Historias paranormales en hospitales

A mucha gente no le va a sorprender leer esta entrada, ya que es un tema que no es la primera vez que sale ni creo que sea la última. Voy a intentar dejar claro que no se da por hecho que estas historias sean ciertas, que pueden ser fruto de la sugestión que provoca un entorno en el que se convive con la muerte como son los hospitales y otros centros sanitarios y de las propias creencias de cada uno, así como de su forma de interpretar acontecimientos que, a veces, no tienen una explicación simple.

Lo que no podemos negar es que no son pocos los sanitarios que han tenido experiencias “extrañas cuanto menos”. De hecho el programa de televisión “Cuarto Milenio” entrevistó a unas enfermeras que habían vivido supuestamente situaciones paranormales, y lo contaron con la cara pixelada, por miedo a ser etiquetadas de “locas”, por el tabú que supone hablar de ello.

Os dejo el enlace de los más de veinte minutos que duró la entrevista de Iker Jiménez con el título “Enfermeras: testimonios del misterio”. Pone los pelos de punta.

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Enfermeras: Testimonios del misterio


Voy a empezar con dos historias que me contaron en un hospital, al norte de Madrid, en el año 2010 cuando trabajaba como ordenanza en las suplencias de verano. Parece que no, pero en el servicio de recepción de un hospital se enteran de muchas cosas, aunque estén al margen del resto de plantas. Vamos allá:

En la planta de hospitalización de Oncología se encontraba un paciente que acumulaba una larga estancia. Era un hombre que debido a la larga evolución de su enfermedad (no recuerdo cuál era el carcinoma en cuestión) se encontraba en un estado físico muy deteriorado.

El paciente, de unos sesenta años de edad, deambulaba diariamente por los pasillos de la planta, ya fuera solo o acompañado, siempre llevando su palo de sueros mientras se le administraba alguna medicación por vía central.

Pasaron los días y llegó una mañana en la que falleció. Creo que la hora del “éxitus” fue en torno a las 11-12.

Una hora después aproximadamente una familiar de otro paciente acudió al control de enfermería para avisar de que había visto a un señor andar por un pasillo y que le había encontrado realmente mal, tan mal que le chocó que esa persona pudiera estar fuera de su habitación, donde vio como se volvía a meter. Para esa mujer realmente parecía un muerto en vida.

Una auxiliar de enfermería acompañó a la mujer hasta la habitación donde supuestamente se debía encontrar el señor. Como podéis imaginar a estas alturas de la historia era la habitación en la que había fallecido el paciente, que aún se encontraba vacía a la espera del siguiente ingreso.

También como ordenanza me llegó la siguiente historia, que realmente no va de ningún paciente sino de una habitación.

Antes de seguir me gustaría contaros que no han sido pocos los pacientes que en ese hospital, cuando iban a ser ingresados y veían que iban a hacerlo en la 013, 113, 213 o 313 pedían el cambio aunque les supusiera esperar. Sí, la fama que tiene el número 13 y su “relación popular con lo fatídico” supone para muchas personas la creencia de que si terminan ingresados en una cama con ese número no van a volver a salir.

Volvamos a nuestra habitación protagonista. Si he hecho ese paréntesis es para decir que en este caso la sugestión por ese número no se da. La fama que cogió durante un tiempo fue porque estadísticamente vieron que el número de casos de agravamientos se producían ahí(datos que no eran especialmente alarmantes, pero ahí estaban). Lo debieron ver claro porque se llegó a hacer un estudio concienzudo por parte de medicina preventiva para intentar encontrar una causa.

Paralelamente a esto, un celador afirmó en varias ocasiones haber visto la figura de un hombre merodeando cerca de la puerta de la habitación, incluso le había visto entrar a veces, siempre desde la lejanía y siempre se encontraba de espaldas. Cuando alcanzaba el punto donde debía encontrarlo, nada, ni rastro. Tampoco lo veía nunca el resto de personal de la planta.

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Según lo que me contaron la habitación estuvo un tiempo fuera del listado de admisión. Además cuentan que fue un cura en varias ocasiones llamado por la propia dirección del hospital para realizar un exorcismo.

