“¿POR QUÉ HUMANIZAR?” Por Carlos Cruz-Salazar, Doctor y enfermero de UCI pediátrica y neonatal.

Toda historia o relato empieza con una idea básica. Esta idea nace en mí con tan solo siete años de edad. Tengo que empezar por aquí para que entendáis por qué decidí ser enfermero y cuidar y acompañar a todas las personas que necesitasen ayuda.  A día de hoy trabajo con un grupo de población muy débil y específico, como son los pacientes neonatales y pediátricos.

Esta pequeña historia ocurre en la cuidad de Baeza, Jaén, en el centro de salud de la que es mi ciudad natal, cuando mi madre me llevó a que me hicieran un análisis de sangre. Yo estaba acompañado de ella, esperando en una sala de espera enorme, o eso me parecía a mí con mis 7 años, cuando de repente abrieron una serie de salas conectadas todas entre sí y me nombraron el primero por mi nombre. Una mujer con una bata blanca se acercó a mí, me puso su mano en mi espalda, y me acompañó a una camilla mientras me explicaba lo que suponía hacerse un análisis de sangre y la técnica que me iban a hacer.

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En ese momento me sentí muy cómodo gracias a la explicación de aquella amable mujer. Como ya había hablado con mi madre, estaba decidido a ser lo más valiente del mundo, porque como buen chaval de campo, no podía tener miedo ni mostrar duda ante lo que me iban a hacer.

Me tumbé en la camilla y la misma mujer que me había explicado todo, se enfundó unos guantes y me sacó sangre con la misma dulzura que me había acompañado a la camilla. Me hice el valiente todo lo que pude, pero llegó un momento en el no recuerdo nada más, y es que resulta que me mareé. Lo único que recuerdo es despertar en la misma camilla con las piernas levantadas y al mismo tiempo a esa mujer aireándome con una carpeta al lado de mi madre.

Fue en ese instante cuando supe que tenía que hacer en un futuro lo mismo que esa mujer había hecho conmigo. No sólo me tranquilizó, sino que me ayudó y me acompañó en todo momento.

Durante estas primeras etapas de la vida estudias primaria, secundaria, selectividad y llega el momento de empezar la universidad. Es en este punto donde conozco a uno de mis mejores amigos de la universidad y dueño de este blog… a D. Javier Perdiguero Garés, o como todo el mundo le llama: “Perdi”. Pasan los años y gracias a las clases y las prácticas vas viendo cuál es el servicio donde mejor encajas y donde se te da mejor trabajar, y en mi caso era el bloque quirúrgico o quirófano 😂. Pero, ¿qué ocurre? ¿Por qué no empiezo a trabajar ahí?

La imagen puede contener: una o varias personas e interior

Carlos y Perdi acabando 2º de Enfermería, vaya pipiolos…

Llega el último curso y resulta que lo finalizamos en uno de los años más complicados de la economía de España. Tenemos ante nosotros una de las mayores crisis económicas de las últimas décadas en nuestro país y en junio de 2012, un mes antes de que Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo, pronunciase sus palabras mágicas para salvar el euro €: “whatever it takes to preserve the euro”; lo único que me ofrecen, y gracias al cielo que me lo ofrecen, es trabajar en uci de neonatos, en un principio sólo durante ese verano.

Podemos decir por tanto que soy enfermero de UCI neonatal y pediátrica gracias a la crisis económica de 2012 jajaja. (Ahora me río, pero en su momento estaba la cosa muy complicada…)

Los primeros meses son de aprendizaje y de absoluta modestia. Aprendí todo lo que pude de mis compañeros y a día de hoy aún sigo haciéndolo. Aquí es donde te das cuenta de que los milagros no son tan milagros, sino que detrás de ellos hay un equipo de profesionales con unas características y un conocimiento de la técnica y la humanidad fuera de lo común. Que detrás de una recuperación por una septicemia hay mucho trabajo técnico, de conocimiento empírico y humano que debemos valorar cuando entramos a un hospital.

Porque puede que sea una de las unidades donde los cuidados son más técnicos y precisos que en ningún otro sitio del hospital y que, a todo ello, le tenemos que sumar la humanidad que hay que tener con estos pacientes tan vulnerables y débiles. No solamente somos los cuidadores de estos pacientes, sino sus protectores, y a la vez los protectores y cuidadores de muchos de sus padres.

