Cómo lograr ser enfermero militar sin morir en el intento.

¡Hola, futuros cadetes! En primer lugar, quiero daros la enhorabuena por la decisión que habéis tomado de querer formar parte de nuestras Fuerzas Armadas. Es una decisión de la que os aseguro que no os arrepentiréis jamás.

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Tte Pérez. Autora de esta colaboración.

Me gustaría contaros un poco el recorrido de este largo y constante esfuerzo que personalmente yo realicé para conseguir pasar a formar parte de la sanidad militar. Comenzaré contando que yo me encontraba trabajando en una residencia geriátrica en el turno de mañana, luego sólo me quedaban las tardes para dedicarme en cuerpo y alma a estudiar. Es verdad que fue un año muy duro, pero al final cogí el hábito de no levantarme de la silla en toda la tarde. Quizá eso es lo más importante, que creas una costumbre que siempre va acompañada de toda la ilusión del mundo por alcanzar tu objetivo.

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Cabe mencionar que, tras suspender una segunda vez, tomé la mejor decisión de mi vida que fue pedir ayuda a la que hoy por hoy es la mejor academia dedicada a esta oposición. Fue entonces cuando me prometí que ése era el último año que suspendía y acudí a Rota Premier. Es el mejor centro de toda España, ya que demuestra con estadísticas anuales que los profesores y el temario allí impartido es inmejorable. Además, me sentí muy arropada porque se vuelcan con todos y cada uno de nosotros. Nunca podremos agradecerles todo lo que hicieron por mí y por cada uno de mis compañeros.

El último año de oposición fue muy duro, para qué nos vamos a engañar. Sufres, lloras, pataleas, un día te sientes inseguro y al día siguiente te comes el mundo…esto va así. Pero no es malo, quiere decir que continúas con la carrera y que estás dando el 200%. En momentos así cabe reconocer que rodearte del apoyo de seres queridos como padres, hermanos o abuelos, es fundamental. En mi caso, ellos estuvieron día a día conmigo, apoyándome y aguantando llantos y pataletas porque un examen tipo simulacro no me había salido todo lo bien que esperaba. No os preocupéis, como ya he dicho anteriormente, esto se trata de una carrera de fondo y hay que persistir, resistir y nunca desistir. La lucha que se pierde es la que se abandona.

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Una vez que la oposición está encima, solo queda tranquilizarse y demostrar todo lo que sabes y todo lo que has trabajado esos años. Muchas veces, se trata de actitud más que de aptitud, aunque es cierto que la combinación de ambas es la que lleva a la victoria. Por eso hay que trabajar duro y demostrarte a ti mismo que puedes con ello y más. Un 10 de julio de 2017, un profesor me dijo: “solo cuando la ilusión es mayor que el miedo, se consiguen todos aquellos propósitos que nos marquemos”. Y qué cierto fue, porque realmente debes demostrar las ganas que tienes de estar ahí y de ser un compañero más de nuestra preciosa enfermería militar. Con todo esto, lo que vengo a decir es que jamás hay que tirar la toalla, debemos seguir adelante, porque como bien dice la máxima guerrillera: “Que tu cuerpo y tu mente estén siempre listos; cuando tu cuerpo diga ¡basta!, tu mente debe decir ¡adelante!

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Una vez que hemos alcanzado nuestro sueño, la carrera continúa. No os penséis que el año que viene por delante va a ser menos duro por el mero hecho de ser cadetes de los Cuerpos Comunes, ¡la fiesta no para! En primer lugar, se realiza un recorrido por todas las Academias pertenecientes a cada uno de los ejércitos, a saber: ejército de Tierra, ejército del Aire y Armada. Tras estos cuatro meses en los que haces y deshaces maletas continuamente, recibes una formación militar que está llena de momentos muy duros pero que también está llena de momentos que yo jamás cambiaría por nada. Realizas maniobras, saltos en piscina, ejercicios de tiro, mucho deporte, y lo más importante: valores militares. Pero todo esto, lo iréis descubriendo por vosotros mismos. Es un año de experiencias completamente nuevas y enriquecedoras que hacen que, más que compañeros, te lleves amigos de por vida.

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Después de esta etapa, llega la formación específica de sanidad militar. Cada especialidad tiene su propio temario y sus clases individuales, aunque luego compartimos muchas horas de estudio y deporte. Después de casi once meses, no sois una promoción, sino una gran familia. Una de las miles de ventajas que tiene esta profesión es que conoces muchísima gente y cada uno de una punta de España, luego el alojamiento de tus futuras vacaciones siempre estará asegurado.

En mi caso salí hace menos de un mes como Teniente enfermera y ya echo muchísimo de menos a todos mis compañeros.

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Para despedirme, solo deciros que espero no haberos aburrido mucho. Simplemente quería contaros un poco por encima la experiencia que supone formar parte del Cuerpo Militar de Sanidad y, mejor aún, si la especialidad es ENFERMERÍA. Esto ha sido una introducción de todas las batallitas que os esperan y que jamás olvidaréis. Disfrutad del camino. Os deseo toda la suerte del mundo, mucho ánimo y a por todas.

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La primera parada cardiorrespiratoria que presencié.

La primera parada cardiorrespiratoria  que presencié fue con 19 años, en el verano en el que iba a pasar de 1º a 2º de Enfermería. Estaba trabajando como ordenanza en un hospital  en el que había comenzado a hacer las prácticas en plantas de hospitalización.

Una mañana, como otra cualquiera, en la que me encontraba en el hall principal recibiendo a los pacientes, dándoles información o esperando para acompañar a alguno a planta para efectuar un ingreso, todo se revolucionó en un instante. Dos estudiantes de medicina de intercambio que pasaban por allí me dijeron en un castellano muy regular “oye, creo que a ese señor le pasa algo”. Y sí le pasaba algo, sí…

Al localizar al hombre, que estaba en el hospital visitando a un familiar, vi como se llevaba las manos al pecho mientras pedía ayuda. Las compañeras de información llamaron enseguida a los intensivistas y a los médicos de urgencias, mientras tanto me acerqué a él con la intención de ayudarle. “No puedo respirar, me muero, me estoy muriendo”. No paraba de repetirlo una y otra vez. A su lado su mujer con una crisis de ansiedad. Todo un cuadro.

La diferencia corporal entre ese señor y yo era de unos 80kg y más de 20cm, a duras penas le conseguí meter en el ascensor que llevaba al servicio de Urgencias y ahí terminó de desplomarse. Estábamos solos, él ya estaba en parada(aunque yo no lo sabía) y, aún conociendo la teoría de  todo lo que se debe hacer, me sentía muy impotente. Observé que comenzó a expulsar por la boca un líquido que no había visto antes, similar al de un vino rosado. Le coloqué en posición lateral para que no se broncoaspirase, aunque ahora creo que en ese momento ya era lo de menos.

En cuanto se abrieron las puertas del ascensor ya estaban esperando unas diez personas entre celadores, enfermeras, médicos… le sacamos un poco más allá de la puerta y ahí mismo, en el suelo, comenzaron a aplicarle el masaje cardíaco. No había tiempo que perder. Acercaron bombonas de oxígeno, desfibrilador, pusieron unos separadores, varios maletines con todo el material necesario… y yo en la puerta del ascensor, bloqueándola, pálido, sin reaccionar, estaba en shock.

No sé cuánto tiempo estuve ahí observando la escena, perdí la noción completamente. Cuando volví en mí decidí irme, no iba a ayudar y en el hall se habían quedado las compañeras sin ordenanzas. Me enteré después que consiguieron sacar a aquel hombre de la parada y que estuvo ingresado bastante tiempo en el UCI. Diagnóstico: edema agudo de pulmón(de ahí ese líquido espumoso que observé) relacionado con infarto de miocardio.

Creo que no estamos preparados para la primera parada que vivimos. Creo que por mucho que nos hayan explicado todo lo que se debe hacer, si no se ha pasado por un buen simulador, el impacto que sufres puede ser tan mayúsculo que te deje bloqueado, como estaba yo.

Esa experiencia me ayudó bastante para el futuro. En la siguiente PCR que presencié, ya en planta como enfermero, supe mantener la cabeza fría y tener claras las prioridades y sobre todo, supe darme de cuenta de cuando ayudas y de cuando estorbas. ¿Por qué digo ésto? Cuando tenemos una emergencia todo el mundo quiere ayudar, todo el mundo quiere correr, a veces se genera un caos que no ayuda y que termina con los profesionales más experimentados realizando las maniobras de reanimación y el resto mirando.

Cuando me preguntáis si estaréis preparad@s como enfermer@s para vuestra primera parada os cuento todo ésto. Dependerá de vuestra formación en RCP, del medio en el que se de, y de la mente fría que tengáis, pero lo primero es lo primero: LLAMAR A LA EXTENSIÓN DE PARADAS QUE HAYA EN EL HOSPITAL y si os encontráis por la calle asegurad vuestra propia seguridad y la del paciente, llamad al 112 y comenzad las maniobras de RCP lo antes posible.