Cuando llegué a trabajar en esa planta como enfermero dos años más tarde ya llevaba tiempo sin haber registrado incidencias de ningún tipo. Sé que el celador pidió el cambio de hospital a otro del grupo, no sé si el motivo estaba relacionado con todo esto o no.

Os preguntaréis si yo he vivido una experiencia paranormal en algún hospital. No sé si para bien o para mal, pero no, no he tenido esa “suerte”. Lo más extraño que me ocurrió una vez fue sentir un escalofrío intenso en una habitación vacía mientras comprobaba que estaba lista para el siguiente ingreso, después de que el paciente anterior se hubiera ido de alta a su casa.

He aprovechado, ya que en mi familia hay dos enfermeras más, a preguntarle a una de ellas si en sus casi cuarenta años de experiencia ha vivido algo fuera de lo común. Y ha habido suerte. Me ha contado que en una ocasión en un box de la UCI en la que trabajaba, acababa de fallecer una paciente . Dos auxiliares y una enfermera estaban preparando el cuerpo para que se lo llevaran. Según su versión las tres estaban “de risas” mientras realizaban los procedimientos y mi familiar les recriminó su actitud y les pidió que tuvieran más respeto. A los pocos segundos el palo de los sueros que se encontraba colocado en una de las paredes comenzó a agitarse de forma muy brusca, golpeando la pared varias veces seguidas.

Todas se pegaron un susto de muerte y salieron corriendo del box. Tuvieron muy claro que aquello, de tener una explicación que no estuviera relacionada con la fallecida, era muy difícil de encontrar.

Seguramente estas tres historias no son las más terroríficas que os podrían contar, pero son tres de las que yo he tenido constancia y he podido consultar de primera mano. Escribiré más en el futuro dependiendo de si veo que el tema interesa.

El siguiente apartado lo dedico a las historias que me vayan aportando mis seguidores y compañer@s en redes. Se irá actualizando con cada nuevo aporte. Recordad que me las podéis enviar a perdidueblog@gmail.com o por MD en Twitter e Instagram.

¡Creemos entre tod@s la entrada con más historias paranormales sanitarias de Internet!


Aportaciones

Marta C.F, enfermera, me escribió por Instagram y me contó lo siguiente:

Ahí va mi historia: Hospital Perpetuo Socorro de Badajoz. Ahí se aparece una monja llamada Sor Rosario y dentro de los testimonios destaco tres:

  1. El primero: una habitación de  dos pacientes varones, uno recién intervenido y el otro entraba al día siguiente en Quirofano. El recién intervenido, que estaba despierto porque tenía dolor mientras sus acompañantes estaban dormidos,  ve de pronto una mujer vestida entera de negro que se acerca a los armarios de la habitación. Él entrecierra los ojos pensando que era alguien que iba a robar y quiere pillarla “in fraganti”. Dice que la misteriosa mujer mira al compañero de habitación, posteriormente le mira a él y sale de la habitación. Lo más curioso es que la puerta estaba totalmente cerrada.
  2. La segunda: Una familia que estaba con su hija ingresada en una habitación había recibido la noticia de que le quedaba poco tiempo de vida, pues tenía una infección y fiebre que no mejoraba con ningún antibiótico y había hecho una sepsis. De repente, vieron a La monja vestida totalmente de negro y habló con ellos diciéndoles que no se preocuparan, que al día siguiente su hija iba a mejorar y que de eso no iba a fallecer. La monja se fue y por la mañana lo comentan con el personal sanitario, que confirma que allí no hay ninguna monja, que esa es Sor Rosario que se le “ha visto ” en ocasiones.
  3. Y el último testimonio lo aportan una pareja de cirujanos de dicho hospital. Fueron al sótano que es donde estaban los despachos de sesiones de los médicos y las habitaciones. Les habían llamado para operar y ven que hay alguien delante de ellos que viste de negro, y ellos giran hacia un lado y la otra “persona” al contrario y les parece extraño porque solo hay una puerta y siempre está cerrada con llaves. Y ven que traspasa la puerta.

Hay otra historia que cuentan el personal de la UCI  de Don Benito donde se encontraba un box en el que cada paciente que ponían afirmaba que había una persona mirándoles y que les llamaba (incluso pacientes que estaban ya recuperados y listos para irse a planta) y estos al final morían.