Es muy importante saber cargar y programar una perfusión de Fentanest® y Midazolam®, pero también es muy importante saber en qué momento el paciente está sufriendo o demandando cuidados y qué debemos hacer para solucionarlo, con el inconveniente de que los bebés no te dicen verbalmente que tienen dolor, hambre o que están pasándolo mal. Aunque se expresan de manera diferente y es aquí donde tenemos que conocerlos para poder comunicarnos con ellos.

Es por eso por lo que me especialicé, tanto en el apartado técnico como en el apartado más humanista, haciendo estudios de posgrado en ambas materias, llegando incluso a publicar una tesis doctoral basada en las humanidades dentro de nuestra profesión enfermera.

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Esta tesis ha sido fruto de muchas horas de trabajo y estudio, buscando cuál sería la mejor manera de no perder nuestra esencia como cuidadores dentro de este mundo tan hipertecnificado y que cada día tiende más a formar a nuestros cuidadores como meros técnicos. Por esto mismo y por la necesidad de volver a recuperar las humanidades como eje central de nuestro trabajo, realicé un proyecto que tiene como objetivo final la creación de un currículo universitario enfermero con materias que nos ayuden a comprender a la persona y sus necesidades humanas.

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No podemos utilizar la técnica de mayor complejidad existente en la actualidad sin conocer a quién se la estamos aplicando. Lo que quiero decir es que las unidades de cuidados intensivos neonatales y pediátricas son un lugar donde la técnica y la humanidad deben coexistir de manera impecable, donde los profesionales que trabajamos en estas UCIs encontramos los mejores y peores momentos de nuestra actividad diaria.

La evolución transhumanista del hombre al posthumano no puede nunca olvidar su origen natural, por eso es tan importante que tengamos en cuenta al SER como paciente antes que como conjunto de células que tienen un fin determinado.

Por todo esto, siempre agradeceré a la enfermera de mi centro de salud en Baeza que me tratase con aquella humanidad como lo hizo. Porque gracias a ello soy el tipo de enfermero que ejerce su profesión de la manera más humana posible hoy día.

 

La realidad de muchos centros sanitarios en España que los pacientes tenéis que conocer.

En España la salud de muchos pacientes está comprometida debido a las condiciones que soporta el personal de Enfermería en su día a día. Esta afirmación se justifica por dos hechos principales.

El primero, que en nuestro país faltan más de 100.000 enfermeras para acercarnos al ratio medio de enfermeras/pacientes que se da en la mayoría de países europeos para garantizar una buena calidad asistencial (respecto a este tema, el Sindicato de Enfermería, SATSE, ha iniciado una recogida de firmas para que el Congreso de los Diputados debata una Iniciativa Legislativa Popular) . Y el segundo es que, por si fuera poco, en muchos centros sanitarios, de gestión privada especialmente, y con el objetivo de ahorrar dinero y de obtener el máximo beneficio posible, las enfermeras y auxiliares (TCAE) son sometidas a una sobrecarga de trabajo brutal, que pone en peligro tanto su salud como la de los pacientes que están a su cargo.

Campaña de Satse para debatir una ILP en el Parlamento sobre el ratio enfermeras/pacientes en España.

No contentos con esa sobrecarga, además pagan unos sueldos lamentables que llevan a muchas compañeras/os a plantearse si les compensa tanta responsabilidad, formación y estrés.

En esta entrada se muestran decenas de experiencias que se han recogido en la red social Instagram a raíz del hashtag #sanidadmileurista

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Texto con el que comenzó la iniciativa #sanidadmileurista en Instagram

Vais a leer condiciones que lamentablemente en nuestro sector son conocidas por los profesionales sanitarios, pero totalmente desconocidas para la mayoría de usuarios que acudís a consultas, hospitales, clínicas, residencias, etc.

Desde que comenzó la crisis en España, al igual que en muchos otros sectores, las condiciones laborales han ido a peor. No vamos a descubriros esto, pero sí a hacer hincapié en que varias empresas de la Sanidad privada no han dejado de expandirse y de aumentar su actividad y beneficios, gracias sobre todo a lo que esta crisis les ha permitido ahorrarse en sueldos.