Como ya expliqué en Instagram, una vez que se está en parada el tiempo corre en nuestra contra de forma espectacular. Si no se reciben maniobras de RCP durante los primeros minutos, por mucho que luego se le saque, el paciente va a tener daño cerebral (el encéfalo consume mucho oxígeno y es muy vulnerable a la falta de éste).

Se calcula que tras 5-6 minutos en PCR sin masaje cardíaco, el daño cerebral es más que probable. A partir de los 10 minutos está asegurado. Formarnos bien y saber como actuar es fundamental.


 

He rescatado una foto de ese verano en el que estuve trabajando como ordenanza.

Diecinueve añitos… 

En los hospitales también existen los agradecimientos.

Cualquier persona que trabaje en un puesto de atención al cliente sabe que, cuando un usuario está descontento con un servicio que se le está ofreciendo, no tarda en comenzar las gestiones para que quede constancia de su sentimiento en forma de reclamación escrita u oral. Lo mismo pasa en sanidad.

Listas de espera surrealistas de varios meses entre una prueba y la consulta con los resultados, deficiencias en instalaciones, un mal trato por parte del personal sanitario, la frustración que siente un paciente al pensar que no están tomando en serio su problema, la percepción de que hace falta más personal, una mala praxis… Son algunas de las reclamaciones que recibe una sala de Atención al Paciente de cualquier hospital.

No se puede negar que este tipo de documentos orientan sobre el índice de satisfacción que tiene un centro hospitalario y puede mostrar qué deficiencias se pueden solucionar para dar un mejor servicio o ayudar a que un error no se vuelva a producir.

Hay que tener en cuenta que hay pacientes que pueden utilizar este procedimiento como un “arma”, llegando a amenazar con ir a Atención al Paciente si no se le da prioridad a su problema cuando, de forma objetiva, no tienen razón en su demanda.

Ahora bien, ¿qué pasa si después de nuestra visita al hospital no tenemos ninguna queja, sino todo lo contrario? ¿Se puede reflejar esa satisfacción por el trato y servicio que hemos recibido? La respuesta está de nuevo en Atención al Paciente y es afirmativa, sólo hay que decir que queremos dejar un agradecimiento.

Habrá gente que se preguntará si sirve para algo. Para nosotros/as supone un reconocimiento “oficial” del trabajo bien hecho y es un estímulo enorme ver como un paciente se toma las molestias de ir a registrarlo. Esto también es un indicador de la satisfacción del paciente, aporta mucho más que una reclamación y nos motiva y anima a seguir dando lo mejor de nosotros como sanitarios y como personas.

El personal que conforma un hospital tiene el compromiso, en general, de dar una buena atención asistencial, pero también el mejor trato humano que sea posible. Somos muchos y muchas las que intentamos dar un trato humanizado, y no siempre es fácil: a veces nuestra vida fuera del hospital nos puede afectar negativamente y tener un mal día, a veces la carga de trabajo parece que puede superarnos y no nos permite dedicaros el tiempo que nos gustaría, a veces salimos afectados de una habitación y tenemos que seguir visitando al resto de pacientes sin pararnos ni unos minutos…


Me gustaría animar a las personas que me leen a que no sólo tengan en cuenta el agradecimiento en el hospital, y también lo tengan en cualquier restaurante, hotel, tienda, museo, etc, en el que os  hayan tratado de maravilla.

Alegrarle el día y motivar todavía más a un buen trabajador está en nuestras manos también como clientes/usuarios/pacientes, y nos lleva muy poco tiempo.

¿Tiene derecho un instituto a frustrar el futuro de sanitarios con vocación?

Esta entrada va a ser muy personal, y surge a raíz de una publicación en Instagram en la que contaba como, al acabar 4º de la ESO, recibí una carta por parte del consejo escolar de mi instituto en la que me “sugerían” que cambiara la modalidad de bachillerato que tenía pensada (Ciencias de la salud) por la de Humanidades. La razón: mi dificultad para aprobar las asignaturas de matemáticas y física.

El día en el que leí la carta lo pasé llorando. Desde que tengo memoria siempre he querido dedicarme a la sanidad, SIEMPRE. Fui un niño que devoraba la serie “Érase una vez el cuerpo humano”, que cuando iba con mis padres de compras les pedía como regalos cds y libros cuya temática fuera alguna relacionada con el organismo.

Mis padres me han contado muchas veces como con menos de 10 años les decía de memoria el número de huesos que había en cada parte del cuerpo y… ¡hasta los Reyes Magos me trajeron un fonendoscopio! Además soy hijo y sobrino de dos enfermeras que son unas grandes referentes para mí.

Por todo esto, y porque no me imaginaba ningún otro futuro diferente al sanitario, me planteo diez años después de esa carta si no podrían haberme preguntado si estaba dispuesto a dar el 200% e intentar sacar esas asignaturas para tener la posibilidad, en selectividad, de meterme a enfermería.

Al final me reuní con la orientadora del centro, por mi cuenta, y me comentó que podría tener la opción de hacer un 2º de bachillerato sin matemáticas ni física y sí con biología, química y ciencias de la tierra. Así que volví a tener la esperanza de poder cumplir mi sueño. ¿Por qué no me hablaron de esa opción en vez de intentar destrozar mi vocación? Seguro que no lo hicieron con mala intención, pero los profesionales de la docencia que trabajan con adolescentes deberían tener cuidado en esos asesoramientos.

Diez años después de aquella carta llevo ya un lustro siendo un enfermero que está feliz cada vez que se pone su pijama. Disfruto de una profesión en la que me muestro como soy, que me permite conocer día tras día a gente increíble,que me ha hecho cambiar mi mentalidad, eliminando prejuicios y valorando lo que realmente importa en esta vida: la salud, por mucho que suene a tópico. 

Me sorprendió recibir varios mensajes de compañeras y compañeros de profesión que me comentaron que han pasado por lo mismo: Noemí, Manu, Mireia, Andrea, Marta, Antía, Mariló, María; son algunas de esas enfermeras que en su momento pasaron por el mismo mal trago.

Te paras a mirar sus cuentas, sus publicaciones, sus “stories”…y ves que rebosan de vocación. Quizás en nuestro caso valoramos el esfuerzo extra, sobre todo mental, que tuvimos que hacer para poder trabajar en lo que amamos.

Deberíamos reflexionar sobre cuántos grandes profesionales de la sanidad se han perdido porque en su momento (siendo además unos niños, porque es lo que eres con dieciséis años) unas notas cuantitativas decidieron cuál debía ser su camino.


Me gustaría terminar diciendo que valoro mucho las humanidades, de hecho tengo la espinita clavada de estudiar derecho o ciencias políticas. Pienso que hay que ser muy valiente para estudiar carreras como Historia, Historia del Arte, Filologías, Filosofía, etc, sabiendo que te vas a encontrar con un país que no te va a valorar como te mereces, al igual que no le da la importancia que debería a su historia ni a su patrimonio.

 

Historias paranormales en hospitales

A mucha gente no le va a sorprender leer esta entrada, ya que es un tema que no es la primera vez que sale ni creo que sea la última. Voy a intentar dejar claro que no se da por hecho que estas historias sean ciertas, que pueden ser fruto de la sugestión que provoca un entorno en el que se convive con la muerte como son los hospitales y otros centros sanitarios y de las propias creencias de cada uno, así como de su forma de interpretar acontecimientos que, a veces, no tienen una explicación simple.

Lo que no podemos negar es que no son pocos los sanitarios que han tenido experiencias “extrañas cuanto menos”. De hecho el programa de televisión “Cuarto Milenio” entrevistó a unas enfermeras que habían vivido supuestamente situaciones paranormales, y lo contaron con la cara pixelada, por miedo a ser etiquetadas de “locas”, por el tabú que supone hablar de ello.

Os dejo el enlace de los más de veinte minutos que duró la entrevista de Iker Jiménez con el título “Enfermeras: testimonios del misterio”. Pone los pelos de punta.

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Enfermeras: Testimonios del misterio


Voy a empezar con dos historias que me contaron en un hospital, al norte de Madrid, en el año 2010 cuando trabajaba como ordenanza en las suplencias de verano. Parece que no, pero en el servicio de recepción de un hospital se enteran de muchas cosas, aunque estén al margen del resto de plantas. Vamos allá:

En la planta de hospitalización de Oncología se encontraba un paciente que acumulaba una larga estancia. Era un hombre que debido a la larga evolución de su enfermedad (no recuerdo cuál era el carcinoma en cuestión) se encontraba en un estado físico muy deteriorado.

El paciente, de unos sesenta años de edad, deambulaba diariamente por los pasillos de la planta, ya fuera solo o acompañado, siempre llevando su palo de sueros mientras se le administraba alguna medicación por vía central.