La propia Marta me ha dejado un enlace de un blog en el que se detallan más casos sobre esta misteriosa “Dama de negro”. Por lo visto su supuesta existencia es conocida por la mayor parte del personal del Hospital Perpetuo Socorro.

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Los fantasmas del hospital de Badajoz


 

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Suplencias de verano: un desafío que se repite anualmente.

Intentando ponerme al día tras estar casi tres semanas desconectado de Twitter, he llegado a la entrada “No te pongas enfermo en verano” de Pau Matalap.

En ella habla del “Efecto Julio” consistente en que durante este mes se producen más errores en los hospitales por dos factores:

-Se cierran plantas y, como consecuencia, se sobrecargan otras.

-Miles de nuevas enfermeras y enfermeros comienzan su vida laboral durante este mes.

Siempre lo digo, al terminar la carrera no estamos preparados para llevar una planta nosotros solos. Por lo menos los primeros días.

Nos enseñan casi todos los procedimientos de enfermería en las más de mil horas de prácticas hospitalarias que realizamos, pero ser enfermera (y buena además) es mucho más difícil que eso y no te das cuenta hasta que terminas la carrera. No tenemos la experiencia, al principio, de enfrentarnos a varios ingresos por turno, de saber cuándo hay que llamar a un médico ni de cuándo no hacerlo, de cómo encargarnos correctamente del sistema informático, de todas las historias clínicas y de las correspondientes pruebas. Necesitamos tener a personal más veterano para salir al paso.

No es lo mismo estar de estudiante en una planta que estar como responsable de una media de quince pacientes.

Aún recuerdo el día en el que estuve por primera vez en una planta con diecinueve pacientes para mí y para la auxiliar que nos tocaba estar ese día en el turno de tarde. Al ser una planta que combinaba desde medicina interna hasta cirugías de varias especialidades, tenía el carro de medicación a rebosar e iba contrarreloj. Un solo contratiempo me lo iba a poner todo cuesta arriba. Y así pasó.

Un paciente que acababa de salir del postoperatorio empezó con hipotensión severa y tocó correr: canalizar una segunda vía periférica, mandar analíticas y transfundir dos concentrados de hematíes. Todo esto ocurría mientras aún me quedaba por administrar la medicación a media planta e ir retirando los tratamientos que se iban acabando.

Cuando la urgencia terminó y pude acabar todas las medicaciones necesité parar cinco minutos. Sabía que varias enfermeras habían llorado en esa planta y a mí me faltó muy poco. Llevaba sólo unos días de experiencia.

Yendo a otro tema, desde mi experiencia he tenido la suerte de estar pluriempleado varios veranos y hay una situación que se repite una y otra vez. La de estar por la mañana en casa o en el trabajo y recibir una llamada de recursos humanos de un hospital público:

-Buenos días, hay una vacante de enfermería, media jornada, en la planta de Gastroenterología. Ven a eso de las dos de la tarde a firmar y a hablar con la supervisora, a las tres empiezas.

Una llamada igual que esa la recibí a las doce de la mañana de un lunes de Junio. Nunca había estado en Gastro, ¿cómo iba a poder ayudar cuando me dijeran que preparase el material para una paracentesis si ni siquiera conocía dónde se encontraban los materiales? ¿Y cuándo me dijeran que cargara una bomba de Somatostatina?

Por suerte cuando fui al hospital y me encontré con la supervisora me comentó que por planilla no empezaba hasta tres días después. Pude ir a realizar un reciclaje “voluntario” para por lo menos no llegar de nuevas.

Esa suerte no es general. Se sigue llamando el mismo día desde bolsas de empleo para empezar en servicios en los que no has estado previamente, lo que es un sobreesfuerzo para el equipo más veterano del servicio y un gran estrés para el personal más novato.

Mi consejo para todas las enfermeras y auxiliares que empezáis a trabajar es que no tengáis miedo de preguntar. No penséis que quedáis mal por hacerlo o que vais a parecer unos pesados. Más vale que pienses que preguntas demasiado a terminar cometiendo un error (que puede ser grave) por no hacerlo.

