“¿POR QUÉ HUMANIZAR?” Por Carlos Cruz-Salazar, Doctor y enfermero de UCI pediátrica y neonatal.

Toda historia o relato empieza con una idea básica. Esta idea nace en mí con tan solo siete años de edad. Tengo que empezar por aquí para que entendáis por qué decidí ser enfermero y cuidar y acompañar a todas las personas que necesitasen ayuda.  A día de hoy trabajo con un grupo de población muy débil y específico, como son los pacientes neonatales y pediátricos.

Esta pequeña historia ocurre en la cuidad de Baeza, Jaén, en el centro de salud de la que es mi ciudad natal, cuando mi madre me llevó a que me hicieran un análisis de sangre. Yo estaba acompañado de ella, esperando en una sala de espera enorme, o eso me parecía a mí con mis 7 años, cuando de repente abrieron una serie de salas conectadas todas entre sí y me nombraron el primero por mi nombre. Una mujer con una bata blanca se acercó a mí, me puso su mano en mi espalda, y me acompañó a una camilla mientras me explicaba lo que suponía hacerse un análisis de sangre y la técnica que me iban a hacer.

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En ese momento me sentí muy cómodo gracias a la explicación de aquella amable mujer. Como ya había hablado con mi madre, estaba decidido a ser lo más valiente del mundo, porque como buen chaval de campo, no podía tener miedo ni mostrar duda ante lo que me iban a hacer.

Me tumbé en la camilla y la misma mujer que me había explicado todo, se enfundó unos guantes y me sacó sangre con la misma dulzura que me había acompañado a la camilla. Me hice el valiente todo lo que pude, pero llegó un momento en el no recuerdo nada más, y es que resulta que me mareé. Lo único que recuerdo es despertar en la misma camilla con las piernas levantadas y al mismo tiempo a esa mujer aireándome con una carpeta al lado de mi madre.

Fue en ese instante cuando supe que tenía que hacer en un futuro lo mismo que esa mujer había hecho conmigo. No sólo me tranquilizó, sino que me ayudó y me acompañó en todo momento.

Durante estas primeras etapas de la vida estudias primaria, secundaria, selectividad y llega el momento de empezar la universidad. Es en este punto donde conozco a uno de mis mejores amigos de la universidad y dueño de este blog… a D. Javier Perdiguero Garés, o como todo el mundo le llama: “Perdi”. Pasan los años y gracias a las clases y las prácticas vas viendo cuál es el servicio donde mejor encajas y donde se te da mejor trabajar, y en mi caso era el bloque quirúrgico o quirófano 😂. Pero, ¿qué ocurre? ¿Por qué no empiezo a trabajar ahí?

La imagen puede contener: una o varias personas e interior

Carlos y Perdi acabando 2º de Enfermería, vaya pipiolos…

Llega el último curso y resulta que lo finalizamos en uno de los años más complicados de la economía de España. Tenemos ante nosotros una de las mayores crisis económicas de las últimas décadas en nuestro país y en junio de 2012, un mes antes de que Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo, pronunciase sus palabras mágicas para salvar el euro €: “whatever it takes to preserve the euro”; lo único que me ofrecen, y gracias al cielo que me lo ofrecen, es trabajar en uci de neonatos, en un principio sólo durante ese verano.

Podemos decir por tanto que soy enfermero de UCI neonatal y pediátrica gracias a la crisis económica de 2012 jajaja. (Ahora me río, pero en su momento estaba la cosa muy complicada…)

Los primeros meses son de aprendizaje y de absoluta modestia. Aprendí todo lo que pude de mis compañeros y a día de hoy aún sigo haciéndolo. Aquí es donde te das cuenta de que los milagros no son tan milagros, sino que detrás de ellos hay un equipo de profesionales con unas características y un conocimiento de la técnica y la humanidad fuera de lo común. Que detrás de una recuperación por una septicemia hay mucho trabajo técnico, de conocimiento empírico y humano que debemos valorar cuando entramos a un hospital.

Porque puede que sea una de las unidades donde los cuidados son más técnicos y precisos que en ningún otro sitio del hospital y que, a todo ello, le tenemos que sumar la humanidad que hay que tener con estos pacientes tan vulnerables y débiles. No solamente somos los cuidadores de estos pacientes, sino sus protectores, y a la vez los protectores y cuidadores de muchos de sus padres.