Pasaron los días y llegó una mañana en la que falleció. Creo que la hora del “éxitus” fue en torno a las 11-12.

Una hora después aproximadamente una familiar de otro paciente acudió al control de enfermería para avisar de que había visto a un señor andar por un pasillo y que le había encontrado realmente mal, tan mal que le chocó que esa persona pudiera estar fuera de su habitación, donde vio como se volvía a meter. Para esa mujer realmente parecía un muerto en vida.

Una auxiliar de enfermería acompañó a la mujer hasta la habitación donde supuestamente se debía encontrar el señor. Como podéis imaginar a estas alturas de la historia era la habitación en la que había fallecido el paciente, que aún se encontraba vacía a la espera del siguiente ingreso.

También como ordenanza me llegó la siguiente historia, que realmente no va de ningún paciente sino de una habitación.

Antes de seguir me gustaría contaros que no han sido pocos los pacientes que en ese hospital, cuando iban a ser ingresados y veían que iban a hacerlo en la 013, 113, 213 o 313 pedían el cambio aunque les supusiera esperar. Sí, la fama que tiene el número 13 y su “relación popular con lo fatídico” supone para muchas personas la creencia de que si terminan ingresados en una cama con ese número no van a volver a salir.

Volvamos a nuestra habitación protagonista. Si he hecho ese paréntesis es para decir que en este caso la sugestión por ese número no se da. La fama que cogió durante un tiempo fue porque estadísticamente vieron que el número de casos de agravamientos se producían ahí(datos que no eran especialmente alarmantes, pero ahí estaban). Lo debieron ver claro porque se llegó a hacer un estudio concienzudo por parte de medicina preventiva para intentar encontrar una causa.

Paralelamente a esto, un celador afirmó en varias ocasiones haber visto la figura de un hombre merodeando cerca de la puerta de la habitación, incluso le había visto entrar a veces, siempre desde la lejanía y siempre se encontraba de espaldas. Cuando alcanzaba el punto donde debía encontrarlo, nada, ni rastro. Tampoco lo veía nunca el resto de personal de la planta.

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Según lo que me contaron la habitación estuvo un tiempo fuera del listado de admisión. Además cuentan que fue un cura en varias ocasiones llamado por la propia dirección del hospital para realizar un exorcismo.

Cuando llegué a trabajar en esa planta como enfermero dos años más tarde ya llevaba tiempo sin haber registrado incidencias de ningún tipo. Sé que el celador pidió el cambio de hospital a otro del grupo, no sé si el motivo estaba relacionado con todo esto o no.

Os preguntaréis si yo he vivido una experiencia paranormal en algún hospital. No sé si para bien o para mal, pero no, no he tenido esa “suerte”. Lo más extraño que me ocurrió una vez fue sentir un escalofrío intenso en una habitación vacía mientras comprobaba que estaba lista para el siguiente ingreso, después de que el paciente anterior se hubiera ido de alta a su casa.

He aprovechado, ya que en mi familia hay dos enfermeras más, a preguntarle a una de ellas si en sus casi cuarenta años de experiencia ha vivido algo fuera de lo común. Y ha habido suerte. Me ha contado que en una ocasión en un box de la UCI en la que trabajaba, acababa de fallecer una paciente . Dos auxiliares y una enfermera estaban preparando el cuerpo para que se lo llevaran. Según su versión las tres estaban “de risas” mientras realizaban los procedimientos y mi familiar les recriminó su actitud y les pidió que tuvieran más respeto. A los pocos segundos el palo de los sueros que se encontraba colocado en una de las paredes comenzó a agitarse de forma muy brusca, golpeando la pared varias veces seguidas.

Todas se pegaron un susto de muerte y salieron corriendo del box. Tuvieron muy claro que aquello, de tener una explicación que no estuviera relacionada con la fallecida, era muy difícil de encontrar.

Seguramente estas tres historias no son las más terroríficas que os podrían contar, pero son tres de las que yo he tenido constancia y he podido consultar de primera mano. Escribiré más en el futuro dependiendo de si veo que el tema interesa.

El siguiente apartado lo dedico a las historias que me vayan aportando mis seguidores y compañer@s en redes. Se irá actualizando con cada nuevo aporte. Recordad que me las podéis enviar a perdidueblog@gmail.com o por MD en Twitter e Instagram.

¡Creemos entre tod@s la entrada con más historias paranormales sanitarias de Internet!


Aportaciones

Marta C.F, enfermera, me escribió por Instagram y me contó lo siguiente:

Ahí va mi historia: Hospital Perpetuo Socorro de Badajoz. Ahí se aparece una monja llamada Sor Rosario y dentro de los testimonios destaco tres:

  1. El primero: una habitación de  dos pacientes varones, uno recién intervenido y el otro entraba al día siguiente en Quirofano. El recién intervenido, que estaba despierto porque tenía dolor mientras sus acompañantes estaban dormidos,  ve de pronto una mujer vestida entera de negro que se acerca a los armarios de la habitación. Él entrecierra los ojos pensando que era alguien que iba a robar y quiere pillarla “in fraganti”. Dice que la misteriosa mujer mira al compañero de habitación, posteriormente le mira a él y sale de la habitación. Lo más curioso es que la puerta estaba totalmente cerrada.
  2. La segunda: Una familia que estaba con su hija ingresada en una habitación había recibido la noticia de que le quedaba poco tiempo de vida, pues tenía una infección y fiebre que no mejoraba con ningún antibiótico y había hecho una sepsis. De repente, vieron a La monja vestida totalmente de negro y habló con ellos diciéndoles que no se preocuparan, que al día siguiente su hija iba a mejorar y que de eso no iba a fallecer. La monja se fue y por la mañana lo comentan con el personal sanitario, que confirma que allí no hay ninguna monja, que esa es Sor Rosario que se le “ha visto ” en ocasiones.
  3. Y el último testimonio lo aportan una pareja de cirujanos de dicho hospital. Fueron al sótano que es donde estaban los despachos de sesiones de los médicos y las habitaciones. Les habían llamado para operar y ven que hay alguien delante de ellos que viste de negro, y ellos giran hacia un lado y la otra “persona” al contrario y les parece extraño porque solo hay una puerta y siempre está cerrada con llaves. Y ven que traspasa la puerta.

Hay otra historia que cuentan el personal de la UCI  de Don Benito donde se encontraba un box en el que cada paciente que ponían afirmaba que había una persona mirándoles y que les llamaba (incluso pacientes que estaban ya recuperados y listos para irse a planta) y estos al final morían.

La propia Marta me ha dejado un enlace de un blog en el que se detallan más casos sobre esta misteriosa “Dama de negro”. Por lo visto su supuesta existencia es conocida por la mayor parte del personal del Hospital Perpetuo Socorro.

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Los fantasmas del hospital de Badajoz


 

Suplencias de verano: un desafío que se repite anualmente.

Intentando ponerme al día tras estar casi tres semanas desconectado de Twitter, he llegado a la entrada “No te pongas enfermo en verano” de Pau Matalap.

En ella habla del “Efecto Julio” consistente en que durante este mes se producen más errores en los hospitales por dos factores:

-Se cierran plantas y, como consecuencia, se sobrecargan otras.

-Miles de nuevas enfermeras y enfermeros comienzan su vida laboral durante este mes.

Siempre lo digo, al terminar la carrera no estamos preparados para llevar una planta nosotros solos. Por lo menos los primeros días.

Nos enseñan casi todos los procedimientos de enfermería en las más de mil horas de prácticas hospitalarias que realizamos, pero ser enfermera (y buena además) es mucho más difícil que eso y no te das cuenta hasta que terminas la carrera. No tenemos la experiencia, al principio, de enfrentarnos a varios ingresos por turno, de saber cuándo hay que llamar a un médico ni de cuándo no hacerlo, de cómo encargarnos correctamente del sistema informático, de todas las historias clínicas y de las correspondientes pruebas. Necesitamos tener a personal más veterano para salir al paso.

No es lo mismo estar de estudiante en una planta que estar como responsable de una media de quince pacientes.

Aún recuerdo el día en el que estuve por primera vez en una planta con diecinueve pacientes para mí y para la auxiliar que nos tocaba estar ese día en el turno de tarde. Al ser una planta que combinaba desde medicina interna hasta cirugías de varias especialidades, tenía el carro de medicación a rebosar e iba contrarreloj. Un solo contratiempo me lo iba a poner todo cuesta arriba. Y así pasó.

Un paciente que acababa de salir del postoperatorio empezó con hipotensión severa y tocó correr: canalizar una segunda vía periférica, mandar analíticas y transfundir dos concentrados de hematíes. Todo esto ocurría mientras aún me quedaba por administrar la medicación a media planta e ir retirando los tratamientos que se iban acabando.

