Donación de médula: la gran desconocida.

El año 2016 ha tenido un gran protagonista en el mundo de las donaciones en nuestro país, un señor llamado Pablo Ráez.

Este joven malagueño, en su lucha contra la leucemia que padece, no se ha conformado sólo con visibilizar su proceso, sino que además ha conseguido algo que no es nada fácil, concienciar sobre la importancia de donar.

Antes del “efecto Pablo Ráez” eran pocos los donantes de sangre que me mostraban su interés y sus dudas sobre la donación de médula. Sin embargo, a partir de agosto del año pasado llegué a tener rachas de recibir preguntas todos los días y especialmente de los donantes nóveles, lo cual es algo maravilloso.

Las cuestiones que me planteaban evidenciaban algo que ya me olía de antes y es lo que da título a la entrada, que la donación de médula sigue siendo una gran desconocida.

Puedo afirmar que nueve de cada diez personas que se han interesado en esta donación han continuado con un “pero me da miedo”. Un miedo relacionado con pasar por el quirófano y con la punción lumbar.

Así es, la mayoría de las personas confunde la médula ósea con  la médula espinal. De ahí esa relación que tienen asociada de la donación con un pinchazo en la columna vertebral y posibles lesiones nerviosas.

Sobre este aspecto tenemos que insistir mucho. Debemos explicar la diferencia entre ambas médulas y por qué la que buscamos es la que se encuentra en el interior de los huesos. A modo de diferenciación básica:

Médula espinal: pertenece al sistema nervioso central. Comunica el encéfalo con el resto del cuerpo enviando los impulsos nerviosos a través del canal que protege la columna vertebral.

Médula ósea: Tejido esponjoso encargado de la formación de las células sanguíneas (glóbulos blancos, glóbulos rojos y plaquetas).

Los pacientes con leucemias, algunos casos de linfomas o con síndromes mielodisplásicos que llegan al punto de necesitar un trasplante, lo precisan porque su propia médula ósea no es capaz de formar nuevas células sanguíneas sanas, produciendo células malignas de forma descontrolada o demasiado inmaduras en el caso de los síndromes mielodisplásicos.

En este punto nos encontramos con un gran obstáculo, el de buscar una médula compatible. Se calcula que entre hermanos el porcentaje de compatibilidad es de un 25%… ¡imaginaos si hablamos de personas que no tienen ninguna relación de parentesco! Esta probabilidad va a ser de 1 entre 40.000 o lo que es lo mismo, un 0.000025%.

Con un porcentaje así podemos decir que encontrar un donante es comparable a que al receptor le tocase “El Gordo” por Navidad.

¿Cómo se extrae la médula ósea?

Si alguien tiene la gran suerte de ser llamado para darle una oportunidad a un paciente con leucemia, en la fase de la extracción se va a encontrar con dos opciones:

-Aféresis: Es el método de extracción más habitual en la actualidad. Unos días antes de la donación se nos administra un fármaco que consigue que las células de la médula ósea (progenitores hematopoyéticos) se encuentren disponibles en buena cantidad en nuestra sangre.

La aféresis va a llevar un tiempo de entre cuatro y seis horas aproximadamente. A través de una vena canalizada en un brazo la sangre llegará a una máquina que se encargará de filtrarla y quedarse con las células que necesitan, retornando a nuestro cuerpo por otra vena que también estará pinchada.

-Punción en Crestas Ilíacas (Pelvis): Esta segunda opción se realiza cuando la aféresis no se puede llevar a cabo en el donante o la extracción va a beneficiar más al paciente, algo que ocurre más o menos en el 20% de los casos.

Se realiza en quirófano bajo anestesia general o epidural y consiste en la aspiración de la médula mediante unos pinchazos. Después del procedimiento el donante tendrá que quedarse ingresado en el hospital el resto del día en observación como mero trámite.

Como habéis visto el 80% de las donaciones de médula ósea que se realizan en España se hacen por aféresis, un procedimiento relativamente sencillo, que no precisa ingreso hospitalario y sin consecuencias para nuestro organismo ya que nuestra sangre retorna al cuerpo evitando que se favorezca  la anemia.