Es muy importante saber cargar y programar una perfusión de Fentanest® y Midazolam®, pero también es muy importante saber en qué momento el paciente está sufriendo o demandando cuidados y qué debemos hacer para solucionarlo, con el inconveniente de que los bebés no te dicen verbalmente que tienen dolor, hambre o que están pasándolo mal. Aunque se expresan de manera diferente y es aquí donde tenemos que conocerlos para poder comunicarnos con ellos.

Es por eso por lo que me especialicé, tanto en el apartado técnico como en el apartado más humanista, haciendo estudios de posgrado en ambas materias, llegando incluso a publicar una tesis doctoral basada en las humanidades dentro de nuestra profesión enfermera.

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Esta tesis ha sido fruto de muchas horas de trabajo y estudio, buscando cuál sería la mejor manera de no perder nuestra esencia como cuidadores dentro de este mundo tan hipertecnificado y que cada día tiende más a formar a nuestros cuidadores como meros técnicos. Por esto mismo y por la necesidad de volver a recuperar las humanidades como eje central de nuestro trabajo, realicé un proyecto que tiene como objetivo final la creación de un currículo universitario enfermero con materias que nos ayuden a comprender a la persona y sus necesidades humanas.

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No podemos utilizar la técnica de mayor complejidad existente en la actualidad sin conocer a quién se la estamos aplicando. Lo que quiero decir es que las unidades de cuidados intensivos neonatales y pediátricas son un lugar donde la técnica y la humanidad deben coexistir de manera impecable, donde los profesionales que trabajamos en estas UCIs encontramos los mejores y peores momentos de nuestra actividad diaria.

La evolución transhumanista del hombre al posthumano no puede nunca olvidar su origen natural, por eso es tan importante que tengamos en cuenta al SER como paciente antes que como conjunto de células que tienen un fin determinado.

Por todo esto, siempre agradeceré a la enfermera de mi centro de salud en Baeza que me tratase con aquella humanidad como lo hizo. Porque gracias a ello soy el tipo de enfermero que ejerce su profesión de la manera más humana posible hoy día.

 

Cómo lograr ser enfermero militar sin morir en el intento.

¡Hola, futuros cadetes! En primer lugar, quiero daros la enhorabuena por la decisión que habéis tomado de querer formar parte de nuestras Fuerzas Armadas. Es una decisión de la que os aseguro que no os arrepentiréis jamás.

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Tte Pérez. Autora de esta colaboración.

Me gustaría contaros un poco el recorrido de este largo y constante esfuerzo que personalmente yo realicé para conseguir pasar a formar parte de la sanidad militar. Comenzaré contando que yo me encontraba trabajando en una residencia geriátrica en el turno de mañana, luego sólo me quedaban las tardes para dedicarme en cuerpo y alma a estudiar. Es verdad que fue un año muy duro, pero al final cogí el hábito de no levantarme de la silla en toda la tarde. Quizá eso es lo más importante, que creas una costumbre que siempre va acompañada de toda la ilusión del mundo por alcanzar tu objetivo.

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Cabe mencionar que, tras suspender una segunda vez, tomé la mejor decisión de mi vida que fue pedir ayuda a la que hoy por hoy es la mejor academia dedicada a esta oposición. Fue entonces cuando me prometí que ése era el último año que suspendía y acudí a Rota Premier. Es el mejor centro de toda España, ya que demuestra con estadísticas anuales que los profesores y el temario allí impartido es inmejorable. Además, me sentí muy arropada porque se vuelcan con todos y cada uno de nosotros. Nunca podremos agradecerles todo lo que hicieron por mí y por cada uno de mis compañeros.

El último año de oposición fue muy duro, para qué nos vamos a engañar. Sufres, lloras, pataleas, un día te sientes inseguro y al día siguiente te comes el mundo…esto va así. Pero no es malo, quiere decir que continúas con la carrera y que estás dando el 200%. En momentos así cabe reconocer que rodearte del apoyo de seres queridos como padres, hermanos o abuelos, es fundamental. En mi caso, ellos estuvieron día a día conmigo, apoyándome y aguantando llantos y pataletas porque un examen tipo simulacro no me había salido todo lo bien que esperaba. No os preocupéis, como ya he dicho anteriormente, esto se trata de una carrera de fondo y hay que persistir, resistir y nunca desistir. La lucha que se pierde es la que se abandona.