Cuando la urgencia terminó y pude acabar todas las medicaciones necesité parar cinco minutos. Sabía que varias enfermeras habían llorado en esa planta y a mí me faltó muy poco. Llevaba sólo unos días de experiencia.

Yendo a otro tema, desde mi experiencia he tenido la suerte de estar pluriempleado varios veranos y hay una situación que se repite una y otra vez. La de estar por la mañana en casa o en el trabajo y recibir una llamada de recursos humanos de un hospital público:

-Buenos días, hay una vacante de enfermería, media jornada, en la planta de Gastroenterología. Ven a eso de las dos de la tarde a firmar y a hablar con la supervisora, a las tres empiezas.

Una llamada igual que esa la recibí a las doce de la mañana de un lunes de Junio. Nunca había estado en Gastro, ¿cómo iba a poder ayudar cuando me dijeran que preparase el material para una paracentesis si ni siquiera conocía dónde se encontraban los materiales? ¿Y cuándo me dijeran que cargara una bomba de Somatostatina?

Por suerte cuando fui al hospital y me encontré con la supervisora me comentó que por planilla no empezaba hasta tres días después. Pude ir a realizar un reciclaje “voluntario” para por lo menos no llegar de nuevas.

Esa suerte no es general. Se sigue llamando el mismo día desde bolsas de empleo para empezar en servicios en los que no has estado previamente, lo que es un sobreesfuerzo para el equipo más veterano del servicio y un gran estrés para el personal más novato.

Mi consejo para todas las enfermeras y auxiliares que empezáis a trabajar es que no tengáis miedo de preguntar. No penséis que quedáis mal por hacerlo o que vais a parecer unos pesados. Más vale que pienses que preguntas demasiado a terminar cometiendo un error (que puede ser grave) por no hacerlo.

Pau Matalap recuerda en su entrada el caso de una enfermera nueva en una UCI neonatal que, en su primer día, provocó la muerte de un neonato al administrar nutrición enteral por un vía intravenosa. Este caso lo recordamos muchos y es muy extremo, pero nos vale para darnos cuenta de lo fácil que es cometer un error con graves consecuencias.

Ser buena enfermera te lo da la experiencia y tod@s, absolutamente tod@s, hemos sido nuevos en una o en varias ocasiones. Por ello los veteranos tienen la responsabilidad de ayudar a que las nuevas enfermeras puedan adquirir en poco tiempo la seguridad y los conocimientos específicos de cada servicio.

Anécdotas sanitarias Vol 3

Mi sala de donación se encuentra en la planta baja de un centro de especialidades, la planta donde se encuentra el hall principal, admisión, atención al paciente… Vamos, la planta por la que pasan los pacientes de todas las consultas.

Las anécdotas que cuento en la entrada de hoy son algunas de las que me ocurren o escucho cuando salgo al hall a tomarme un descanso, a sacarme un café de la máquina o a averiguar si entre los pacientes y acompañantes de ese día encuentro candidatos que puedan ser donantes de sangre.

No sé si alguien puede pensar que es un lugar aburrido. Cualquier chaqueta verde, personal administrativo o de seguridad puede dar fe de que es todo lo contrario.

He visto a pacientes liándose a puñetazo limpio por el turno de admisión; a pacientes que te pegan su tarjeta sanitaria literalmente en la cara y te chistan para preguntar por su cita; pacientes que preguntan desesperadamente por los baños cuando los tienen justo a un metro; gente perdiendo los nervios y por supuesto, mucha gente normal que no da lugar a ninguna situación surrealista.

Una de las complicaciones que sufren los pacientes que acuden a la tercera planta es preguntar por la consulta de Otorrinolaringología. No me extraña, ¡es bastante difícil no trabarse o desistir en el intento! Entre esas muchas situaciones de personas esforzándose por preguntar por esa especialidad hubo una que se superó y me dijo:

-Buenos días, venía a la consulta del Ornitólogo. ¿A qué planta tengo que ir?

Al ver que no tenía mucha pinta de ave, le pregunté si se refería al “Otorrino”. Sé que no es fácil, pero no os preocupéis, lo digáis como lo digáis os vamos a entender.

Otra pregunta que me resultó igual de chocante fue la que me hizo una paciente que tendría unos 25 y 30 años:

-Tengo revisión con el tocólogo, ¿dónde pasa consulta?

¿Tocólogo? Seguro que much@s de los que leeréis esta entrada conocíais ya ese término, pero para mí, que cursé la LOGSE, era algo que no había escuchado en mi vida. La palabra es descaradamente intuitiva, eso sí.

Tras saber que se estaba refiriendo a la consulta de Ginecología y Obstetricia, me puse a pensar en cómo una mujer con una edad similar a la mía podía usar esa palabra.

Por último y dejando a un lado los términos utilizados por pacientes, me estoy acordando de una anécdota más graciosa.

Mientras la máquina me preparada un café Premium (recalco lo de Premium), se encontraban cerca una madre y su hijo de unos tres años. Un niño que no paraba de moverse de un lado para otro y que terminó siendo inmovilizado por su madre.

Fue entonces cuando estaba en brazos, que me mira y, tras dudar unos segundos, empieza a gritar mientras me señala:

-¡Es papá! ¡Papá!

La madre no sabía dónde meterse. Empezó a ponerse colorada y a corregir al peque. No, aquel enfermero de pijama blanco no era su padre.

Hace un año hubo una racha en la que mucha gente me decía que me parecía a Alberto Garzón cuando Podemos e IU se unieron y salía cada día por la tele (aunque sólo nos pareciéramos en la barba que la llevaba diferente y más oscura, y en el pelo). Pero sin duda, lo de parecerme a un padre tanto como para confundirme con él…¡eso es otro nivel!

Tenéis más anécdotas sanitarias aquí https://perdidue.com/2017/02/02/anecdotas-sanitarias/ y aquí https://perdidue.com/2017/03/27/anecdotas-sanitarias-vol-2/

Como siempre espero sacaros una sonrisa y siento si os dejo con ganas de más.

¡Gracias por leerme!

Conociendo al donante de sangre. Entrevista a Edu.

Vamos con la segunda entrevista de este apartado que tiene como protagonistas a los donantes de sangre.

Hoy os presento a Edu, trabajador social, quien me ha prestado sus venas ya unas seis veces para regalar vida, más las bolsas que ya había donado antes de que yo comenzara a dedicarme a este mundillo. A sus 25 años ya es un gran donante habitual y su grupo sanguíneo es el 0+, uno de los más comunes en España y, como consecuencia, uno de los grupos que más transfusiones demanda (además puede donar a A+, B+ y AB+).

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La primera vez que se dejó pinchar por mí fue en Junio del 2014…¡3 años ya!

Si le conocéis no vais a tardar mucho en daros cuenta de que ser trabajador social le viene como anillo al dedo. Diré que como enfermero de donación de sangre, me encanta que en la extracción se de un ambiente con buen rollo y con mucho humor. ¡Con él es bastante fácil conseguirlo!

¿Cuándo empezaste a donar sangre? ¿Cómo surgió?

Empecé a donar sangre en 2013, cuando me di cuenta que era una de las formas más importantes y fáciles ayudar a los demás.

Como donante habitual que eres, ya has regalado unos cuantos chuletones, ¿por qué lo haces?

¡Jajajaj! Si, la verdad es que le he cogido cierto gustillo a la aguja… Pues lo cierto es que si mi sangre recupera niveles normales cada 3 meses, no tengo ninguna enfermedad o malestar crónico, y puedo donar sin problemas… La pregunta sería: ¿ y por qué no?

Hay dos tipos de personas en una donación: las que miran cómo les pinchan y las que no miran, ¿a cuál perteneces?

¡Uuff! Pues la verdad es que me da bastante grima el momento del pinchazo. ¡Y eso que no lo siento! Además me fío de mi enfermero habitual mas que de mí mismo. Aún así prefiero mirar para otro lado mientras digo o escucho un poco de humor negro.

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Edu simulando un síncope para la foto durante una donación, porque era una simulación, ¿no? 😀

¿Qué le dirías a todas esas personas que no dan el paso de donar por miedo a la extracción?

Que no se a qué esperan. Son apenas unos minutos, durante el proceso tienes un charla amena, te dan de almorzar, rellenar el formulario es bastante divertido, ¡¡y tu cuerpo se recupera enseguida!!

¿Crees que hay una concienciación suficiente sobre la importancia de la sangre?

Claramente no, porque si la hubiera las donaciones serían más abundantes. Si das tu “sangre” en impuestos abusivos y cada vez recibes menos a cambio, por qué no darla para que personas que la necesitan puedan recuperar la salud.

¿Tienes alguna anécdota que te ocurriera en una sala de donantes?

