir a urgencias por un cuadro asmático grave.

Voy a necesitar varias entradas para profundizar más en las distintas exclusiones…¡así que vamos poco a poco!

Gracias por leerme una vez más y ya sabéis, preguntadme todas vuestras dudas sobre la donación de sangre por aquí, Twitter (@perdidueblog) e Instagram (@perdidue).

El sexismo en sanidad.

Con motivo del  Día Internacional de la Mujer el pasado 8 de Marzo, inundamos las redes sociales con mensajes en contra de la discriminación que sufren las mujeres en general y en sus puestos de trabajo en particular.

Yo mismo escribí acordándome de mis compañeras sanitarias que sufren faltas de respeto sólo por el mero hecho de ser mujeres, sin tener en cuenta su profesionalidad.

En su día a día muchas auxiliares, enfermeras y médicos son llamadas con un “oye niña”, dos palabras que no sufrimos tan a menudo los hombres. Muchas médicos, especialmente las residentes, son puestas en entredicho a veces nada más llegar al lugar donde se encuentra el paciente, sin dar importancia a que para estar ahí han estudiado seis años más lo que llevan de especialidad.

Me he encontrado hombres que literalmente me han referido sentirse como un “marajá” al llegarle el momento del aseo con su respectivo personal femenino.

Dándole vueltas a este tema me he dado cuenta muchas veces de que esa discriminación no sólo se produce hacia  las mujeres sanitarias, también se da hacia los hombres que nos dedicamos a la sanidad.

Los enfermeros y auxiliares varones somos una “especie” cada vez más habitual, pero seguimos siendo una minoría. No alcanzamos ni de lejos un porcentaje parecido al del sexo opuesto, con las situaciones que ello conlleva.

No han sido pocas las ocasiones en las que estaba en una habitación participando en una cura de herida quirúrgica, en un aseo o sondaje y la paciente me ha pedido que saliera de la habitación. Llegué a tener un caso en la que una mujer me echó de malos modos.

Mismo ejemplo he podido vivir cuando estaba en una consulta de ginecología acompañando a un médico durante las citologías o ecografías vaginales. Ahí , a veces, no era por el hecho de ser hombre, sino por parecer demasiado joven.

Puedo entender que haya mucha gente con pudor, puedo entender que pueda dar vergüenza que un extraño vea tu cuerpo desnudo. Ahora bien: entiende que soy un profesional, entiende que no me excito observándote, entiende que he visto cientos de cuerpos desnudos antes que el tuyo, entiende que separo completamente mi vida profesional en el hospital de la que tengo fuera de él.

Entiende que sólo quiero cuidarte y ayudarte en tu curación o mejoría.

Dejando este tema a un lado me encuentro con otras situaciones como el hecho de que al entrar en una habitación a veces se da por hecho que soy el celador, sin ni siquiera darme tiempo a presentarme, o se me da más importancia porque parece que soy el médico que acude a la visita diaria de sus pacientes.

No ha faltado tampoco el señor que me comenta al verme con mi uniforme que se esperaba una enfermera, dicho a veces en modo de gracieta o con una decepción que ni se disimula.

Igual que en la sociedad aún queda un trecho para alcanzar una igualdad absoluta entre ambos sexos, la sanidad también necesita seguir avanzando para que no se nos vea como hombres o como mujeres, sino como profesionales de la salud, sin dar por hecho que nuestro sexo va a determinar nuestro trabajo.

Foto de cabecera: Universia Argentina

¿Dona mucha gente?

Aquí tenemos otra de las preguntas recurrentes entre los donantes.

Como comenté en mi entrada sobre la importancia de donar sangre, parece que el número de chuletones donados ha aumentado, acercándonos en la Comunidad de Madrid, que precisa una media de novecientas donaciones diarias, al autoabastecimiento.

Un aumento de la concienciación, campañas, maratones y donantes habituales que dan su sangre más de una vez al año han conseguido que las reservas de varios grupos sanguíneos no se vean en niveles de urgencia tan a menudo como ocurría hace uno o dos años. 

Ahora bien, siempre que comento esto añado que no hay que bajar nunca la guardia porque la sangre no es que se gaste, sino que vuela.

Para ejemplificar esta afirmación y ya que una imagen suele valer más que mil palabras, he pedido permiso a varios amigos y amigas que se han acercado varias veces a mi sala de donantes y cuyas donaciones tengo la manía de inmortalizar.

Os presento a 31 donaciones de sangre:

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Parecen muchas, ¿no? Son treinta y una donaciones de once donantes diferentes y que suponen en total un tiempo de extracción de unas cinco horas, a las que hay que sumar unas dos horas más de completar sus cuestionarios y pasar la entrevista.

Podría haber puesto más fotos que tengo guardadas pero he querido dejarlo en estas cifras porque son las que suponen un caso grave de un paciente con aneurisma de aorta.

Un aneurisma consiste en una dilatación en la pared de una arteria. Esta dilatación localizada hace que esa pared se debilite y corra el riesgo de romperse.

