Conociendo al donante de sangre.

Siempre que una persona llega a mi sala a donar sangre tengo claro que el protagonista de mi trabajo no voy a ser yo. Va a ser el que pone la vena, el que decide ayudar a los demás sin esperar nada a cambio.

Para mí es un placer poder ponerle cara a la persona que hay detrás de cada donación, y de paso, hacerles unas preguntas relacionadas con sus experiencias como donantes.

Empezamos la primera de las entrevistas con una donante muy especial para mí. Ella es Cristina,  historiadora del arte de 26 años que empezó a donar sangre regularmente hace unos tres años. Cada vez que acude a donar cada 4 meses lo hace con muchos nervios, ¡pero con una gran sonrisa!

Las personas como ella, que no llevan muy bien los pinchazos y se atreven a dar el paso, tienen mucho mérito.

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¿Cuándo empezaste a donar sangre? ¿Cómo surgió?

Empecé a donar sangre hace tres años, y, siendo sincera fue porque tú habías empezado a trabajar como enfermero de donaciones, y eso me animó, ya que antes de eso yo era la típica persona con pánico a las agujas; si los análisis para mi eran una tortura, donar sangre era impensable para mí. Pero pensé: “Bueno, hay confianza, sé que es buen profesional, y qué mejor para empezar con algo que me da tanto miedo, que con alguien conocido. Y además, ayudo a alguien que necesite mi sangre.”

¿Qué te motiva para donar sangre regularmente?

Me motiva saber que estoy ayudando a alguien, que el pequeño esfuerzo que supone ir a donar puede salvar la vida a alguien, ayudarle a salir adelante.

¿Qué aspectos positivos valoras más en una sala de donantes?

No considero que sea lo más importante a la hora de donar, pero puestos a decir algo, diré que cuánto más cómodos son los sillones, mejor, y por supuesto, se agradece que el profesional que te está extrayendo la sangre sea amable y esté un poco pendiente, por lo menos en mi caso.

Hay dos tipos de personas en una donación: las que miran cómo les pinchan y las que no miran, ¿a cuál perteneces?

Como ya he dicho, antes me daban pánico las agujas. Para mí conseguir donar con total normalidad ha supuesto un gran paso, pero aún así, no me gusta mirar cómo me pinchan. Luego sí que echo alguna mirada a cómo sale la sangre, a la bolsa y a la báscula, pero ni cuando me pinchan ni cuando sacan la aguja ¡quita, quita, qué repelús!

¿Qué le dirías a todas esas personas que no dan el paso de donar por miedo a la extracción? Al pinchazo vaya.

Pondría mi ejemplo. Siempre que tenía que hacerme análisis iba como un flan y normalmente me mareaba, pero una vez reúnes el valor suficiente para donar, se hace un gesto sencillo, y los análisis ya son pan comido. Simplemente hay que pensar en otra cosa en el momento del pinchazo y durante la donación, lo mismo, no estar pensando en lo que estás haciendo, ¡pide a tu enfermera/o que te de conversación y será todo mucho más sencillo! Además, si piensas en que esos 15 minutos de tu tiempo y ese pequeño “sufrimiento” sirven para ayudar a alguien, se hace mucho más sencillo. Además, les diría que se den un pequeño homenaje después, y vayan a recuperar fuerzas comiendo algo rico, ¡hay que recompensar el esfuerzo!

¿Crees que hay una concienciación suficiente sobre la importancia de la sangre?

Creo que relativamente. Posiblemente sea algo que hay que inculcar desde que somos más jóvenes: la importancia de que cuando podamos, donemos. Quizá dar más visibilidad a los usos que se le dan a la sangre, las cantidades necesarias para determinadas operaciones, tratamientos, etc, puesto que puede que así la gente se haga una mejor idea de lo necesaria que es nuestra sangre.

Sí que es verdad que actualmente con campañas como la de Pablo Ráez se ha dado más visibilidad a la importancia de hacerse donante, pero bajo mi punto de vista, aún queda mucho camino por recorrer.

¿Tienes alguna anécdota que te ocurriera en una sala de donantes?

Ya han pasado tres años desde que comencé a donar, y eso ha supuesto seis donaciones de sangre y una por aféresis, y esas experiencias han dejado alguna anécdota para comentar.

Normalmente voy a donar con una de mis mejores amigas, que para mí ya es mi compañera de donaciones, y cuando donamos juntas parece que echamos carreras a ver quién tarda más y cuál de las dos máquinas da más pitiditos por lo lenta que sale nuestra sangre.