Una vez doné a la vez con otro hombre. Por esas fechas sorteaban un teléfono entre todos los donantes, y yo quería que me tocara a mí. No paraba de repetirlo en alto, diciendo que yo me lo merecía más que nadie. El otro hombre intentaba corregirme, diciendo que le tocaría a quien le tuviera que tocar, pero yo no compartía ese razonamiento. Después se hizo un silencio eterno en el que yo me iba sintiendo cada vez peor, por mi actitud egoísta. Mi enfermero me preguntó incluso: ¿estás bien? Empiezas a tener mala cara…

La mala imagen en Sanidad.

Estamos en una sociedad que ha ido cambiando a lo largo de los años. Hemos dejado de ser muy conservadores en ciertos aspectos aunque, sin embargo, en otros parece que estamos negados a cambiar nuestro punto de vista.

Al igual que una gran parte de las personas de mi generación, llevo tatuajes. Me gustan, son parte de mí, de mi cuerpo, de mi forma de ser.

Estoy acostumbrado a escuchar ciertas preguntas y comentarios, como el “cuando seas mayor te vas a arrepentir” o “si es que los jóvenes no pensáis”, también “y cuando pase la moda, ¿qué harás?”.

Me sorprende esto de las modas. Los primeros tattoos me los hice ya hace unos ocho años. Nunca había visto una moda que durara tanto tiempo y, sobre todo, que afectara a tantas generaciones diferentes.

Además, cuando escucho algo sobre mi futuro arrepentimiento pienso si con sesenta, setenta, ochenta años tendré asuntos más importantes en mi vida que pensar si a mi piel, ya arrugada, le queda bien una tinta que me ha acompañado décadas.

No os aburro más con mis pensamientos sobre el tema y voy a centrarme en lo que abarca a la Sanidad.

Hace poco más de un mes realicé una encuesta en Twitter que obtuvo más de novecientos votos. En ella preguntaba sobre la influencia que puede tener un paciente al ver que el personal sanitario que le atiende está tatuado. Los resultados fueron los siguientes:

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Reconozco que debería haber pensado más las opciones a elegir, ya que de esta forma dejé de lado respuestas positivas como “da buena imagen” o “es mejor profesional”. Aún estando un poco sesgada y teniendo en cuenta el perfil del tuitero activo (que no sobrepasa generalmente de los 60 años) se puede extraer alguna conclusión:

  • Prácticamente nadie considera que llevar tatuajes te convierta en peor profesional. De hecho quiero pensar que de esos nueve votos, alguno de ellos viene de una usuario un poco troll.
  • Casi un quinto de las personas piensa que da mala imagen. Recordemos que la pregunta habla de tatuajes en general, no de particularidades como el tamaño, el estilo, la simbología, etc.
  • A la gran mayoría de tuiteros no le influye negativamente que su enfermera/o, médico o auxiliar tenga tatuajes visibles.

Estoy convencido de que, si en Twitter la mala imagen ha recibido cerca del 20% de los votos, en una encuesta que incluyera a mayores de 65 años el porcentaje subiría hasta casi la mitad. O igual me llevaría una sorpresa.

Hablamos ahora de la mala imagen relacionada con los tatuajes.

Es curioso que fuera de la sanidad, como en el sector de las tecnologías, las empresas están buscando cada vez con más frecuencia personal con tattoos visibles.

El por qué, como decía un amigo graduado en Políticas y Sociología, apunta a que los tatuajes se relacionan con la modernidad, al igual que los móviles o las tablets. Por lo que una persona tatuada te aporta confianza, vas a suponer que sabe del tema.

Sin embargo, la sanidad parece considerarse un campo más tradicional para los españoles. Viendo la imagen de la representación española en el Congreso Internacional de Enfermería del 2017 celebrado en Barcelona, no debería extrañarme demasiado.

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Respeto que haya una parte de la sociedad española clasista, pero los pacientes tienen que saber que la sanidad no lo es. Las enfermeras han dejado de llevar cofia, el Betadine ha sido reemplazado por la Clorhexidina en la mayoría de curas, ya no se aconseja utilizar el jabón de lagarto habiendo muchas opciones más efectivas, las jeringuillas ya no son de cristal y se hierven para reutilizarse, cada vez hay más enfermeros, las mujeres que estudian medicina superan ya en número a los hombres, se han empezado a hacer cirugías muy complejas utilizando un robot manejado por el cirujano…

Podría seguir con decenas de ejemplos que demuestran que la sanidad está en una evolución constante, al igual que sus profesionales.

Ahora mismo hay multitud de enfermeras, enfermeros y médicos que están intentando cambiar la sanidad para mejor. En esta época de tecnologías, móviles y aplicaciones sería un grave error no estar empeñado en modernizar nuestras profesiones o modernizar las relaciones con los pacientes.

Espero que no tarde en llegar el día en el que en cualquier centro sanitario en el que te encuentres (hospital, clínica, residencia, centro de salud…) llevar tatuajes no te relacione con una mala imagen. Porque cada vez que a un profesional le ocurre eso, la sociedad se estanca un poco más en su camino inevitable de seguir avanzando hacia el futuro.

Conociendo al donante de sangre.

Siempre que una persona llega a mi sala a donar sangre tengo claro que el protagonista de mi trabajo no voy a ser yo. Va a ser el que pone la vena, el que decide ayudar a los demás sin esperar nada a cambio.

Para mí es un placer poder ponerle cara a la persona que hay detrás de cada donación, y de paso, hacerles unas preguntas relacionadas con sus experiencias como donantes.

Empezamos la primera de las entrevistas con una donante muy especial para mí. Ella es Cristina,  historiadora del arte de 26 años que empezó a donar sangre regularmente hace unos tres años. Cada vez que acude a donar cada 4 meses lo hace con muchos nervios, ¡pero con una gran sonrisa!

Las personas como ella, que no llevan muy bien los pinchazos y se atreven a dar el paso, tienen mucho mérito.

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¿Cuándo empezaste a donar sangre? ¿Cómo surgió?

Empecé a donar sangre hace tres años, y, siendo sincera fue porque tú habías empezado a trabajar como enfermero de donaciones, y eso me animó, ya que antes de eso yo era la típica persona con pánico a las agujas; si los análisis para mi eran una tortura, donar sangre era impensable para mí. Pero pensé: “Bueno, hay confianza, sé que es buen profesional, y qué mejor para empezar con algo que me da tanto miedo, que con alguien conocido. Y además, ayudo a alguien que necesite mi sangre.”

¿Qué te motiva para donar sangre regularmente?

Me motiva saber que estoy ayudando a alguien, que el pequeño esfuerzo que supone ir a donar puede salvar la vida a alguien, ayudarle a salir adelante.

¿Qué aspectos positivos valoras más en una sala de donantes?

No considero que sea lo más importante a la hora de donar, pero puestos a decir algo, diré que cuánto más cómodos son los sillones, mejor, y por supuesto, se agradece que el profesional que te está extrayendo la sangre sea amable y esté un poco pendiente, por lo menos en mi caso.

Hay dos tipos de personas en una donación: las que miran cómo les pinchan y las que no miran, ¿a cuál perteneces?

Como ya he dicho, antes me daban pánico las agujas. Para mí conseguir donar con total normalidad ha supuesto un gran paso, pero aún así, no me gusta mirar cómo me pinchan. Luego sí que echo alguna mirada a cómo sale la sangre, a la bolsa y a la báscula, pero ni cuando me pinchan ni cuando sacan la aguja ¡quita, quita, qué repelús!

¿Qué le dirías a todas esas personas que no dan el paso de donar por miedo a la extracción? Al pinchazo vaya.

Pondría mi ejemplo. Siempre que tenía que hacerme análisis iba como un flan y normalmente me mareaba, pero una vez reúnes el valor suficiente para donar, se hace un gesto sencillo, y los análisis ya son pan comido. Simplemente hay que pensar en otra cosa en el momento del pinchazo y durante la donación, lo mismo, no estar pensando en lo que estás haciendo, ¡pide a tu enfermera/o que te de conversación y será todo mucho más sencillo! Además, si piensas en que esos 15 minutos de tu tiempo y ese pequeño “sufrimiento” sirven para ayudar a alguien, se hace mucho más sencillo. Además, les diría que se den un pequeño homenaje después, y vayan a recuperar fuerzas comiendo algo rico, ¡hay que recompensar el esfuerzo!

¿Crees que hay una concienciación suficiente sobre la importancia de la sangre?

Creo que relativamente. Posiblemente sea algo que hay que inculcar desde que somos más jóvenes: la importancia de que cuando podamos, donemos. Quizá dar más visibilidad a los usos que se le dan a la sangre, las cantidades necesarias para determinadas operaciones, tratamientos, etc, puesto que puede que así la gente se haga una mejor idea de lo necesaria que es nuestra sangre.

Sí que es verdad que actualmente con campañas como la de Pablo Ráez se ha dado más visibilidad a la importancia de hacerse donante, pero bajo mi punto de vista, aún queda mucho camino por recorrer.

¿Tienes alguna anécdota que te ocurriera en una sala de donantes?