Pau Matalap recuerda en su entrada el caso de una enfermera nueva en una UCI neonatal que, en su primer día, provocó la muerte de un neonato al administrar nutrición enteral por un vía intravenosa. Este caso lo recordamos muchos y es muy extremo, pero nos vale para darnos cuenta de lo fácil que es cometer un error con graves consecuencias.

Ser buena enfermera te lo da la experiencia y tod@s, absolutamente tod@s, hemos sido nuevos en una o en varias ocasiones. Por ello los veteranos tienen la responsabilidad de ayudar a que las nuevas enfermeras puedan adquirir en poco tiempo la seguridad y los conocimientos específicos de cada servicio.

Anécdotas sanitarias Vol 3

Mi sala de donación se encuentra en la planta baja de un centro de especialidades, la planta donde se encuentra el hall principal, admisión, atención al paciente… Vamos, la planta por la que pasan los pacientes de todas las consultas.

Las anécdotas que cuento en la entrada de hoy son algunas de las que me ocurren o escucho cuando salgo al hall a tomarme un descanso, a sacarme un café de la máquina o a averiguar si entre los pacientes y acompañantes de ese día encuentro candidatos que puedan ser donantes de sangre.

No sé si alguien puede pensar que es un lugar aburrido. Cualquier chaqueta verde, personal administrativo o de seguridad puede dar fe de que es todo lo contrario.

He visto a pacientes liándose a puñetazo limpio por el turno de admisión; a pacientes que te pegan su tarjeta sanitaria literalmente en la cara y te chistan para preguntar por su cita; pacientes que preguntan desesperadamente por los baños cuando los tienen justo a un metro; gente perdiendo los nervios y por supuesto, mucha gente normal que no da lugar a ninguna situación surrealista.

Una de las complicaciones que sufren los pacientes que acuden a la tercera planta es preguntar por la consulta de Otorrinolaringología. No me extraña, ¡es bastante difícil no trabarse o desistir en el intento! Entre esas muchas situaciones de personas esforzándose por preguntar por esa especialidad hubo una que se superó y me dijo:

-Buenos días, venía a la consulta del Ornitólogo. ¿A qué planta tengo que ir?

Al ver que no tenía mucha pinta de ave, le pregunté si se refería al “Otorrino”. Sé que no es fácil, pero no os preocupéis, lo digáis como lo digáis os vamos a entender.

Otra pregunta que me resultó igual de chocante fue la que me hizo una paciente que tendría unos 25 y 30 años:

-Tengo revisión con el tocólogo, ¿dónde pasa consulta?

¿Tocólogo? Seguro que much@s de los que leeréis esta entrada conocíais ya ese término, pero para mí, que cursé la LOGSE, era algo que no había escuchado en mi vida. La palabra es descaradamente intuitiva, eso sí.

Tras saber que se estaba refiriendo a la consulta de Ginecología y Obstetricia, me puse a pensar en cómo una mujer con una edad similar a la mía podía usar esa palabra.

Por último y dejando a un lado los términos utilizados por pacientes, me estoy acordando de una anécdota más graciosa.

Mientras la máquina me preparada un café Premium (recalco lo de Premium), se encontraban cerca una madre y su hijo de unos tres años. Un niño que no paraba de moverse de un lado para otro y que terminó siendo inmovilizado por su madre.

Fue entonces cuando estaba en brazos, que me mira y, tras dudar unos segundos, empieza a gritar mientras me señala:

-¡Es papá! ¡Papá!

La madre no sabía dónde meterse. Empezó a ponerse colorada y a corregir al peque. No, aquel enfermero de pijama blanco no era su padre.

Hace un año hubo una racha en la que mucha gente me decía que me parecía a Alberto Garzón cuando Podemos e IU se unieron y salía cada día por la tele (aunque sólo nos pareciéramos en la barba que la llevaba diferente y más oscura, y en el pelo). Pero sin duda, lo de parecerme a un padre tanto como para confundirme con él…¡eso es otro nivel!

Tenéis más anécdotas sanitarias aquí https://perdidue.com/2017/02/02/anecdotas-sanitarias/ y aquí https://perdidue.com/2017/03/27/anecdotas-sanitarias-vol-2/

Como siempre espero sacaros una sonrisa y siento si os dejo con ganas de más.

¡Gracias por leerme!

Conociendo al donante de sangre. Entrevista a Edu.