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La rotura de un aneurisma supone una emergencia vital, con una alta mortalidad y que hace temblar las reservas de un hospital ya que, como podéis imaginar, la cantidad de volumen sanguíneo que se va a perder es brutal.

Dependiendo de la gravedad y localización, siendo la aorta abdominal la más afectada generalmente, esta patología se suele llevar una media estimada de 20-30 concentrados de sangre para el paciente.

Casos como este son los que ponen a prueba las reservas y nos dan una lección: aunque las reservas de una Comunidad Autónoma se encuentren en niveles óptimos, es muy fácil que bajen si se dan varias emergencias que necesiten de decenas de concentrados.

Entre todos los hospitales y clínicas se suman numerosas emergencias cada día: accidentes con vehículos, hemorragias digestivas, partos complicados, accidentes cardiovasculares, intervenciones quirúrgicas complejas…

Todo esto sin mencionar a los pacientes que se llevan actualmente un tercio de las donaciones, los pacientes oncológicos.

Respondiendo a la pregunta inicial, sí, dona mucha gente, miles de personas, aunque necesitamos mucho más. Un empujón continuo que no deje descender los niveles óptimos y que nos muestre siempre una imagen:

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Pasar de tener todo de color verde a color amarillo es muy fácil, pasar de amarillo a rojo, todavía más.

Gracias como siempre, os espero en Twitter (@perdidueblog) e Instagram (@perdidue).

Foto de cabecera: colas para donar sangre que se formaron tras el 11M.

 

 

¿Por qué la sangre que dono es tan oscura?

En el proceso de la extracción de sangre hay un comentario que se repite con bastante frecuencia (fruto del buen ambiente que suele haber) en cualquier sala de donantes, y es el de “vaya, veo que mi sangre no es azul”.

Dejando a un lado la desilusión o alivio que produce saber que un donante no pertenece a la Familia Real, se toca un tema que crea dudas, el del color de la sangre.

Son muchas las personas que se sorprenden de que sea tan oscura cuando la ven en la bolsa de donación. Incluso se llega a crear la inquietud de si su sangre no es demasiado oscura en comparación con la del resto.

Estamos acostumbrados a ver sangre en las películas y series televisivas, donde nos encontramos con escenas de grandes hemorragias  e inmensos charcos formados en el suelo, siempre con un color rojizo intenso.

No nos engañemos, la sangre más real que hemos visto en el cine ha sido la de la mano de Leonardo Dicaprio en “Django desencadenado”.

En esta escena el actor sufrió un corte accidental en el transcurso de su interpretación y él mismo decidió seguir improvisando, sin pedir que parasen el rodaje para ser tratado en el momento.

El director de esta película, Quentin Tarantino, es uno de los muchos culpables de la percepción actual que se tiene sobre que cualquier trauma, corte o accidente nos va a provocar un gran sangrado sin diferenciar que tenemos tres tipos de sangre según por dónde circula: capilar, venosa y arterial.

Circule por arterias, venas o capilares la sangre siempre va a tener dióxido de carbono y oxígeno, siendo este último elemento el que otorga el color “brillante o vivo” a nuestra sangre, pero no lo hace en igual proporción. Las arterias  van a transportar sangre más oxigenada que las venas, en las cuáles hay además más concentración de CO2 .

En una donación SIEMPRE vamos realizar la extracción a través de una vena por varias razones como son la mayor facilidad de localización y canalización y una menor repercusión para el donante ante la pérdida de volumen.

De hecho, si por accidente se llega a pinchar una arteria, hay que parar de inmediato la donación, ya que la circulación  está directamente impulsada desde el corazón a través de los latidos. Con tal fuerza, la donación se terminaría siempre en un tiempo de unos 2-3 minutos, suponiendo un cambio hemodinámico muy brusco donde sufrir sólo un mareo sería la menor de nuestras preocupaciones, por no hablar de la alta posibilidad de hematoma, inflamación y dolor en el punto de punción.

En conclusión, dadas las desventajas obvias de pinchar una arteria y así obtener una bolsa de donación con un color rojizo más intenso, conseguimos donar sangre de un color rojo oscuro, tirando a burdeos , de una vena generosa.

Una vez más os agradezco que me leáis y que comentéis y compartáis mis entradas.

En todas las publicaciones que haré sobre dudas que plantean los donantes no me meteré a fondo en explicaciones fisiológicas, sino que buscaré explicaciones más simples y comprensibles.

Un saludo, ¡os espero en Twitter (@perdidueblog) y en Instagram (@perdidue)!

 

 

 

Donación de médula: la gran desconocida.

El año 2016 ha tenido un gran protagonista en el mundo de las donaciones en nuestro país, un señor llamado Pablo Ráez.

Este joven malagueño, en su lucha contra la leucemia que padece, no se ha conformado sólo con visibilizar su proceso, sino que además ha conseguido algo que no es nada fácil, concienciar sobre la importancia de donar.