Ya han pasado tres años desde que comencé a donar, y eso ha supuesto seis donaciones de sangre y una por aféresis, y esas experiencias han dejado alguna anécdota para comentar.

Normalmente voy a donar con una de mis mejores amigas, que para mí ya es mi compañera de donaciones, y cuando donamos juntas parece que echamos carreras a ver quién tarda más y cuál de las dos máquinas da más pitiditos por lo lenta que sale nuestra sangre.

Y relacionado con la calma con la que mi sangre sale, cuando fui a donar por aféresis (una donación de una hora aproximadamente) periódicamente la máquina se quejaba de ello, y la enfermera tenía que venir cada vez que la máquina decidía poner banda sonora a base de pitidos para quejarse de que mi sangre no iba lo suficientemente rápido para ella. Era curioso, porque en la sala había otras dos o tres personas realizando el mismo procedimiento, y ellos estaban tan tranquilos, y sus máquinas igual.

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Cris durante su donación de plasma y plaquetas por aféresis en el Centro de Transfusiones de la Comunidad de Madrid

Y otra anécdota es la que tiene que ver con la primera vez que doné, en la que yo no sé quién estaba más nervioso, si mi enfermero sabiendo mis antecedentes con las agujas, o yo por haber conseguido atreverme.

Termino recomendando a todo el mundo que done, es un pequeño esfuerzo y una gran ayuda para alguien. Una vez dones, el resto de pinchazos no son nada, y además, es genial sentir que estás ayudando a alguien. ¡Todo son ventajas!

Situaciones surrealistas durante las entrevistas al donante de sangre.

La entrevista en donación de sangre es el gran filtro que permite aceptar o excluir a los donantes en función de una serie de criterios establecidos.

Esta fase es la primera toma de contacto que tiene el responsable de la colecta con el potencial donante de sangre y, a menudo, deja situaciones “surrealistas”. Algunas muy graciosas, otras que no lo son tanto, y otras que te dejan totalmente descolocado.

Aquí os dejo dos que me ocurrieron a mí personalmente:

Tras mirar el estado de las reservas y comprobar que el grupo 0+ se encontraba bajo mínimos, lancé un mensaje por megafonía recalcando la urgencia en la que se encontraba ese grupo. A los cinco minutos llega un señor a la sala de donantes:

-Hola, venía a donar, que he escuchado que hace falta mi grupo urgentemente. Yo soy seropositivo.

-¿Cómo? ¿Es seropositivo o del grupo 0+?

-No no, yo soy seropositivo.

-Pero…usted sabe que si es seropositivo , tiene anticuerpos para el SIDA y no puede donar,¿verdad?

-¿¡Por qué!? ¡Si acabo de escuchar por megafonía que hace falta!

No exagero si os digo que estuve convenciéndole de que no podía dar sangre durante cinco minutos.

 

Otro día una mujer vino a donar sangre y según entra a mi sala (en la que estoy solo) me dice muy convencida:

-Buenas días, venía para la inseminación.

Me quedo mirando a la mujer en plan “¿ha dicho inseminación?” hasta que a los pocos segundos la pobre se da cuenta del lapsus que ha tenido. Quería decir que venía a donar, pero se iba a someter a un tratamiento de fertilidad y había tenido un lapsus.

¡Lo que nos pudimos reír los dos!

 

Dos de @sangrepublica ,una compañera que lleva dedicándose a la donación de sangre unos cuantos años más que yo (de hecho empezó en esto cuando yo estaba terminando Primaria). ¡Podéis seguirla en Twitter!

Llega un donante que pasa la entrevista en la sala habilitada para ello en el centro. Todo bien, así que entra directamente en la sala de donación.

La compañera le dice: -Pase a la sala que ahora mismo voy con las cosas.

-Pero, ¿en la sala? Y usted, ¿va a venir?

-Claro, ¿cómo vamos a hacer la donación si no?

-Pero es que ahí fuera hay más gente.

-Sí, con mis compañeras, donando también.

El señor no daba crédito y la enfermera no sabía por qué…

-A ver, ¿usted no me ha dicho que ya había donado más veces en (no recuerda el sitio que dijo)?

– Sí, pero allí te dan una revista, un bote y te dejan solo en la sala para la donación. No pasa la enfermera a “ayudarte”.

El señor se había equivocado de “banco”.

 

Otro caballero, hablando sobre el apartado que trata el tema de las relaciones sexuales:

-Pero a ver señorita, si yo siempre voy con la misma chica desde hace años.

El señor se refería a que siempre era la misma prostituta.

 

Las anécdotas de las entrevistas en la donación pueden dar para mucho como podéis comprobar. Si os ha gustado esta primera entrada exprés dedicaré un apartado separado del de “anécdotas sanitarias”.

Gracias una semana más por seguirme y perdón por tardar tanto en hacer una nueva entrada.

Estoy en Twitter (@perdidueblog) y en Instagram (@perdidue).

Por qué no puedo donar sangre si…

…peso menos de 50kg.

Una persona adulta tiene de media unos 5-6 litros de sangre en su cuerpo.  Sin embargo, esta cantidad disminuye en las mujeres y hombres con un peso cercano a los 50kg.

Teniendo en cuenta que en una donación no se debe extraer más del 13% de la cantidad de sangre total, un donante con el peso por debajo de ese mínimo tiene más posibilidades de sufrir incidencias relacionadas con reacciones vasovagales, lipotimias y mareos, además de favorecer la aparición de anemia relacionada con la donación.

…me acabo de hacer un tatuaje o un piercing hace poco.

Aunque cada vez hay más control sanitario en los estudios donde se realizan, no se puede dejar de lado nunca la posibilidad de contagio de una enfermedad vírica por el uso de material mal esterilizado, haber compartido tinta o agujas, falta de limpieza, etc.

El tiempo de exclusión para donar es de cuatro meses desde la visita al estudio o particular donde se hayan realizado. ¿Por qué cuatro meses?

Este es el tiempo en el que se puede asegurar que se ha superado el periodo ventana de la mayoría de virus, como el VIH o el de la Hepatitis B o C.

El periodo ventana es el intervalo de tiempo en el cual un virus puede estar en nuestro organismo sin ser detectado aunque extraigamos análisis específicos. Entender lo que significa esto es muy importante para comprender muchas de las exclusiones que se dan.

En este apartado de exclusiones están incluidos los pendientes en orejas, aunque sea en farmacias, y la acupuntura (la única excepción si la persona lleva sus propias agujas o se asegura de que el acupuntor utiliza agujas estériles que sean desechadas al terminar la sesión).

…tomo alguna medicación.

En principio estar tomando un fármaco de manera habitual o puntual no es causa misma de exclusión, sino que vendrá determinada por la patología de base.

Por este motivo estar tomando un antibiótico no excluye por el tratamiento, sino porque su pauta indica que hay una infección y hay que esperar a que el organismo se haya recuperado completamente. Desde la última toma del antibiótico hay que esperar dos semanas para poder donar.

Una de las medicaciones más habituales en las donantes es el Eutirox, con motivo de padecer hipotiroidismo. Siempre y cuando  este trastorno no esté producido por una enfermedad grave se puede donar sangre sin problemas (aunque la causa sea la tiroiditis de Hashimoto).

Otras medicaciones habituales que nos encontramos en muchos donantes son las utilizadas para el control de colesterol, el ácido úrico o la diabetes tipo 2. No suponen exclusión.

En cambio la diabetes tipo 1, insulinodependiente, supone una exclusión definitiva.

La medicación para tratar la hipertensión arterial no impide la donación, siempre y cuando no se superen los dos fármacos diarios que indicarían que la patología es grave. Además tendrá que presentar una tensión aceptable cuando sea tomada por el encargado de la revisión en la sala de donantes. La tensión sistólica o”alta” no debe llegar a 180mm/Hg y la diastólica o “baja” hasta los 100mmHg, teniendo en cuenta si una subida puede tener relación con el estado emocional o nerviosismo del donante.

Cuando se ha tomado medicación para tratar molestias, dolor o inflamación hay que avisar siempre al responsable de la colecta. Si bien estos fármacos (antiinflamatorios no esteroideos generalmente) no suponen exclusión, si que pueden modificar la coagulación y la función plaquetaria. En el fraccionamiento de los componentes sanguíneos posterior a la donación del que ya hemos hablado en entradas anteriores, el concentrado de plaquetas no se utilizará. Sí lo harán los hematíes y el plasma.

Fármacos que van a excluir siempre hasta el final de su administración son los suministrados para tratar el acné y la alopecia (finasterida, Proscar, Propecia, Roacután, etc). El motivo es que pueden provocar malformaciones en un feto (medicación teratógena) por lo que no nos podemos arriesgar a que esa sangre pueda terminar en una paciente embarazada.