Hay que tener en cuenta que por mucho que un hospital se deje millones de euros en maquinaria de última generación para cirugías, en eminencias de la Medicina, en habitaciones individuales con todas las comodidades, en tratamientos avanzados…por mucho que tengan una oferta espectacular, si tienen a enfermeras obligadas a doblar turnos para no contratar más gente; si tienen a enfermeras llorando literalmente porque no llegan a dar una buena calidad asistencial; si tienen ratios de más de 15-20 pacientes en plantas de hospitalización o más de 3 en una UCI; si tienen a su personal desmotivado porque además de unas condiciones de pena cobran unos sueldos miserables, etc. Por mucho que os lo pinten bonito no vais a recibir unos cuidados de calidad, y si los recibís es por el tremendo esfuerzo que tienen que realizar las compañeras y sobre todo por su vocación.

Aparte de poner la lupa en hospitales, tenéis que saber que en las residencias nos encontramos con situaciones muy graves. La sobrecarga llevada al máximo extremo aunque un residente tenga que pagar 1500-2000€ mensualmente.

Hay que dejar claro que aquí no se generaliza con la sanidad privada en general. Hay muchos hospitales que hacen las cosas bien y proporcionan a su personal y pacientes condiciones dignas. Pero que la situación de miles de profesionales es precaria está bastante claro.

Otro tema aparte es que los profesionales sanitarios/as que trabajan en la sanidad privada no consiguen obtener puntuación para la bolsa pública de empleo (o si la obtienen es considerablemente inferior a la de centros de gestión pública). Este hecho no sólo les dificulta trabajar en hospitales públicos, sino que además les resta puntuación injustamente en las ofertas públicas de empleo para aspirar a ser personal estatutario.

Para finalizar quiero decir una cosa. El tema de humanizar la sanidad está en auge y muchas personas(gestores sanitarios incluidos) se suben al carro de escribir sobre la importancia de humanizar nuestra profesión. Pues bien, no podemos humanizar correctamente a nuestros pacientes si las condiciones no nos lo permiten. Por favor, dejad a un lado la hipocresía y el cinismo.

A continuación se muestran decenas de experiencias contadas por enfermeras y TCAE principalmente. He tenido que seleccionar muy bien lo que subía porque había testimonios demasiado duros y hechos graves que podían poner en un compromiso mayor a estas compañeras.

Que estas situaciones no se produzcan más depende de todos: profesionales sanitarios, pacientes, sindicatos, políticos…

 

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Liquidación que incluye el pago de una quincena con dos turnos de trabajo diarios en el Hospital HM Sanchinarro.

Pero…¿tú pinchas bien?

Una persona llega con su coche a un taller. Al bajar le atiende el mecánico que se encuentra trabajando en ese turno y saluda al cliente. Cuando el empleado va a preguntarle el motivo de la visita, es cortado de forma brusca con un “perdona, ¿tú arreglas bien los coches? Es que te veo muy joven”.

Esta situación que acabo de describir parece (y es) surrealista. A priori el argumento de parecer joven no entra dentro de las premisas de que vaya a trabajar peor. Cuentas con que ese mecánico ha tenido una formación teórica y ha realizado prácticas en otros talleres con otros coches siendo supervisado.

Pues bien, bienvenidos/as a una parte del sector servicios que es la sanidad y, más concretamente, vayamos a la enfermería. Esta situación la hemos vivido prácticamente todas las enfermeras alguna vez en nuestra trayectoria profesional. Hay muchos pacientes que no han tenido ningún reparo en cuestionarnos, en privado o públicamente, por el mero prejuicio de que una enfermera joven va a pinchar o a realizar cualquier otro procedimiento de enfermería mucho peor.

Cuestionarnos de esta manera  puede ser, en primer lugar, contraproducente para el propio paciente, ya que una enfermera que esté pasando un día de mucho estrés puede sufrir más nervios y terminar en una mala punción como resultado.