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Una vez que la oposición está encima, solo queda tranquilizarse y demostrar todo lo que sabes y todo lo que has trabajado esos años. Muchas veces, se trata de actitud más que de aptitud, aunque es cierto que la combinación de ambas es la que lleva a la victoria. Por eso hay que trabajar duro y demostrarte a ti mismo que puedes con ello y más. Un 10 de julio de 2017, un profesor me dijo: “solo cuando la ilusión es mayor que el miedo, se consiguen todos aquellos propósitos que nos marquemos”. Y qué cierto fue, porque realmente debes demostrar las ganas que tienes de estar ahí y de ser un compañero más de nuestra preciosa enfermería militar. Con todo esto, lo que vengo a decir es que jamás hay que tirar la toalla, debemos seguir adelante, porque como bien dice la máxima guerrillera: “Que tu cuerpo y tu mente estén siempre listos; cuando tu cuerpo diga ¡basta!, tu mente debe decir ¡adelante!

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Una vez que hemos alcanzado nuestro sueño, la carrera continúa. No os penséis que el año que viene por delante va a ser menos duro por el mero hecho de ser cadetes de los Cuerpos Comunes, ¡la fiesta no para! En primer lugar, se realiza un recorrido por todas las Academias pertenecientes a cada uno de los ejércitos, a saber: ejército de Tierra, ejército del Aire y Armada. Tras estos cuatro meses en los que haces y deshaces maletas continuamente, recibes una formación militar que está llena de momentos muy duros pero que también está llena de momentos que yo jamás cambiaría por nada. Realizas maniobras, saltos en piscina, ejercicios de tiro, mucho deporte, y lo más importante: valores militares. Pero todo esto, lo iréis descubriendo por vosotros mismos. Es un año de experiencias completamente nuevas y enriquecedoras que hacen que, más que compañeros, te lleves amigos de por vida.

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Después de esta etapa, llega la formación específica de sanidad militar. Cada especialidad tiene su propio temario y sus clases individuales, aunque luego compartimos muchas horas de estudio y deporte. Después de casi once meses, no sois una promoción, sino una gran familia. Una de las miles de ventajas que tiene esta profesión es que conoces muchísima gente y cada uno de una punta de España, luego el alojamiento de tus futuras vacaciones siempre estará asegurado.

En mi caso salí hace menos de un mes como Teniente enfermera y ya echo muchísimo de menos a todos mis compañeros.

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Para despedirme, solo deciros que espero no haberos aburrido mucho. Simplemente quería contaros un poco por encima la experiencia que supone formar parte del Cuerpo Militar de Sanidad y, mejor aún, si la especialidad es ENFERMERÍA. Esto ha sido una introducción de todas las batallitas que os esperan y que jamás olvidaréis. Disfrutad del camino. Os deseo toda la suerte del mundo, mucho ánimo y a por todas.

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Pero…¿tú pinchas bien?

Una persona llega con su coche a un taller. Al bajar le atiende el mecánico que se encuentra trabajando en ese turno y saluda al cliente. Cuando el empleado va a preguntarle el motivo de la visita, es cortado de forma brusca con un “perdona, ¿tú arreglas bien los coches? Es que te veo muy joven”.

Esta situación que acabo de describir parece (y es) surrealista. A priori el argumento de parecer joven no entra dentro de las premisas de que vaya a trabajar peor. Cuentas con que ese mecánico ha tenido una formación teórica y ha realizado prácticas en otros talleres con otros coches siendo supervisado.

Pues bien, bienvenidos/as a una parte del sector servicios que es la sanidad y, más concretamente, vayamos a la enfermería. Esta situación la hemos vivido prácticamente todas las enfermeras alguna vez en nuestra trayectoria profesional. Hay muchos pacientes que no han tenido ningún reparo en cuestionarnos, en privado o públicamente, por el mero prejuicio de que una enfermera joven va a pinchar o a realizar cualquier otro procedimiento de enfermería mucho peor.

Cuestionarnos de esta manera  puede ser, en primer lugar, contraproducente para el propio paciente, ya que una enfermera que esté pasando un día de mucho estrés puede sufrir más nervios y terminar en una mala punción como resultado.

Yo no creo que cuando alguien te cuestiona así sea con maldad por defecto, posiblemente esa persona haya tenido malas experiencias en el pasado y la posibilidad de revivirlas le causen ansiedad. Pero también digo una cosa, esa situación se percibe y se arregla con empatía y transmitiendo seguridad.