Vamos con la segunda entrevista de este apartado que tiene como protagonistas a los donantes de sangre.

Hoy os presento a Edu, trabajador social, quien me ha prestado sus venas ya unas seis veces para regalar vida, más las bolsas que ya había donado antes de que yo comenzara a dedicarme a este mundillo. A sus 25 años ya es un gran donante habitual y su grupo sanguíneo es el 0+, uno de los más comunes en España y, como consecuencia, uno de los grupos que más transfusiones demanda (además puede donar a A+, B+ y AB+).

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La primera vez que se dejó pinchar por mí fue en Junio del 2014…¡3 años ya!

Si le conocéis no vais a tardar mucho en daros cuenta de que ser trabajador social le viene como anillo al dedo. Diré que como enfermero de donación de sangre, me encanta que en la extracción se de un ambiente con buen rollo y con mucho humor. ¡Con él es bastante fácil conseguirlo!

¿Cuándo empezaste a donar sangre? ¿Cómo surgió?

Empecé a donar sangre en 2013, cuando me di cuenta que era una de las formas más importantes y fáciles ayudar a los demás.

Como donante habitual que eres, ya has regalado unos cuantos chuletones, ¿por qué lo haces?

¡Jajajaj! Si, la verdad es que le he cogido cierto gustillo a la aguja… Pues lo cierto es que si mi sangre recupera niveles normales cada 3 meses, no tengo ninguna enfermedad o malestar crónico, y puedo donar sin problemas… La pregunta sería: ¿ y por qué no?

Hay dos tipos de personas en una donación: las que miran cómo les pinchan y las que no miran, ¿a cuál perteneces?

¡Uuff! Pues la verdad es que me da bastante grima el momento del pinchazo. ¡Y eso que no lo siento! Además me fío de mi enfermero habitual mas que de mí mismo. Aún así prefiero mirar para otro lado mientras digo o escucho un poco de humor negro.

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Edu simulando un síncope para la foto durante una donación, porque era una simulación, ¿no? 😀

¿Qué le dirías a todas esas personas que no dan el paso de donar por miedo a la extracción?

Que no se a qué esperan. Son apenas unos minutos, durante el proceso tienes un charla amena, te dan de almorzar, rellenar el formulario es bastante divertido, ¡¡y tu cuerpo se recupera enseguida!!

¿Crees que hay una concienciación suficiente sobre la importancia de la sangre?

Claramente no, porque si la hubiera las donaciones serían más abundantes. Si das tu “sangre” en impuestos abusivos y cada vez recibes menos a cambio, por qué no darla para que personas que la necesitan puedan recuperar la salud.

¿Tienes alguna anécdota que te ocurriera en una sala de donantes?

Una vez doné a la vez con otro hombre. Por esas fechas sorteaban un teléfono entre todos los donantes, y yo quería que me tocara a mí. No paraba de repetirlo en alto, diciendo que yo me lo merecía más que nadie. El otro hombre intentaba corregirme, diciendo que le tocaría a quien le tuviera que tocar, pero yo no compartía ese razonamiento. Después se hizo un silencio eterno en el que yo me iba sintiendo cada vez peor, por mi actitud egoísta. Mi enfermero me preguntó incluso: ¿estás bien? Empiezas a tener mala cara…

La mala imagen en Sanidad.

Estamos en una sociedad que ha ido cambiando a lo largo de los años. Hemos dejado de ser muy conservadores en ciertos aspectos aunque, sin embargo, en otros parece que estamos negados a cambiar nuestro punto de vista.

Al igual que una gran parte de las personas de mi generación, llevo tatuajes. Me gustan, son parte de mí, de mi cuerpo, de mi forma de ser.

Estoy acostumbrado a escuchar ciertas preguntas y comentarios, como el “cuando seas mayor te vas a arrepentir” o “si es que los jóvenes no pensáis”, también “y cuando pase la moda, ¿qué harás?”.

Me sorprende esto de las modas. Los primeros tattoos me los hice ya hace unos ocho años. Nunca había visto una moda que durara tanto tiempo y, sobre todo, que afectara a tantas generaciones diferentes.