Y relacionado con la calma con la que mi sangre sale, cuando fui a donar por aféresis (una donación de una hora aproximadamente) periódicamente la máquina se quejaba de ello, y la enfermera tenía que venir cada vez que la máquina decidía poner banda sonora a base de pitidos para quejarse de que mi sangre no iba lo suficientemente rápido para ella. Era curioso, porque en la sala había otras dos o tres personas realizando el mismo procedimiento, y ellos estaban tan tranquilos, y sus máquinas igual.

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Cris durante su donación de plasma y plaquetas por aféresis en el Centro de Transfusiones de la Comunidad de Madrid

Y otra anécdota es la que tiene que ver con la primera vez que doné, en la que yo no sé quién estaba más nervioso, si mi enfermero sabiendo mis antecedentes con las agujas, o yo por haber conseguido atreverme.

Termino recomendando a todo el mundo que done, es un pequeño esfuerzo y una gran ayuda para alguien. Una vez dones, el resto de pinchazos no son nada, y además, es genial sentir que estás ayudando a alguien. ¡Todo son ventajas!

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Por qué no puedo donar sangre si…

…peso menos de 50kg.

Una persona adulta tiene de media unos 5-6 litros de sangre en su cuerpo.  Sin embargo, esta cantidad disminuye en las mujeres y hombres con un peso cercano a los 50kg.

Teniendo en cuenta que en una donación no se debe extraer más del 13% de la cantidad de sangre total, un donante con el peso por debajo de ese mínimo tiene más posibilidades de sufrir incidencias relacionadas con reacciones vasovagales, lipotimias y mareos, además de favorecer la aparición de anemia relacionada con la donación.

…me acabo de hacer un tatuaje o un piercing hace poco.

Aunque cada vez hay más control sanitario en los estudios donde se realizan, no se puede dejar de lado nunca la posibilidad de contagio de una enfermedad vírica por el uso de material mal esterilizado, haber compartido tinta o agujas, falta de limpieza, etc.

El tiempo de exclusión para donar es de cuatro meses desde la visita al estudio o particular donde se hayan realizado. ¿Por qué cuatro meses?

Este es el tiempo en el que se puede asegurar que se ha superado el periodo ventana de la mayoría de virus, como el VIH o el de la Hepatitis B o C.

El periodo ventana es el intervalo de tiempo en el cual un virus puede estar en nuestro organismo sin ser detectado aunque extraigamos análisis específicos. Entender lo que significa esto es muy importante para comprender muchas de las exclusiones que se dan.

En este apartado de exclusiones están incluidos los pendientes en orejas, aunque sea en farmacias, y la acupuntura (la única excepción si la persona lleva sus propias agujas o se asegura de que el acupuntor utiliza agujas estériles que sean desechadas al terminar la sesión).

…tomo alguna medicación.

En principio estar tomando un fármaco de manera habitual o puntual no es causa misma de exclusión, sino que vendrá determinada por la patología de base.

Por este motivo estar tomando un antibiótico no excluye por el tratamiento, sino porque su pauta indica que hay una infección y hay que esperar a que el organismo se haya recuperado completamente. Desde la última toma del antibiótico hay que esperar dos semanas para poder donar.

Una de las medicaciones más habituales en las donantes es el Eutirox, con motivo de padecer hipotiroidismo. Siempre y cuando  este trastorno no esté producido por una enfermedad grave se puede donar sangre sin problemas (aunque la causa sea la tiroiditis de Hashimoto).

Otras medicaciones habituales que nos encontramos en muchos donantes son las utilizadas para el control de colesterol, el ácido úrico o la diabetes tipo 2. No suponen exclusión.

En cambio la diabetes tipo 1, insulinodependiente, supone una exclusión definitiva.

La medicación para tratar la hipertensión arterial no impide la donación, siempre y cuando no se superen los dos fármacos diarios que indicarían que la patología es grave. Además tendrá que presentar una tensión aceptable cuando sea tomada por el encargado de la revisión en la sala de donantes. La tensión sistólica o”alta” no debe llegar a 180mm/Hg y la diastólica o “baja” hasta los 100mmHg, teniendo en cuenta si una subida puede tener relación con el estado emocional o nerviosismo del donante.

Cuando se ha tomado medicación para tratar molestias, dolor o inflamación hay que avisar siempre al responsable de la colecta. Si bien estos fármacos (antiinflamatorios no esteroideos generalmente) no suponen exclusión, si que pueden modificar la coagulación y la función plaquetaria. En el fraccionamiento de los componentes sanguíneos posterior a la donación del que ya hemos hablado en entradas anteriores, el concentrado de plaquetas no se utilizará. Sí lo harán los hematíes y el plasma.

Fármacos que van a excluir siempre hasta el final de su administración son los suministrados para tratar el acné y la alopecia (finasterida, Proscar, Propecia, Roacután, etc). El motivo es que pueden provocar malformaciones en un feto (medicación teratógena) por lo que no nos podemos arriesgar a que esa sangre pueda terminar en una paciente embarazada.