También calas enseguida a las personas que no sólo te cuestionan, sino que además te desprecian por tu supuesta falta de experiencia y dan por hecho que, por sus “bemoles”, no vas a hacer bien tu trabajo, sin conocerte de nada. Suelen ser las mismas personas que en un hospital sueltan la famosa frase de “yo pago tu sueldo”.

Con los años aprendes a llevar mejor esta situación. El primer grupo de pacientes implica comprensión por nuestra parte pero sin dejar de tener claro que somos profesionales y eso tenemos que hacerlo ver. Del segundo grupo en cambio, no puedo dar una pauta clara, depende de cada uno y de cómo se aplique en nuestro centro la frase “El cliente siempre tiene la razón”. Personalmente soy de aguantar el tipo y, dependiendo del día, soltar alguna frase muy típica de Perdidue estilo: “sí…bueno…soy enfermero desde hace cinco años y me suelo dejar la barba porque parezco más mayor, así pincho mejor”.

Si las enfermeras/os tenemos que aguantar esta situación, imaginad lo difícil que es ser estudiante de enfermería, donde esa presión es el doble por el mero hecho de llevar una placa con las palabras “Estudiante en prácticas”.

He empezado esta entrada describiendo la situación de un mecánico y de cómo, para llegar a ese puesto había tenido que practicar con otros coches antes que el tuyo. Ser sanitario es un trabajo que necesita de miles de horas de prácticas antes de ocupar tu puesto, algo que muchos pacientes no llegan a entender.

“A mí no me pincha la estudiante”. Estás en tu derecho legal de decir eso (siempre con educación y respeto), pero para que sea la enfermera con experiencia la que te vaya a realizar la extracción o canalizar la vía, ésta tuvo que ser estudiante en su momento.

No me canso de repetir una y otra vez que no he sido un enfermero de donación de sangre siempre. Para llegar a poder dedicarme a la punción venosa de esta manera, antes he tenido que practicar, fallar, acertar y coger la confianza que necesitaba. No existe a día de hoy ningún simulador que nos haga pulir este procedimiento igual que en un paciente real. Ya veremos en el futuro.

Cuando leáis en el letrero del hospital al que acudís la palabra “universitario”, no penséis que es parte del nombre y que está ahí porque queda mejor y da más clase. Lo que significa es que en ese centro hay actividad docente tanto en teoría como en prácticas.


En mi caso en particular además no sólo he sido cuestionado varias veces por mi apariencia juvenil, también por mi sexo. Pacientes mujeres me han pedido que me fuera de una habitación y que no les atendiera por tener la posibilidad de ver sus cuerpos desnudos o semidesnudos. Entiendo que haya pudor, pero profesionalmente es algo muy frustrante, también tengo derecho a que no se me discrimine y poder cuidar a mis pacientes.

 

En los hospitales también existen los agradecimientos.

Cualquier persona que trabaje en un puesto de atención al cliente sabe que, cuando un usuario está descontento con un servicio que se le está ofreciendo, no tarda en comenzar las gestiones para que quede constancia de su sentimiento en forma de reclamación escrita u oral. Lo mismo pasa en sanidad.

Listas de espera surrealistas de varios meses entre una prueba y la consulta con los resultados, deficiencias en instalaciones, un mal trato por parte del personal sanitario, la frustración que siente un paciente al pensar que no están tomando en serio su problema, la percepción de que hace falta más personal, una mala praxis… Son algunas de las reclamaciones que recibe una sala de Atención al Paciente de cualquier hospital.

No se puede negar que este tipo de documentos orientan sobre el índice de satisfacción que tiene un centro hospitalario y puede mostrar qué deficiencias se pueden solucionar para dar un mejor servicio o ayudar a que un error no se vuelva a producir.

Hay que tener en cuenta que hay pacientes que pueden utilizar este procedimiento como un “arma”, llegando a amenazar con ir a Atención al Paciente si no se le da prioridad a su problema cuando, de forma objetiva, no tienen razón en su demanda.

Ahora bien, ¿qué pasa si después de nuestra visita al hospital no tenemos ninguna queja, sino todo lo contrario? ¿Se puede reflejar esa satisfacción por el trato y servicio que hemos recibido? La respuesta está de nuevo en Atención al Paciente y es afirmativa, sólo hay que decir que queremos dejar un agradecimiento.