Además, cuando escucho algo sobre mi futuro arrepentimiento pienso si con sesenta, setenta, ochenta años tendré asuntos más importantes en mi vida que pensar si a mi piel, ya arrugada, le queda bien una tinta que me ha acompañado décadas.

No os aburro más con mis pensamientos sobre el tema y voy a centrarme en lo que abarca a la Sanidad.

Hace poco más de un mes realicé una encuesta en Twitter que obtuvo más de novecientos votos. En ella preguntaba sobre la influencia que puede tener un paciente al ver que el personal sanitario que le atiende está tatuado. Los resultados fueron los siguientes:

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Reconozco que debería haber pensado más las opciones a elegir, ya que de esta forma dejé de lado respuestas positivas como “da buena imagen” o “es mejor profesional”. Aún estando un poco sesgada y teniendo en cuenta el perfil del tuitero activo (que no sobrepasa generalmente de los 60 años) se puede extraer alguna conclusión:

  • Prácticamente nadie considera que llevar tatuajes te convierta en peor profesional. De hecho quiero pensar que de esos nueve votos, alguno de ellos viene de una usuario un poco troll.
  • Casi un quinto de las personas piensa que da mala imagen. Recordemos que la pregunta habla de tatuajes en general, no de particularidades como el tamaño, el estilo, la simbología, etc.
  • A la gran mayoría de tuiteros no le influye negativamente que su enfermera/o, médico o auxiliar tenga tatuajes visibles.

Estoy convencido de que, si en Twitter la mala imagen ha recibido cerca del 20% de los votos, en una encuesta que incluyera a mayores de 65 años el porcentaje subiría hasta casi la mitad. O igual me llevaría una sorpresa.

Hablamos ahora de la mala imagen relacionada con los tatuajes.

Es curioso que fuera de la sanidad, como en el sector de las tecnologías, las empresas están buscando cada vez con más frecuencia personal con tattoos visibles.

El por qué, como decía un amigo graduado en Políticas y Sociología, apunta a que los tatuajes se relacionan con la modernidad, al igual que los móviles o las tablets. Por lo que una persona tatuada te aporta confianza, vas a suponer que sabe del tema.

Sin embargo, la sanidad parece considerarse un campo más tradicional para los españoles. Viendo la imagen de la representación española en el Congreso Internacional de Enfermería del 2017 celebrado en Barcelona, no debería extrañarme demasiado.

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Respeto que haya una parte de la sociedad española clasista, pero los pacientes tienen que saber que la sanidad no lo es. Las enfermeras han dejado de llevar cofia, el Betadine ha sido reemplazado por la Clorhexidina en la mayoría de curas, ya no se aconseja utilizar el jabón de lagarto habiendo muchas opciones más efectivas, las jeringuillas ya no son de cristal y se hierven para reutilizarse, cada vez hay más enfermeros, las mujeres que estudian medicina superan ya en número a los hombres, se han empezado a hacer cirugías muy complejas utilizando un robot manejado por el cirujano…

Podría seguir con decenas de ejemplos que demuestran que la sanidad está en una evolución constante, al igual que sus profesionales.

Ahora mismo hay multitud de enfermeras, enfermeros y médicos que están intentando cambiar la sanidad para mejor. En esta época de tecnologías, móviles y aplicaciones sería un grave error no estar empeñado en modernizar nuestras profesiones o modernizar las relaciones con los pacientes.

Espero que no tarde en llegar el día en el que en cualquier centro sanitario en el que te encuentres (hospital, clínica, residencia, centro de salud…) llevar tatuajes no te relacione con una mala imagen. Porque cada vez que a un profesional le ocurre eso, la sociedad se estanca un poco más en su camino inevitable de seguir avanzando hacia el futuro.

Conociendo al donante de sangre.

Siempre que una persona llega a mi sala a donar sangre tengo claro que el protagonista de mi trabajo no voy a ser yo. Va a ser el que pone la vena, el que decide ayudar a los demás sin esperar nada a cambio.

Para mí es un placer poder ponerle cara a la persona que hay detrás de cada donación, y de paso, hacerles unas preguntas relacionadas con sus experiencias como donantes.

Empezamos la primera de las entrevistas con una donante muy especial para mí. Ella es Cristina,  historiadora del arte de 26 años que empezó a donar sangre regularmente hace unos tres años. Cada vez que acude a donar cada 4 meses lo hace con muchos nervios, ¡pero con una gran sonrisa!