Yo no creo que cuando alguien te cuestiona así sea con maldad por defecto, posiblemente esa persona haya tenido malas experiencias en el pasado y la posibilidad de revivirlas le causen ansiedad. Pero también digo una cosa, esa situación se percibe y se arregla con empatía y transmitiendo seguridad.

También calas enseguida a las personas que no sólo te cuestionan, sino que además te desprecian por tu supuesta falta de experiencia y dan por hecho que, por sus “bemoles”, no vas a hacer bien tu trabajo, sin conocerte de nada. Suelen ser las mismas personas que en un hospital sueltan la famosa frase de “yo pago tu sueldo”.

Con los años aprendes a llevar mejor esta situación. El primer grupo de pacientes implica comprensión por nuestra parte pero sin dejar de tener claro que somos profesionales y eso tenemos que hacerlo ver. Del segundo grupo en cambio, no puedo dar una pauta clara, depende de cada uno y de cómo se aplique en nuestro centro la frase “El cliente siempre tiene la razón”. Personalmente soy de aguantar el tipo y, dependiendo del día, soltar alguna frase muy típica de Perdidue estilo: “sí…bueno…soy enfermero desde hace cinco años y me suelo dejar la barba porque parezco más mayor, así pincho mejor”.

Si las enfermeras/os tenemos que aguantar esta situación, imaginad lo difícil que es ser estudiante de enfermería, donde esa presión es el doble por el mero hecho de llevar una placa con las palabras “Estudiante en prácticas”.

He empezado esta entrada describiendo la situación de un mecánico y de cómo, para llegar a ese puesto había tenido que practicar con otros coches antes que el tuyo. Ser sanitario es un trabajo que necesita de miles de horas de prácticas antes de ocupar tu puesto, algo que muchos pacientes no llegan a entender.

“A mí no me pincha la estudiante”. Estás en tu derecho legal de decir eso (siempre con educación y respeto), pero para que sea la enfermera con experiencia la que te vaya a realizar la extracción o canalizar la vía, ésta tuvo que ser estudiante en su momento.

No me canso de repetir una y otra vez que no he sido un enfermero de donación de sangre siempre. Para llegar a poder dedicarme a la punción venosa de esta manera, antes he tenido que practicar, fallar, acertar y coger la confianza que necesitaba. No existe a día de hoy ningún simulador que nos haga pulir este procedimiento igual que en un paciente real. Ya veremos en el futuro.

Cuando leáis en el letrero del hospital al que acudís la palabra “universitario”, no penséis que es parte del nombre y que está ahí porque queda mejor y da más clase. Lo que significa es que en ese centro hay actividad docente tanto en teoría como en prácticas.


En mi caso en particular además no sólo he sido cuestionado varias veces por mi apariencia juvenil, también por mi sexo. Pacientes mujeres me han pedido que me fuera de una habitación y que no les atendiera por tener la posibilidad de ver sus cuerpos desnudos o semidesnudos. Entiendo que haya pudor, pero profesionalmente es algo muy frustrante, también tengo derecho a que no se me discrimine y poder cuidar a mis pacientes.

 

La primera parada cardiorrespiratoria que presencié.

La primera parada cardiorrespiratoria  que presencié fue con 19 años, en el verano en el que iba a pasar de 1º a 2º de Enfermería. Estaba trabajando como ordenanza en un hospital  en el que había comenzado a hacer las prácticas en plantas de hospitalización.

Una mañana, como otra cualquiera, en la que me encontraba en el hall principal recibiendo a los pacientes, dándoles información o esperando para acompañar a alguno a planta para efectuar un ingreso, todo se revolucionó en un instante. Dos estudiantes de medicina de intercambio que pasaban por allí me dijeron en un castellano muy regular “oye, creo que a ese señor le pasa algo”. Y sí le pasaba algo, sí…

Al localizar al hombre, que estaba en el hospital visitando a un familiar, vi como se llevaba las manos al pecho mientras pedía ayuda. Las compañeras de información llamaron enseguida a los intensivistas y a los médicos de urgencias, mientras tanto me acerqué a él con la intención de ayudarle. “No puedo respirar, me muero, me estoy muriendo”. No paraba de repetirlo una y otra vez. A su lado su mujer con una crisis de ansiedad. Todo un cuadro.