Habrá gente que se preguntará si sirve para algo. Para nosotros/as supone un reconocimiento “oficial” del trabajo bien hecho y es un estímulo enorme ver como un paciente se toma las molestias de ir a registrarlo. Esto también es un indicador de la satisfacción del paciente, aporta mucho más que una reclamación y nos motiva y anima a seguir dando lo mejor de nosotros como sanitarios y como personas.

El personal que conforma un hospital tiene el compromiso, en general, de dar una buena atención asistencial, pero también el mejor trato humano que sea posible. Somos muchos y muchas las que intentamos dar un trato humanizado, y no siempre es fácil: a veces nuestra vida fuera del hospital nos puede afectar negativamente y tener un mal día, a veces la carga de trabajo parece que puede superarnos y no nos permite dedicaros el tiempo que nos gustaría, a veces salimos afectados de una habitación y tenemos que seguir visitando al resto de pacientes sin pararnos ni unos minutos…


Me gustaría animar a las personas que me leen a que no sólo tengan en cuenta el agradecimiento en el hospital, y también lo tengan en cualquier restaurante, hotel, tienda, museo, etc, en el que os  hayan tratado de maravilla.

Alegrarle el día y motivar todavía más a un buen trabajador está en nuestras manos también como clientes/usuarios/pacientes, y nos lleva muy poco tiempo.

¿Tiene derecho un instituto a frustrar el futuro de sanitarios con vocación?

Esta entrada va a ser muy personal, y surge a raíz de una publicación en Instagram en la que contaba como, al acabar 4º de la ESO, recibí una carta por parte del consejo escolar de mi instituto en la que me “sugerían” que cambiara la modalidad de bachillerato que tenía pensada (Ciencias de la salud) por la de Humanidades. La razón: mi dificultad para aprobar las asignaturas de matemáticas y física.

El día en el que leí la carta lo pasé llorando. Desde que tengo memoria siempre he querido dedicarme a la sanidad, SIEMPRE. Fui un niño que devoraba la serie “Érase una vez el cuerpo humano”, que cuando iba con mis padres de compras les pedía como regalos cds y libros cuya temática fuera alguna relacionada con el organismo.

Mis padres me han contado muchas veces como con menos de 10 años les decía de memoria el número de huesos que había en cada parte del cuerpo y… ¡hasta los Reyes Magos me trajeron un fonendoscopio! Además soy hijo y sobrino de dos enfermeras que son unas grandes referentes para mí.

Por todo esto, y porque no me imaginaba ningún otro futuro diferente al sanitario, me planteo diez años después de esa carta si no podrían haberme preguntado si estaba dispuesto a dar el 200% e intentar sacar esas asignaturas para tener la posibilidad, en selectividad, de meterme a enfermería.

Al final me reuní con la orientadora del centro, por mi cuenta, y me comentó que podría tener la opción de hacer un 2º de bachillerato sin matemáticas ni física y sí con biología, química y ciencias de la tierra. Así que volví a tener la esperanza de poder cumplir mi sueño. ¿Por qué no me hablaron de esa opción en vez de intentar destrozar mi vocación? Seguro que no lo hicieron con mala intención, pero los profesionales de la docencia que trabajan con adolescentes deberían tener cuidado en esos asesoramientos.

Diez años después de aquella carta llevo ya un lustro siendo un enfermero que está feliz cada vez que se pone su pijama. Disfruto de una profesión en la que me muestro como soy, que me permite conocer día tras día a gente increíble,que me ha hecho cambiar mi mentalidad, eliminando prejuicios y valorando lo que realmente importa en esta vida: la salud, por mucho que suene a tópico. 

Me sorprendió recibir varios mensajes de compañeras y compañeros de profesión que me comentaron que han pasado por lo mismo: Noemí, Manu, Mireia, Andrea, Marta, Antía, Mariló, María; son algunas de esas enfermeras que en su momento pasaron por el mismo mal trago.

Te paras a mirar sus cuentas, sus publicaciones, sus “stories”…y ves que rebosan de vocación. Quizás en nuestro caso valoramos el esfuerzo extra, sobre todo mental, que tuvimos que hacer para poder trabajar en lo que amamos.