En cuanto a la segunda opción, mucho menos usada en la actualidad, insisto, tenemos un procedimiento seguro que como mucho nos va a provocar molestias leves en el punto de punción durante un día o dos.

Las molestias que podamos tener y el tiempo invertido no son nada en comparación con darle a una persona la posibilidad de poder curarse de su enfermedad, de poder vivir y pensar en el futuro.

Por último, os pido que si decidís dar el paso y os apuntáis al Registro de Donantes de Médula Ósea (REDMO) lo hagáis convencidos y sin ninguna duda sobre ello. Lo digo porque me he encontrado con noticias en las que familias de pacientes han denunciado que el donante que había resultado compatible se ha echado para atrás en el último momento.

Por último, os comento que podéis apuntaros como donantes de médula hasta los 55 años. Todas las dudas que podáis tener sobre las exclusiones u otros temas relacionados no dudéis en escribírmelas en el Blog, en Twitter (@perdidueblog) o en Instagram (@perdidue).

Muchas gracias por leerme y ya sabéis, todo el mundo a donar o a fomentar ésto de donar esperanzas, ¡de regalar vida!

 

Foto de cabecera: Fundación Josep Carreras

 

 

 

 

 

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¿Es verdad que donando sangre salvo tres vidas?

En  los diez minutos de media que suele durar la extracción de una donación de sangre me han planteado muchas dudas. Hoy voy a referirme a una en particular y es la que protagoniza el título de la entrada.

Es verdad, con vuestra sangre pueden mejorar su salud hasta tres personas diferentes, pero ¿por qué  es así si al finalizar la donación, sólo hemos extraído una bolsa de 450 ml?

Al contrario de lo que piensan muchas personas, una transfusión no se realiza con la sangre que hemos extraído en el punto de donación tal cuál (sangre total),sino que ésta va ser fraccionada en tres componentes: glóbulos rojos, plasma y plaquetas.

El fraccionamiento se va a llevar a cabo en los centros de transfusiones de cada Comunidad y tiene un objetivo clave: el de concentrar los componentes.

Cuando un paciente necesita una transfusión, por lo general, no necesita subir todos los niveles de células. En función de su patología de base, de su enfermedad o situación, le habrán bajado unos niveles u otros.

Además al fraccionar vamos a poder concentrar los componentes con los de otros donantes para que la transfusión sea mucho más efectiva. Pongamos el ejemplo particular de las plaquetas:

El volumen máximo de sangre que se puede donar por ley es de 450 ml. En esta cantidad de sangre vamos a extraer plaquetas aunque en una cantidad insuficiente para un paciente con trombocitopenia (plaquetas bajas en sangre). Para que ese paciente muestre mejoría necesita como mínimo las plaquetas de cinco o seis donaciones de sangre.

Gracias a las técnicas de laboratorio será posible hacer un “pool”, es decir, una  mezcla de las plaquetas procedentes de varias donaciones de distintas personas.

Hay que destacar que cada componente una vez preparado va a tener una fecha de caducidad diferente dependiendo de cuál sea:

  • Concentrado de hematíes: Se mantiene hasta 40 días.
  • Concentrado de plaquetas: Hasta 5 días.
  • Plasma: Se puede mantener congelado hasta 12 meses.

Os invito a que en vuestras próximas donaciones le pidáis a las enfermeras o enfermeros que os atiendan que os muestren las tres bolsas que acompañan a la que se va a llenar de vuestros 450 mililitros.

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Bolsa de donación con sangre total acompañada de las tres bolsas que se usarán en el fraccionamiento.        Foto propia.

En mis próximas entradas detallaré en profundidad los usos de los diferentes concentrados pero espero que os haya ayudado a entender un poco mejor la donación de sangre y de por qué vuestros “chuletones” pueden acabar en una, en dos o hasta en tres personas.

Todas las dudas que tengáis sobre la donación, no dudéis en consultármelas en el blog, mi e-mail de contacto ( perdidueblog@gmail.com) , mi cuenta de Instagram (@perdidue) o en mi cuenta de Twitter(@perdidueblog).

Gracias por leerme.