La diferencia corporal entre ese señor y yo era de unos 80kg y más de 20cm, a duras penas le conseguí meter en el ascensor que llevaba al servicio de Urgencias y ahí terminó de desplomarse. Estábamos solos, él ya estaba en parada(aunque yo no lo sabía) y, aún conociendo la teoría de  todo lo que se debe hacer, me sentía muy impotente. Observé que comenzó a expulsar por la boca un líquido que no había visto antes, similar al de un vino rosado. Le coloqué en posición lateral para que no se broncoaspirase, aunque ahora creo que en ese momento ya era lo de menos.

En cuanto se abrieron las puertas del ascensor ya estaban esperando unas diez personas entre celadores, enfermeras, médicos… le sacamos un poco más allá de la puerta y ahí mismo, en el suelo, comenzaron a aplicarle el masaje cardíaco. No había tiempo que perder. Acercaron bombonas de oxígeno, desfibrilador, pusieron unos separadores, varios maletines con todo el material necesario… y yo en la puerta del ascensor, bloqueándola, pálido, sin reaccionar, estaba en shock.

No sé cuánto tiempo estuve ahí observando la escena, perdí la noción completamente. Cuando volví en mí decidí irme, no iba a ayudar y en el hall se habían quedado las compañeras sin ordenanzas. Me enteré después que consiguieron sacar a aquel hombre de la parada y que estuvo ingresado bastante tiempo en el UCI. Diagnóstico: edema agudo de pulmón(de ahí ese líquido espumoso que observé) relacionado con infarto de miocardio.

Creo que no estamos preparados para la primera parada que vivimos. Creo que por mucho que nos hayan explicado todo lo que se debe hacer, si no se ha pasado por un buen simulador, el impacto que sufres puede ser tan mayúsculo que te deje bloqueado, como estaba yo.

Esa experiencia me ayudó bastante para el futuro. En la siguiente PCR que presencié, ya en planta como enfermero, supe mantener la cabeza fría y tener claras las prioridades y sobre todo, supe darme de cuenta de cuando ayudas y de cuando estorbas. ¿Por qué digo ésto? Cuando tenemos una emergencia todo el mundo quiere ayudar, todo el mundo quiere correr, a veces se genera un caos que no ayuda y que termina con los profesionales más experimentados realizando las maniobras de reanimación y el resto mirando.

Cuando me preguntáis si estaréis preparad@s como enfermer@s para vuestra primera parada os cuento todo ésto. Dependerá de vuestra formación en RCP, del medio en el que se de, y de la mente fría que tengáis, pero lo primero es lo primero: LLAMAR A LA EXTENSIÓN DE PARADAS QUE HAYA EN EL HOSPITAL y si os encontráis por la calle asegurad vuestra propia seguridad y la del paciente, llamad al 112 y comenzad las maniobras de RCP lo antes posible.

Como ya expliqué en Instagram, una vez que se está en parada el tiempo corre en nuestra contra de forma espectacular. Si no se reciben maniobras de RCP durante los primeros minutos, por mucho que luego se le saque, el paciente va a tener daño cerebral (el encéfalo consume mucho oxígeno y es muy vulnerable a la falta de éste).

Se calcula que tras 5-6 minutos en PCR sin masaje cardíaco, el daño cerebral es más que probable. A partir de los 10 minutos está asegurado. Formarnos bien y saber como actuar es fundamental.


 

He rescatado una foto de ese verano en el que estuve trabajando como ordenanza.

Diecinueve añitos… 

En los hospitales también existen los agradecimientos.

Cualquier persona que trabaje en un puesto de atención al cliente sabe que, cuando un usuario está descontento con un servicio que se le está ofreciendo, no tarda en comenzar las gestiones para que quede constancia de su sentimiento en forma de reclamación escrita u oral. Lo mismo pasa en sanidad.

Listas de espera surrealistas de varios meses entre una prueba y la consulta con los resultados, deficiencias en instalaciones, un mal trato por parte del personal sanitario, la frustración que siente un paciente al pensar que no están tomando en serio su problema, la percepción de que hace falta más personal, una mala praxis… Son algunas de las reclamaciones que recibe una sala de Atención al Paciente de cualquier hospital.