Deberíamos reflexionar sobre cuántos grandes profesionales de la sanidad se han perdido porque en su momento (siendo además unos niños, porque es lo que eres con dieciséis años) unas notas cuantitativas decidieron cuál debía ser su camino.


Me gustaría terminar diciendo que valoro mucho las humanidades, de hecho tengo la espinita clavada de estudiar derecho o ciencias políticas. Pienso que hay que ser muy valiente para estudiar carreras como Historia, Historia del Arte, Filologías, Filosofía, etc, sabiendo que te vas a encontrar con un país que no te va a valorar como te mereces, al igual que no le da la importancia que debería a su historia ni a su patrimonio.

 

Suplencias de verano: un desafío que se repite anualmente.

Intentando ponerme al día tras estar casi tres semanas desconectado de Twitter, he llegado a la entrada “No te pongas enfermo en verano” de Pau Matalap.

En ella habla del “Efecto Julio” consistente en que durante este mes se producen más errores en los hospitales por dos factores:

-Se cierran plantas y, como consecuencia, se sobrecargan otras.

-Miles de nuevas enfermeras y enfermeros comienzan su vida laboral durante este mes.

Siempre lo digo, al terminar la carrera no estamos preparados para llevar una planta nosotros solos. Por lo menos los primeros días.

Nos enseñan casi todos los procedimientos de enfermería en las más de mil horas de prácticas hospitalarias que realizamos, pero ser enfermera (y buena además) es mucho más difícil que eso y no te das cuenta hasta que terminas la carrera. No tenemos la experiencia, al principio, de enfrentarnos a varios ingresos por turno, de saber cuándo hay que llamar a un médico ni de cuándo no hacerlo, de cómo encargarnos correctamente del sistema informático, de todas las historias clínicas y de las correspondientes pruebas. Necesitamos tener a personal más veterano para salir al paso.

No es lo mismo estar de estudiante en una planta que estar como responsable de una media de quince pacientes.

Aún recuerdo el día en el que estuve por primera vez en una planta con diecinueve pacientes para mí y para la auxiliar que nos tocaba estar ese día en el turno de tarde. Al ser una planta que combinaba desde medicina interna hasta cirugías de varias especialidades, tenía el carro de medicación a rebosar e iba contrarreloj. Un solo contratiempo me lo iba a poner todo cuesta arriba. Y así pasó.

Un paciente que acababa de salir del postoperatorio empezó con hipotensión severa y tocó correr: canalizar una segunda vía periférica, mandar analíticas y transfundir dos concentrados de hematíes. Todo esto ocurría mientras aún me quedaba por administrar la medicación a media planta e ir retirando los tratamientos que se iban acabando.

Cuando la urgencia terminó y pude acabar todas las medicaciones necesité parar cinco minutos. Sabía que varias enfermeras habían llorado en esa planta y a mí me faltó muy poco. Llevaba sólo unos días de experiencia.

Yendo a otro tema, desde mi experiencia he tenido la suerte de estar pluriempleado varios veranos y hay una situación que se repite una y otra vez. La de estar por la mañana en casa o en el trabajo y recibir una llamada de recursos humanos de un hospital público:

-Buenos días, hay una vacante de enfermería, media jornada, en la planta de Gastroenterología. Ven a eso de las dos de la tarde a firmar y a hablar con la supervisora, a las tres empiezas.

Una llamada igual que esa la recibí a las doce de la mañana de un lunes de Junio. Nunca había estado en Gastro, ¿cómo iba a poder ayudar cuando me dijeran que preparase el material para una paracentesis si ni siquiera conocía dónde se encontraban los materiales? ¿Y cuándo me dijeran que cargara una bomba de Somatostatina?

Por suerte cuando fui al hospital y me encontré con la supervisora me comentó que por planilla no empezaba hasta tres días después. Pude ir a realizar un reciclaje “voluntario” para por lo menos no llegar de nuevas.

Esa suerte no es general. Se sigue llamando el mismo día desde bolsas de empleo para empezar en servicios en los que no has estado previamente, lo que es un sobreesfuerzo para el equipo más veterano del servicio y un gran estrés para el personal más novato.

Mi consejo para todas las enfermeras y auxiliares que empezáis a trabajar es que no tengáis miedo de preguntar. No penséis que quedáis mal por hacerlo o que vais a parecer unos pesados. Más vale que pienses que preguntas demasiado a terminar cometiendo un error (que puede ser grave) por no hacerlo.