Antes del “efecto Pablo Ráez” eran pocos los donantes de sangre que me mostraban su interés y sus dudas sobre la donación de médula. Sin embargo, a partir de agosto del año pasado llegué a tener rachas de recibir preguntas todos los días y especialmente de los donantes nóveles, lo cual es algo maravilloso.

Las cuestiones que me planteaban evidenciaban algo que ya me olía de antes y es lo que da título a la entrada, que la donación de médula sigue siendo una gran desconocida.

Puedo afirmar que nueve de cada diez personas que se han interesado en esta donación han continuado con un “pero me da miedo”. Un miedo relacionado con pasar por el quirófano y con la punción lumbar.

Así es, la mayoría de las personas confunde la médula ósea con  la médula espinal. De ahí esa relación que tienen asociada de la donación con un pinchazo en la columna vertebral y posibles lesiones nerviosas.

Sobre este aspecto tenemos que insistir mucho. Debemos explicar la diferencia entre ambas médulas y por qué la que buscamos es la que se encuentra en el interior de los huesos. A modo de diferenciación básica:

Médula espinal: pertenece al sistema nervioso central. Comunica el encéfalo con el resto del cuerpo enviando los impulsos nerviosos a través del canal que protege la columna vertebral.

Médula ósea: Tejido esponjoso encargado de la formación de las células sanguíneas (glóbulos blancos, glóbulos rojos y plaquetas).

Los pacientes con leucemias, algunos casos de linfomas o con síndromes mielodisplásicos que llegan al punto de necesitar un trasplante, lo precisan porque su propia médula ósea no es capaz de formar nuevas células sanguíneas sanas, produciendo células malignas de forma descontrolada o demasiado inmaduras en el caso de los síndromes mielodisplásicos.

En este punto nos encontramos con un gran obstáculo, el de buscar una médula compatible. Se calcula que entre hermanos el porcentaje de compatibilidad es de un 25%… ¡imaginaos si hablamos de personas que no tienen ninguna relación de parentesco! Esta probabilidad va a ser de 1 entre 40.000 o lo que es lo mismo, un 0.000025%.

Con un porcentaje así podemos decir que encontrar un donante es comparable a que al receptor le tocase “El Gordo” por Navidad.

¿Cómo se extrae la médula ósea?

Si alguien tiene la gran suerte de ser llamado para darle una oportunidad a un paciente con leucemia, en la fase de la extracción se va a encontrar con dos opciones:

-Aféresis: Es el método de extracción más habitual en la actualidad. Unos días antes de la donación se nos administra un fármaco que consigue que las células de la médula ósea (progenitores hematopoyéticos) se encuentren disponibles en buena cantidad en nuestra sangre.

La aféresis va a llevar un tiempo de entre cuatro y seis horas aproximadamente. A través de una vena canalizada en un brazo la sangre llegará a una máquina que se encargará de filtrarla y quedarse con las células que necesitan, retornando a nuestro cuerpo por otra vena que también estará pinchada.

-Punción en Crestas Ilíacas (Pelvis): Esta segunda opción se realiza cuando la aféresis no se puede llevar a cabo en el donante o la extracción va a beneficiar más al paciente, algo que ocurre más o menos en el 20% de los casos.

Se realiza en quirófano bajo anestesia general o epidural y consiste en la aspiración de la médula mediante unos pinchazos. Después del procedimiento el donante tendrá que quedarse ingresado en el hospital el resto del día en observación como mero trámite.

Como habéis visto el 80% de las donaciones de médula ósea que se realizan en España se hacen por aféresis, un procedimiento relativamente sencillo, que no precisa ingreso hospitalario y sin consecuencias para nuestro organismo ya que nuestra sangre retorna al cuerpo evitando que se favorezca  la anemia.

En cuanto a la segunda opción, mucho menos usada en la actualidad, insisto, tenemos un procedimiento seguro que como mucho nos va a provocar molestias leves en el punto de punción durante un día o dos.

Las molestias que podamos tener y el tiempo invertido no son nada en comparación con darle a una persona la posibilidad de poder curarse de su enfermedad, de poder vivir y pensar en el futuro.

Por último, os pido que si decidís dar el paso y os apuntáis al Registro de Donantes de Médula Ósea (REDMO) lo hagáis convencidos y sin ninguna duda sobre ello. Lo digo porque me he encontrado con noticias en las que familias de pacientes han denunciado que el donante que había resultado compatible se ha echado para atrás en el último momento.

Por último, os comento que podéis apuntaros como donantes de médula hasta los 55 años. Todas las dudas que podáis tener sobre las exclusiones u otros temas relacionados no dudéis en escribírmelas en el Blog, en Twitter (@perdidueblog) o en Instagram (@perdidue).

Muchas gracias por leerme y ya sabéis, todo el mundo a donar o a fomentar ésto de donar esperanzas, ¡de regalar vida!

 

Foto de cabecera: Fundación Josep Carreras