No se puede negar que este tipo de documentos orientan sobre el índice de satisfacción que tiene un centro hospitalario y puede mostrar qué deficiencias se pueden solucionar para dar un mejor servicio o ayudar a que un error no se vuelva a producir.

Hay que tener en cuenta que hay pacientes que pueden utilizar este procedimiento como un “arma”, llegando a amenazar con ir a Atención al Paciente si no se le da prioridad a su problema cuando, de forma objetiva, no tienen razón en su demanda.

Ahora bien, ¿qué pasa si después de nuestra visita al hospital no tenemos ninguna queja, sino todo lo contrario? ¿Se puede reflejar esa satisfacción por el trato y servicio que hemos recibido? La respuesta está de nuevo en Atención al Paciente y es afirmativa, sólo hay que decir que queremos dejar un agradecimiento.

Habrá gente que se preguntará si sirve para algo. Para nosotros/as supone un reconocimiento “oficial” del trabajo bien hecho y es un estímulo enorme ver como un paciente se toma las molestias de ir a registrarlo. Esto también es un indicador de la satisfacción del paciente, aporta mucho más que una reclamación y nos motiva y anima a seguir dando lo mejor de nosotros como sanitarios y como personas.

El personal que conforma un hospital tiene el compromiso, en general, de dar una buena atención asistencial, pero también el mejor trato humano que sea posible. Somos muchos y muchas las que intentamos dar un trato humanizado, y no siempre es fácil: a veces nuestra vida fuera del hospital nos puede afectar negativamente y tener un mal día, a veces la carga de trabajo parece que puede superarnos y no nos permite dedicaros el tiempo que nos gustaría, a veces salimos afectados de una habitación y tenemos que seguir visitando al resto de pacientes sin pararnos ni unos minutos…


Me gustaría animar a las personas que me leen a que no sólo tengan en cuenta el agradecimiento en el hospital, y también lo tengan en cualquier restaurante, hotel, tienda, museo, etc, en el que os  hayan tratado de maravilla.

Alegrarle el día y motivar todavía más a un buen trabajador está en nuestras manos también como clientes/usuarios/pacientes, y nos lleva muy poco tiempo.

¿Tiene derecho un instituto a frustrar el futuro de sanitarios con vocación?

Esta entrada va a ser muy personal, y surge a raíz de una publicación en Instagram en la que contaba como, al acabar 4º de la ESO, recibí una carta por parte del consejo escolar de mi instituto en la que me “sugerían” que cambiara la modalidad de bachillerato que tenía pensada (Ciencias de la salud) por la de Humanidades. La razón: mi dificultad para aprobar las asignaturas de matemáticas y física.

El día en el que leí la carta lo pasé llorando. Desde que tengo memoria siempre he querido dedicarme a la sanidad, SIEMPRE. Fui un niño que devoraba la serie “Érase una vez el cuerpo humano”, que cuando iba con mis padres de compras les pedía como regalos cds y libros cuya temática fuera alguna relacionada con el organismo.

Mis padres me han contado muchas veces como con menos de 10 años les decía de memoria el número de huesos que había en cada parte del cuerpo y… ¡hasta los Reyes Magos me trajeron un fonendoscopio! Además soy hijo y sobrino de dos enfermeras que son unas grandes referentes para mí.

Por todo esto, y porque no me imaginaba ningún otro futuro diferente al sanitario, me planteo diez años después de esa carta si no podrían haberme preguntado si estaba dispuesto a dar el 200% e intentar sacar esas asignaturas para tener la posibilidad, en selectividad, de meterme a enfermería.

Al final me reuní con la orientadora del centro, por mi cuenta, y me comentó que podría tener la opción de hacer un 2º de bachillerato sin matemáticas ni física y sí con biología, química y ciencias de la tierra. Así que volví a tener la esperanza de poder cumplir mi sueño. ¿Por qué no me hablaron de esa opción en vez de intentar destrozar mi vocación? Seguro que no lo hicieron con mala intención, pero los profesionales de la docencia que trabajan con adolescentes deberían tener cuidado en esos asesoramientos.