Las pastillas tomadas para tratar la depresión o la ansiedad, o ambas, no excluyen para donar siempre y cuando el donante se encuentre bien el día que quiera dar sangre. No hay que forzarse nunca a donar, si se piensa que ese día no es el más adecuado es mejor dejarlo para otro. ¡La sangre va a hacer falta siempre!

Los antihistamínicos pautados con motivo de presentar síntomas por alergias no excluyen. Sí hay que tener en cuenta el asma: si es leve se puede donar aún con tratamiento, si se presentan dificultades respiratorias moderadas o fatiga hay que esperar a que esté más controlado. Una espera de un mes  de mejoría clínica y de hasta un año si ha tenido que acudir a urgencias por un cuadro asmático grave.

Voy a necesitar varias entradas para profundizar más en las distintas exclusiones…¡así que vamos poco a poco!

Gracias por leerme una vez más y ya sabéis, preguntadme todas vuestras dudas sobre la donación de sangre por aquí, Twitter (@perdidueblog) e Instagram (@perdidue).

Anécdotas sanitarias Vol.2

Cuando era estudiante de enfermería, estando de prácticas en el hospital, cada mañana pasaba por las habitaciones para tomar las constantes vitales: tensión arterial, pulso, saturación de oxígeno, glucemias, etc.

En esta toma diaria de tensiones llegué ante una paciente que aún estaba durmiendo. Le desperté y estuve hablando con ella un rato. Cuando me dispongo a levantar la sábana para proceder a colocar el “manguito” me encuentro con que le faltaba un brazo, el que estaba buscando.

Al ver mi cara de sorpresa y lo pillado que me quedé la pobre mujer se empezó a reír de mí.

 

Algo parecido le pasó a un compañero al que las enfermeras le mandaron hacer un electrocardiograma a un paciente. Se dispuso a colocar todas las pegatinas que se sitúan en el tórax y continuó diciendo:

-Ya sólo nos quedan las dos pegatinas en los tobillos, no se preocupe que será un momento, no pasará frío.

Al quitar la sábana pudo ver como, efectivamente, el paciente tenía las dos piernas amputadas.

 

Otra mañana en la toma de las glucemias antes de la comida me mandaron tomar la glucemia en una habitación. Al entrar me encuentro a un señor con un pijama puesto y le comento que le voy a hacer “el control del azúcar” y que me dejara un dedo.

Nada más terminar de realizar el procedimiento sale del baño la verdadera paciente de esa habitación. El señor al que había pinchado en el dedo con una lanceta era su marido y se calló por vergüenza.

Mientras le pedía disculpas miro el glucómetro y veo que marca una glucemia de 560 mg/dl. Una auténtica pasada teniendo en cuenta que los niveles en ayunas en una persona que no padece diabetes están entre 70 y 110 aproximadamente. Al menos me quedó el consuelo de saber que mi error sirvió para que el señor fuera diagnosticado y tratado a tiempo.

 

La última anécdota de esta entrada me ocurrió en una planta mientras hacía el rotatorio de noches en planta de medicina interna.

Después de acompañar a la enfermera en la ronda de medicación de las 12 de la noche, me tocaba ir pasando de nuevo en las habitaciones quitando los botes de suero de los tratamientos ya terminados.

Cuando estoy quitando un bote con paracetamol, la paciente, una mujer de avanzada edad me dice:

-Perdona hijo, ¿te importaría decirle al niño que está en el sofá que se vaya?

Me giré y no vi a nadie más en esa habitación. Aún no conocía que por las noches las desorientaciones y delirios son relativamente frecuentes, el mal rollo que tuve en ese momento no fue poco.

Una vez más, ¡os invito a que compartáis vuestras anécdotas como sanitarios o estudiantes!

Podéis mandarlas a perdidueblog@gmail.com o comentármelas en Twitter(@perdidueblog) e Intagram (@perdidue).

Gracias por leedme. La semana que viene intentaré empezar a montar un vídeo que os va a encantar seguro.

El sexismo en sanidad.

Con motivo del  Día Internacional de la Mujer el pasado 8 de Marzo, inundamos las redes sociales con mensajes en contra de la discriminación que sufren las mujeres en general y en sus puestos de trabajo en particular.

Yo mismo escribí acordándome de mis compañeras sanitarias que sufren faltas de respeto sólo por el mero hecho de ser mujeres, sin tener en cuenta su profesionalidad.

En su día a día muchas auxiliares, enfermeras y médicos son llamadas con un “oye niña”, dos palabras que no sufrimos tan a menudo los hombres. Muchas médicos, especialmente las residentes, son puestas en entredicho a veces nada más llegar al lugar donde se encuentra el paciente, sin dar importancia a que para estar ahí han estudiado seis años más lo que llevan de especialidad.

Me he encontrado hombres que literalmente me han referido sentirse como un “marajá” al llegarle el momento del aseo con su respectivo personal femenino.

Dándole vueltas a este tema me he dado cuenta muchas veces de que esa discriminación no sólo se produce hacia  las mujeres sanitarias, también se da hacia los hombres que nos dedicamos a la sanidad.

Los enfermeros y auxiliares varones somos una “especie” cada vez más habitual, pero seguimos siendo una minoría. No alcanzamos ni de lejos un porcentaje parecido al del sexo opuesto, con las situaciones que ello conlleva.

No han sido pocas las ocasiones en las que estaba en una habitación participando en una cura de herida quirúrgica, en un aseo o sondaje y la paciente me ha pedido que saliera de la habitación. Llegué a tener un caso en la que una mujer me echó de malos modos.

Mismo ejemplo he podido vivir cuando estaba en una consulta de ginecología acompañando a un médico durante las citologías o ecografías vaginales. Ahí , a veces, no era por el hecho de ser hombre, sino por parecer demasiado joven.

Puedo entender que haya mucha gente con pudor, puedo entender que pueda dar vergüenza que un extraño vea tu cuerpo desnudo. Ahora bien: entiende que soy un profesional, entiende que no me excito observándote, entiende que he visto cientos de cuerpos desnudos antes que el tuyo, entiende que separo completamente mi vida profesional en el hospital de la que tengo fuera de él.

Entiende que sólo quiero cuidarte y ayudarte en tu curación o mejoría.

Dejando este tema a un lado me encuentro con otras situaciones como el hecho de que al entrar en una habitación a veces se da por hecho que soy el celador, sin ni siquiera darme tiempo a presentarme, o se me da más importancia porque parece que soy el médico que acude a la visita diaria de sus pacientes.

No ha faltado tampoco el señor que me comenta al verme con mi uniforme que se esperaba una enfermera, dicho a veces en modo de gracieta o con una decepción que ni se disimula.

Igual que en la sociedad aún queda un trecho para alcanzar una igualdad absoluta entre ambos sexos, la sanidad también necesita seguir avanzando para que no se nos vea como hombres o como mujeres, sino como profesionales de la salud, sin dar por hecho que nuestro sexo va a determinar nuestro trabajo.

Foto de cabecera: Universia Argentina

¿De verdad te llena ser enfermero de donación de sangre?

No han sido pocos los donantes, compañeros de profesión y conocidos que me han preguntado en alguna ocasión si me llena, como enfermero, mi puesto en una sala de donación de sangre.

Viralizamos los mensajes de enfermeras de plantas de hospitalización, donde se habla de lo que sentimos como profesionales y como personas en ese turno en el que tenemos a cargo a unos quince pacientes de media.

Turnos caracterizados por los cuidados que ofrecemos a nuestros pacientes, por los procedimientos  como las curas de heridas quirúrgicas o úlceras, canalización de vías periféricas, la preparación y administración de la medicación pautada, la preparación para las diversas pruebas médicas, la empatía y apoyo hacia esos pacientes y a sus familiares…

Este último párrafo es la idea que la mayoría de la gente tiene sobre las funciones de una enfermera. La idea que más se destaca, con razón, por parte de periodistas y personajes públicos que han vivido experiencias hospitalarias, ya sea por motivos relacionados con su salud o con la de alguno de sus familiares.

Es por esto que cuando hablo sobre mi puesto de trabajo escucho a veces que, si sólo me dedico a pinchar, no es posible que me pueda sentir realizado profesionalmente, al fin y al cabo me alejo de esa idea tan popular de lo que es ser enfermero.

En primer lugar quiero hablar brevemente del aspecto técnico, de ese pinchazo al que sólo me dedico.

No es un pinchazo fácil generalmente. Mientras en una planta de hospital podemos adaptar la aguja a las venas que nos encontramos y elegir diferentes calibres, las enfermeras/os de banco de sangre sólo tenemos una opción, la de una aguja que necesita de un buen calibre para que la donación no se alargue en exceso e impida que a la misma sangre le de tiempo a quedarse coagulada en el tubo.