Las personas como ella, que no llevan muy bien los pinchazos y se atreven a dar el paso, tienen mucho mérito.

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¿Cuándo empezaste a donar sangre? ¿Cómo surgió?

Empecé a donar sangre hace tres años, y, siendo sincera fue porque tú habías empezado a trabajar como enfermero de donaciones, y eso me animó, ya que antes de eso yo era la típica persona con pánico a las agujas; si los análisis para mi eran una tortura, donar sangre era impensable para mí. Pero pensé: “Bueno, hay confianza, sé que es buen profesional, y qué mejor para empezar con algo que me da tanto miedo, que con alguien conocido. Y además, ayudo a alguien que necesite mi sangre.”

¿Qué te motiva para donar sangre regularmente?

Me motiva saber que estoy ayudando a alguien, que el pequeño esfuerzo que supone ir a donar puede salvar la vida a alguien, ayudarle a salir adelante.

¿Qué aspectos positivos valoras más en una sala de donantes?

No considero que sea lo más importante a la hora de donar, pero puestos a decir algo, diré que cuánto más cómodos son los sillones, mejor, y por supuesto, se agradece que el profesional que te está extrayendo la sangre sea amable y esté un poco pendiente, por lo menos en mi caso.

Hay dos tipos de personas en una donación: las que miran cómo les pinchan y las que no miran, ¿a cuál perteneces?

Como ya he dicho, antes me daban pánico las agujas. Para mí conseguir donar con total normalidad ha supuesto un gran paso, pero aún así, no me gusta mirar cómo me pinchan. Luego sí que echo alguna mirada a cómo sale la sangre, a la bolsa y a la báscula, pero ni cuando me pinchan ni cuando sacan la aguja ¡quita, quita, qué repelús!

¿Qué le dirías a todas esas personas que no dan el paso de donar por miedo a la extracción? Al pinchazo vaya.

Pondría mi ejemplo. Siempre que tenía que hacerme análisis iba como un flan y normalmente me mareaba, pero una vez reúnes el valor suficiente para donar, se hace un gesto sencillo, y los análisis ya son pan comido. Simplemente hay que pensar en otra cosa en el momento del pinchazo y durante la donación, lo mismo, no estar pensando en lo que estás haciendo, ¡pide a tu enfermera/o que te de conversación y será todo mucho más sencillo! Además, si piensas en que esos 15 minutos de tu tiempo y ese pequeño “sufrimiento” sirven para ayudar a alguien, se hace mucho más sencillo. Además, les diría que se den un pequeño homenaje después, y vayan a recuperar fuerzas comiendo algo rico, ¡hay que recompensar el esfuerzo!

¿Crees que hay una concienciación suficiente sobre la importancia de la sangre?

Creo que relativamente. Posiblemente sea algo que hay que inculcar desde que somos más jóvenes: la importancia de que cuando podamos, donemos. Quizá dar más visibilidad a los usos que se le dan a la sangre, las cantidades necesarias para determinadas operaciones, tratamientos, etc, puesto que puede que así la gente se haga una mejor idea de lo necesaria que es nuestra sangre.

Sí que es verdad que actualmente con campañas como la de Pablo Ráez se ha dado más visibilidad a la importancia de hacerse donante, pero bajo mi punto de vista, aún queda mucho camino por recorrer.

¿Tienes alguna anécdota que te ocurriera en una sala de donantes?

Ya han pasado tres años desde que comencé a donar, y eso ha supuesto seis donaciones de sangre y una por aféresis, y esas experiencias han dejado alguna anécdota para comentar.

Normalmente voy a donar con una de mis mejores amigas, que para mí ya es mi compañera de donaciones, y cuando donamos juntas parece que echamos carreras a ver quién tarda más y cuál de las dos máquinas da más pitiditos por lo lenta que sale nuestra sangre.

Y relacionado con la calma con la que mi sangre sale, cuando fui a donar por aféresis (una donación de una hora aproximadamente) periódicamente la máquina se quejaba de ello, y la enfermera tenía que venir cada vez que la máquina decidía poner banda sonora a base de pitidos para quejarse de que mi sangre no iba lo suficientemente rápido para ella. Era curioso, porque en la sala había otras dos o tres personas realizando el mismo procedimiento, y ellos estaban tan tranquilos, y sus máquinas igual.