Pau Matalap recuerda en su entrada el caso de una enfermera nueva en una UCI neonatal que, en su primer día, provocó la muerte de un neonato al administrar nutrición enteral por un vía intravenosa. Este caso lo recordamos muchos y es muy extremo, pero nos vale para darnos cuenta de lo fácil que es cometer un error con graves consecuencias.

Ser buena enfermera te lo da la experiencia y tod@s, absolutamente tod@s, hemos sido nuevos en una o en varias ocasiones. Por ello los veteranos tienen la responsabilidad de ayudar a que las nuevas enfermeras puedan adquirir en poco tiempo la seguridad y los conocimientos específicos de cada servicio.

Anécdotas sanitarias Vol 3

Mi sala de donación se encuentra en la planta baja de un centro de especialidades, la planta donde se encuentra el hall principal, admisión, atención al paciente… Vamos, la planta por la que pasan los pacientes de todas las consultas.

Las anécdotas que cuento en la entrada de hoy son algunas de las que me ocurren o escucho cuando salgo al hall a tomarme un descanso, a sacarme un café de la máquina o a averiguar si entre los pacientes y acompañantes de ese día encuentro candidatos que puedan ser donantes de sangre.

No sé si alguien puede pensar que es un lugar aburrido. Cualquier chaqueta verde, personal administrativo o de seguridad puede dar fe de que es todo lo contrario.

He visto a pacientes liándose a puñetazo limpio por el turno de admisión; a pacientes que te pegan su tarjeta sanitaria literalmente en la cara y te chistan para preguntar por su cita; pacientes que preguntan desesperadamente por los baños cuando los tienen justo a un metro; gente perdiendo los nervios y por supuesto, mucha gente normal que no da lugar a ninguna situación surrealista.

Una de las complicaciones que sufren los pacientes que acuden a la tercera planta es preguntar por la consulta de Otorrinolaringología. No me extraña, ¡es bastante difícil no trabarse o desistir en el intento! Entre esas muchas situaciones de personas esforzándose por preguntar por esa especialidad hubo una que se superó y me dijo:

-Buenos días, venía a la consulta del Ornitólogo. ¿A qué planta tengo que ir?

Al ver que no tenía mucha pinta de ave, le pregunté si se refería al “Otorrino”. Sé que no es fácil, pero no os preocupéis, lo digáis como lo digáis os vamos a entender.

Otra pregunta que me resultó igual de chocante fue la que me hizo una paciente que tendría unos 25 y 30 años:

-Tengo revisión con el tocólogo, ¿dónde pasa consulta?

¿Tocólogo? Seguro que much@s de los que leeréis esta entrada conocíais ya ese término, pero para mí, que cursé la LOGSE, era algo que no había escuchado en mi vida. La palabra es descaradamente intuitiva, eso sí.

Tras saber que se estaba refiriendo a la consulta de Ginecología y Obstetricia, me puse a pensar en cómo una mujer con una edad similar a la mía podía usar esa palabra.

Por último y dejando a un lado los términos utilizados por pacientes, me estoy acordando de una anécdota más graciosa.

Mientras la máquina me preparada un café Premium (recalco lo de Premium), se encontraban cerca una madre y su hijo de unos tres años. Un niño que no paraba de moverse de un lado para otro y que terminó siendo inmovilizado por su madre.

Fue entonces cuando estaba en brazos, que me mira y, tras dudar unos segundos, empieza a gritar mientras me señala:

-¡Es papá! ¡Papá!

La madre no sabía dónde meterse. Empezó a ponerse colorada y a corregir al peque. No, aquel enfermero de pijama blanco no era su padre.

Hace un año hubo una racha en la que mucha gente me decía que me parecía a Alberto Garzón cuando Podemos e IU se unieron y salía cada día por la tele (aunque sólo nos pareciéramos en la barba que la llevaba diferente y más oscura, y en el pelo). Pero sin duda, lo de parecerme a un padre tanto como para confundirme con él…¡eso es otro nivel!

Tenéis más anécdotas sanitarias aquí https://perdidue.com/2017/02/02/anecdotas-sanitarias/ y aquí https://perdidue.com/2017/03/27/anecdotas-sanitarias-vol-2/

Como siempre espero sacaros una sonrisa y siento si os dejo con ganas de más.

¡Gracias por leerme!