Las pastillas tomadas para tratar la depresión o la ansiedad, o ambas, no excluyen para donar siempre y cuando el donante se encuentre bien el día que quiera dar sangre. No hay que forzarse nunca a donar, si se piensa que ese día no es el más adecuado es mejor dejarlo para otro. ¡La sangre va a hacer falta siempre!

Los antihistamínicos pautados con motivo de presentar síntomas por alergias no excluyen. Sí hay que tener en cuenta el asma: si es leve se puede donar aún con tratamiento, si se presentan dificultades respiratorias moderadas o fatiga hay que esperar a que esté más controlado. Una espera de un mes  de mejoría clínica y de hasta un año si ha tenido que acudir a urgencias por un cuadro asmático grave.

Voy a necesitar varias entradas para profundizar más en las distintas exclusiones…¡así que vamos poco a poco!

Gracias por leerme una vez más y ya sabéis, preguntadme todas vuestras dudas sobre la donación de sangre por aquí, Twitter (@perdidueblog) e Instagram (@perdidue).

¿Dona mucha gente?

Aquí tenemos otra de las preguntas recurrentes entre los donantes.

Como comenté en mi entrada sobre la importancia de donar sangre, parece que el número de chuletones donados ha aumentado, acercándonos en la Comunidad de Madrid, que precisa una media de novecientas donaciones diarias, al autoabastecimiento.

Un aumento de la concienciación, campañas, maratones y donantes habituales que dan su sangre más de una vez al año han conseguido que las reservas de varios grupos sanguíneos no se vean en niveles de urgencia tan a menudo como ocurría hace uno o dos años. 

Ahora bien, siempre que comento esto añado que no hay que bajar nunca la guardia porque la sangre no es que se gaste, sino que vuela.

Para ejemplificar esta afirmación y ya que una imagen suele valer más que mil palabras, he pedido permiso a varios amigos y amigas que se han acercado varias veces a mi sala de donantes y cuyas donaciones tengo la manía de inmortalizar.

Os presento a 31 donaciones de sangre:

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Parecen muchas, ¿no? Son treinta y una donaciones de once donantes diferentes y que suponen en total un tiempo de extracción de unas cinco horas, a las que hay que sumar unas dos horas más de completar sus cuestionarios y pasar la entrevista.

Podría haber puesto más fotos que tengo guardadas pero he querido dejarlo en estas cifras porque son las que suponen un caso grave de un paciente con aneurisma de aorta.

Un aneurisma consiste en una dilatación en la pared de una arteria. Esta dilatación localizada hace que esa pared se debilite y corra el riesgo de romperse.

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La rotura de un aneurisma supone una emergencia vital, con una alta mortalidad y que hace temblar las reservas de un hospital ya que, como podéis imaginar, la cantidad de volumen sanguíneo que se va a perder es brutal.

Dependiendo de la gravedad y localización, siendo la aorta abdominal la más afectada generalmente, esta patología se suele llevar una media estimada de 20-30 concentrados de sangre para el paciente.

Casos como este son los que ponen a prueba las reservas y nos dan una lección: aunque las reservas de una Comunidad Autónoma se encuentren en niveles óptimos, es muy fácil que bajen si se dan varias emergencias que necesiten de decenas de concentrados.

Entre todos los hospitales y clínicas se suman numerosas emergencias cada día: accidentes con vehículos, hemorragias digestivas, partos complicados, accidentes cardiovasculares, intervenciones quirúrgicas complejas…

Todo esto sin mencionar a los pacientes que se llevan actualmente un tercio de las donaciones, los pacientes oncológicos.

Respondiendo a la pregunta inicial, sí, dona mucha gente, miles de personas, aunque necesitamos mucho más. Un empujón continuo que no deje descender los niveles óptimos y que nos muestre siempre una imagen:

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Pasar de tener todo de color verde a color amarillo es muy fácil, pasar de amarillo a rojo, todavía más.

Gracias como siempre, os espero en Twitter (@perdidueblog) e Instagram (@perdidue).

Foto de cabecera: colas para donar sangre que se formaron tras el 11M.

 

 

Donación de médula: la gran desconocida.

El año 2016 ha tenido un gran protagonista en el mundo de las donaciones en nuestro país, un señor llamado Pablo Ráez.

Este joven malagueño, en su lucha contra la leucemia que padece, no se ha conformado sólo con visibilizar su proceso, sino que además ha conseguido algo que no es nada fácil, concienciar sobre la importancia de donar.

Antes del “efecto Pablo Ráez” eran pocos los donantes de sangre que me mostraban su interés y sus dudas sobre la donación de médula. Sin embargo, a partir de agosto del año pasado llegué a tener rachas de recibir preguntas todos los días y especialmente de los donantes nóveles, lo cual es algo maravilloso.