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Cris durante su donación de plasma y plaquetas por aféresis en el Centro de Transfusiones de la Comunidad de Madrid

Y otra anécdota es la que tiene que ver con la primera vez que doné, en la que yo no sé quién estaba más nervioso, si mi enfermero sabiendo mis antecedentes con las agujas, o yo por haber conseguido atreverme.

Termino recomendando a todo el mundo que done, es un pequeño esfuerzo y una gran ayuda para alguien. Una vez dones, el resto de pinchazos no son nada, y además, es genial sentir que estás ayudando a alguien. ¡Todo son ventajas!

Situaciones surrealistas durante las entrevistas al donante de sangre.

La entrevista en donación de sangre es el gran filtro que permite aceptar o excluir a los donantes en función de una serie de criterios establecidos.

Esta fase es la primera toma de contacto que tiene el responsable de la colecta con el potencial donante de sangre y, a menudo, deja situaciones “surrealistas”. Algunas muy graciosas, otras que no lo son tanto, y otras que te dejan totalmente descolocado.

Aquí os dejo dos que me ocurrieron a mí personalmente:

Tras mirar el estado de las reservas y comprobar que el grupo 0+ se encontraba bajo mínimos, lancé un mensaje por megafonía recalcando la urgencia en la que se encontraba ese grupo. A los cinco minutos llega un señor a la sala de donantes:

-Hola, venía a donar, que he escuchado que hace falta mi grupo urgentemente. Yo soy seropositivo.

-¿Cómo? ¿Es seropositivo o del grupo 0+?

-No no, yo soy seropositivo.

-Pero…usted sabe que si es seropositivo , tiene anticuerpos para el SIDA y no puede donar,¿verdad?

-¿¡Por qué!? ¡Si acabo de escuchar por megafonía que hace falta!

No exagero si os digo que estuve convenciéndole de que no podía dar sangre durante cinco minutos.

 

Otro día una mujer vino a donar sangre y según entra a mi sala (en la que estoy solo) me dice muy convencida:

-Buenas días, venía para la inseminación.

Me quedo mirando a la mujer en plan “¿ha dicho inseminación?” hasta que a los pocos segundos la pobre se da cuenta del lapsus que ha tenido. Quería decir que venía a donar, pero se iba a someter a un tratamiento de fertilidad y había tenido un lapsus.

¡Lo que nos pudimos reír los dos!

 

Dos de @sangrepublica ,una compañera que lleva dedicándose a la donación de sangre unos cuantos años más que yo (de hecho empezó en esto cuando yo estaba terminando Primaria). ¡Podéis seguirla en Twitter!

Llega un donante que pasa la entrevista en la sala habilitada para ello en el centro. Todo bien, así que entra directamente en la sala de donación.

La compañera le dice: -Pase a la sala que ahora mismo voy con las cosas.

-Pero, ¿en la sala? Y usted, ¿va a venir?

-Claro, ¿cómo vamos a hacer la donación si no?

-Pero es que ahí fuera hay más gente.

-Sí, con mis compañeras, donando también.

El señor no daba crédito y la enfermera no sabía por qué…

-A ver, ¿usted no me ha dicho que ya había donado más veces en (no recuerda el sitio que dijo)?

– Sí, pero allí te dan una revista, un bote y te dejan solo en la sala para la donación. No pasa la enfermera a “ayudarte”.

El señor se había equivocado de “banco”.

 

Otro caballero, hablando sobre el apartado que trata el tema de las relaciones sexuales:

-Pero a ver señorita, si yo siempre voy con la misma chica desde hace años.

El señor se refería a que siempre era la misma prostituta.

 

Las anécdotas de las entrevistas en la donación pueden dar para mucho como podéis comprobar. Si os ha gustado esta primera entrada exprés dedicaré un apartado separado del de “anécdotas sanitarias”.

Gracias una semana más por seguirme y perdón por tardar tanto en hacer una nueva entrada.

Estoy en Twitter (@perdidueblog) y en Instagram (@perdidue).