De esta forma somos nosotros los que nos tenemos que adaptar a todo tipo de venas, algunas tan finas o tan profundas (o ambas) que cualquiera pensaría que son imposibles de canalizar. Además tenemos que realizar bien el procedimiento, no podemos permitirnos el lujo de romper una vena o de hacer mucho daño. Un desafío diario que llena desde el punto de vista más técnico, ya que necesitamos de mucha destreza y experiencia.

Desde el punto de vista más profesional y humano es un trabajo en el que me siento realizado en muchas situaciones: cuando un nuevo donante que no puede con la idea de ser pinchado consigue dar el paso de donar y se va de la sala feliz por lo que ha hecho. He visto a personas que han llegado a llorar de la emoción.

Cuando un/a donante se da cuenta de que la donación es más importante de lo que pensaba y al poco tiempo trae a algún familiar o conocido al que ha conseguido implicar en este acto fundamental.

Cuando nos dan las gracias al personal de donación por el trabajo que hacemos cuando es a ellos a los que estamos agradecidos por donar sangre, por regalar literalmente vida.

Con cada uno/a de esos donantes pasamos de media entre quince y veinte minutos. Un intervalo en el que te da tiempo a conocer sus historias, sus vidas tan diferentes, cómo van evolucionando entre donación y donación cuando son donantes habituales…

Una experiencia que me pareció increíble fue cuando compaginaba mi trabajo en banco de sangre con el de enfermero en un hospital de día médico. Un servicio donde se realizan decenas de transfusiones de hemoderivados cada día y del que tampoco se habla mucho.

Pude ponerle caras a los responsables de los concentrados de hematíes que tanta vida daban a esos pacientes, poder ver en directo como el trabajo que realizaba por las mañanas tenía como consecuencia que un paciente con anemia crónica recuperase la vitalidad, que un enfermo oncológico pudiera tener la oportunidad de someterse a otra sesión de quimioterapia…

Por todo esto, creedme si os digo que mi trabajo me llena.

 

Preguntas curiosas sobre la donación de sangre.

Como ya habéis leído en anteriores entradas, que haya dudas sobre la donación de sangre es algo normal y bastante habitual. Sin embargo, hay dudas que me han chocado bastante y que me han preguntado en más de una ocasión.

¿Es verdad que donar sangre engorda?

Esta es una pregunta que me repiten cada cierto tiempo y en el 100% de los casos ha sido hecha por personas originarias de Sudamérica, por lo que deduzco que es un mito muy extendido por países como Ecuador, Perú, Colombia, Venezuela, etc.

Cuando la escuché por primera vez respondí con un “no” rotundo y no le di más importancia, pero cuando me la volvieron a plantear tuve que buscar si realmente había una evidencia científica con un mínimo indicio que señalase algo que hiciera pensar lo contrario, sin éxito como era de esperar.

Al final termino contestando con humor: no, la donación no engorda, aunque si luego va a comer y cenar hamburguesas dobles o pizzas familiares, ¡es posible que algo de peso coja!

¿Qué beneficios me aporta a mí donar?

Cualquiera puede pensar que esta duda se refiere a beneficios que se pueden producir en el organismo del donante, lo que no es raro preguntar, pero si la he puesto es porque he tenido varios casos en los que la pregunta no ha ido por ahí.

Han sido pocos, pero me han llegado a preguntar por la obtención de ventajas legales tales como evitar la lista de espera en urgencias hospitalarias, disfrutar de un horario más generoso de visitas a familiares hospitalizados o incluso por la obtención de una retribución económica.

De hecho aún me acuerdo de una mujer que tras enterarse de que no iba a recibir ninguna de las ventajas citadas decidió abandonar la sala. Me dio pena no por ella, sino por su hijo que le estaba acompañando y el ejemplo que acababa de presenciar.

¿Por qué no pagáis por la donación? Tendríais mucha más gente.

No me cabe duda de que si se pagase, aunque fuera una cantidad simbólica, habría más afluencia.

La donación de sangre, por ley en España, tiene que ser un acto altruista, no se puede esperar ningún beneficio que no sea el de un potencial receptor.

De no ser así habría personas que, aún sabiendo que por su salud no pasarían la entrevista que se realiza antes de proceder a la extracción, mentirían u omitirían algún detalle con tal de conseguir el dinero.

Del mismo modo, otro tanto intentaría dar sangre sin cumplir ni con los plazos mínimos de dos meses entre una donación y otra, ni con el máximo anual de donaciones que es de cuatro en hombres y de tres en mujeres. Favoreciendo de esta forma la aparición de anemia, y no tiene mucho sentido donar sangre para que luego necesites una transfusión.

No hay riesgo de transmitir alguna enfermedad durante la donación, ¿verdad?

Casos mediáticos de personal sanitario que ha transmitido enfermedades mediante la punción venosa de forma voluntaria tan conocidos como el del Dr.Maeso, anestesista que contagió su Hepatitis C a más de doscientas personas, siguen creando angustia por la esterilidad del material que se va a usar en algunos donantes.

Algún donante no se ha quedado tranquilo hasta que ve como rompo el sello del encapuchado de la aguja.

Cada bolsa de donación tiene su propia aguja, la cuál, al concluir la extracción, es encapuchada de forma segura y desechada a través de los contenedores específicos. No se vuelve a reutilizar en ningún caso.

 

Seguiré en futuras entradas con más preguntas curiosas o bastante habituales. No dudéis en preguntarme las que tengáis sobre la donación de sangre por aquí, en Instagram (@perdidue) o Twitter (@perdidueblog).

¡Gracias por leerme!

 

La importancia de donar sangre.

La sangre no se fabrica y es totalmente imprescindible tener siempre unas reservas óptimas para cubrir la gran demanda que hay en los hospitales. Ésto es algo que los donantes saben.

Si bien es cierto que la concienciación ha aumentado en los últimos dos años, hay todavía muchas personas que no terminan de darse cuenta hasta que acaban viviéndolo, desgraciadamente, en propia persona, ya sea en su propia piel o en la de un familiar o amigo cercano.

He conocido a decenas de donantes que empezaron a regalar su sangre como consecuencia de estas experiencias cercanas: un parto complicado de una sobrina que precisó diez concentrados de hematíes y plasma, un descenso brusco de las plaquetas de un padre como consecuencia de la quimioterapia, un tío con anemia provocada por una enfermedad crónica, un amigo que pudo sobrevivir a una aneurisma de aorta gracias a decenas de transfusiones…

Sólo en la Comunidad de Madrid necesitamos cada día cerca de 900 donaciones para poder cubrir todas las necesidades de hospitales y clínicas…

Hay que destacar que donando sangre no sólo vamos a salvar vidas, en muchos casos lo que vamos a conseguir es mejorar la calidad de vida de un paciente.

Me he encontrado con pacientes en plantas y en hospital de día médico con sus correspondientes pautas de transfusiones. En muchos casos los concentrados que les administramos no les van a solucionar su problema de base, la enfermedad que ha ocasionado que termine necesitando hemoderivados. Se podría decir que es un parche…pero bendito parche.

En serio, podría contaros que uno o dos concentrados de sangre les dan la vida, pero no terminaríais de haceros una idea.

Pacientes que están agotados, con la piel pálida, sin fuerzas, sin ganas de hablar ni de moverse. Es administrarles la sangre y a la hora todo cambia radicalmente. Son otras personas, te sonríen, no paran de hablar, quieren caminar, interactúan con sus familiares, recuperan el apetito, etc.

Por ésto hablo de “bendito parche”, el tiempo que dure este efecto significa muchas veces un mundo para  pacientes y familiares. Sólo por eso también merece la pena donar.

Tengo pensado crear una entrada para tratar el tema de en qué se utiliza la sangre que donamos, pero voy a adelantar que cerca de un tercio de los hemoderivados termina en pacientes oncológicos. Coincide además con el último dato que indica que la incidencia de cáncer en España ya ha alcanzado la cifra de casos que se esperaban para el 2020.

http://www.elmundo.es/salud/2017/01/30/588f277a22601dbc438b4666.html

Cómo quiero llevar mi Blog

Empiezo esta experiencia con decenas de ideas, cientos de momentos, anécdotas, pensamientos… Pero no me quiero saturar, así que voy a empezar poco a poco.

Quiero que este espacio conste de varias entradas que voy a diferenciar en estos puntos:

  • Donación de sangre: Al ser actualmente mi trabajo es una entrada  que  seguro repetiré de manera constante. Considero que aunque hay mucha campaña y visibilización sigue siendo una gran desconocida tanto para el personal sanitario que no está familiarizado con ella, como para los donantes.
  • Anécdotas divertidas y no tan divertidas.
  • Reflexiones sobre todo lo que rodea a la Sanidad y actualidad sobre la misma.
  • El punto de vista de un hombre en un mundo  que mayoritariamente está constituido por mujeres. Cómo me ha afectado de cara a pacientes, donantes y personal.

Espero que os guste y me encantaría poder leer y responder vuestros comentarios y dudas.

¡Muchas gracias!

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