Las cuestiones que me planteaban evidenciaban algo que ya me olía de antes y es lo que da título a la entrada, que la donación de médula sigue siendo una gran desconocida.

Puedo afirmar que nueve de cada diez personas que se han interesado en esta donación han continuado con un “pero me da miedo”. Un miedo relacionado con pasar por el quirófano y con la punción lumbar.

Así es, la mayoría de las personas confunde la médula ósea con  la médula espinal. De ahí esa relación que tienen asociada de la donación con un pinchazo en la columna vertebral y posibles lesiones nerviosas.

Sobre este aspecto tenemos que insistir mucho. Debemos explicar la diferencia entre ambas médulas y por qué la que buscamos es la que se encuentra en el interior de los huesos. A modo de diferenciación básica:

Médula espinal: pertenece al sistema nervioso central. Comunica el encéfalo con el resto del cuerpo enviando los impulsos nerviosos a través del canal que protege la columna vertebral.

Médula ósea: Tejido esponjoso encargado de la formación de las células sanguíneas (glóbulos blancos, glóbulos rojos y plaquetas).

Los pacientes con leucemias, algunos casos de linfomas o con síndromes mielodisplásicos que llegan al punto de necesitar un trasplante, lo precisan porque su propia médula ósea no es capaz de formar nuevas células sanguíneas sanas, produciendo células malignas de forma descontrolada o demasiado inmaduras en el caso de los síndromes mielodisplásicos.

En este punto nos encontramos con un gran obstáculo, el de buscar una médula compatible. Se calcula que entre hermanos el porcentaje de compatibilidad es de un 25%… ¡imaginaos si hablamos de personas que no tienen ninguna relación de parentesco! Esta probabilidad va a ser de 1 entre 40.000 o lo que es lo mismo, un 0.000025%.

Con un porcentaje así podemos decir que encontrar un donante es comparable a que al receptor le tocase “El Gordo” por Navidad.

¿Cómo se extrae la médula ósea?

Si alguien tiene la gran suerte de ser llamado para darle una oportunidad a un paciente con leucemia, en la fase de la extracción se va a encontrar con dos opciones:

-Aféresis: Es el método de extracción más habitual en la actualidad. Unos días antes de la donación se nos administra un fármaco que consigue que las células de la médula ósea (progenitores hematopoyéticos) se encuentren disponibles en buena cantidad en nuestra sangre.

La aféresis va a llevar un tiempo de entre cuatro y seis horas aproximadamente. A través de una vena canalizada en un brazo la sangre llegará a una máquina que se encargará de filtrarla y quedarse con las células que necesitan, retornando a nuestro cuerpo por otra vena que también estará pinchada.

-Punción en Crestas Ilíacas (Pelvis): Esta segunda opción se realiza cuando la aféresis no se puede llevar a cabo en el donante o la extracción va a beneficiar más al paciente, algo que ocurre más o menos en el 20% de los casos.

Se realiza en quirófano bajo anestesia general o epidural y consiste en la aspiración de la médula mediante unos pinchazos. Después del procedimiento el donante tendrá que quedarse ingresado en el hospital el resto del día en observación como mero trámite.

Como habéis visto el 80% de las donaciones de médula ósea que se realizan en España se hacen por aféresis, un procedimiento relativamente sencillo, que no precisa ingreso hospitalario y sin consecuencias para nuestro organismo ya que nuestra sangre retorna al cuerpo evitando que se favorezca  la anemia.

En cuanto a la segunda opción, mucho menos usada en la actualidad, insisto, tenemos un procedimiento seguro que como mucho nos va a provocar molestias leves en el punto de punción durante un día o dos.

Las molestias que podamos tener y el tiempo invertido no son nada en comparación con darle a una persona la posibilidad de poder curarse de su enfermedad, de poder vivir y pensar en el futuro.

Por último, os pido que si decidís dar el paso y os apuntáis al Registro de Donantes de Médula Ósea (REDMO) lo hagáis convencidos y sin ninguna duda sobre ello. Lo digo porque me he encontrado con noticias en las que familias de pacientes han denunciado que el donante que había resultado compatible se ha echado para atrás en el último momento.

Por último, os comento que podéis apuntaros como donantes de médula hasta los 55 años. Todas las dudas que podáis tener sobre las exclusiones u otros temas relacionados no dudéis en escribírmelas en el Blog, en Twitter (@perdidueblog) o en Instagram (@perdidue).

Muchas gracias por leerme y ya sabéis, todo el mundo a donar o a fomentar ésto de donar esperanzas, ¡de regalar vida!

 

Foto de cabecera: Fundación Josep Carreras