Diez años después de aquella carta llevo ya un lustro siendo un enfermero que está feliz cada vez que se pone su pijama. Disfruto de una profesión en la que me muestro como soy, que me permite conocer día tras día a gente increíble,que me ha hecho cambiar mi mentalidad, eliminando prejuicios y valorando lo que realmente importa en esta vida: la salud, por mucho que suene a tópico. 

Me sorprendió recibir varios mensajes de compañeras y compañeros de profesión que me comentaron que han pasado por lo mismo: Noemí, Manu, Mireia, Andrea, Marta, Antía, Mariló, María; son algunas de esas enfermeras que en su momento pasaron por el mismo mal trago.

Te paras a mirar sus cuentas, sus publicaciones, sus “stories”…y ves que rebosan de vocación. Quizás en nuestro caso valoramos el esfuerzo extra, sobre todo mental, que tuvimos que hacer para poder trabajar en lo que amamos.

Deberíamos reflexionar sobre cuántos grandes profesionales de la sanidad se han perdido porque en su momento (siendo además unos niños, porque es lo que eres con dieciséis años) unas notas cuantitativas decidieron cuál debía ser su camino.


Me gustaría terminar diciendo que valoro mucho las humanidades, de hecho tengo la espinita clavada de estudiar derecho o ciencias políticas. Pienso que hay que ser muy valiente para estudiar carreras como Historia, Historia del Arte, Filologías, Filosofía, etc, sabiendo que te vas a encontrar con un país que no te va a valorar como te mereces, al igual que no le da la importancia que debería a su historia ni a su patrimonio.

 

Suplencias de verano: un desafío que se repite anualmente.

Intentando ponerme al día tras estar casi tres semanas desconectado de Twitter, he llegado a la entrada “No te pongas enfermo en verano” de Pau Matalap.

En ella habla del “Efecto Julio” consistente en que durante este mes se producen más errores en los hospitales por dos factores:

-Se cierran plantas y, como consecuencia, se sobrecargan otras.

-Miles de nuevas enfermeras y enfermeros comienzan su vida laboral durante este mes.

Siempre lo digo, al terminar la carrera no estamos preparados para llevar una planta nosotros solos. Por lo menos los primeros días.

Nos enseñan casi todos los procedimientos de enfermería en las más de mil horas de prácticas hospitalarias que realizamos, pero ser enfermera (y buena además) es mucho más difícil que eso y no te das cuenta hasta que terminas la carrera. No tenemos la experiencia, al principio, de enfrentarnos a varios ingresos por turno, de saber cuándo hay que llamar a un médico ni de cuándo no hacerlo, de cómo encargarnos correctamente del sistema informático, de todas las historias clínicas y de las correspondientes pruebas. Necesitamos tener a personal más veterano para salir al paso.

No es lo mismo estar de estudiante en una planta que estar como responsable de una media de quince pacientes.

Aún recuerdo el día en el que estuve por primera vez en una planta con diecinueve pacientes para mí y para la auxiliar que nos tocaba estar ese día en el turno de tarde. Al ser una planta que combinaba desde medicina interna hasta cirugías de varias especialidades, tenía el carro de medicación a rebosar e iba contrarreloj. Un solo contratiempo me lo iba a poner todo cuesta arriba. Y así pasó.

Un paciente que acababa de salir del postoperatorio empezó con hipotensión severa y tocó correr: canalizar una segunda vía periférica, mandar analíticas y transfundir dos concentrados de hematíes. Todo esto ocurría mientras aún me quedaba por administrar la medicación a media planta e ir retirando los tratamientos que se iban acabando.

Cuando la urgencia terminó y pude acabar todas las medicaciones necesité parar cinco minutos. Sabía que varias enfermeras habían llorado en esa planta y a mí me faltó muy poco. Llevaba sólo unos días de experiencia.

Yendo a otro tema, desde mi experiencia he tenido la suerte de estar pluriempleado varios veranos y hay una situación que se repite una y otra vez. La de estar por la mañana en casa o en el trabajo y recibir una llamada de recursos humanos de un hospital público:

-Buenos días, hay una vacante de enfermería, media jornada, en la planta de Gastroenterología. Ven a eso de las dos de la tarde a firmar y a hablar con la supervisora, a las tres empiezas.

Una llamada igual que esa la recibí a las doce de la mañana de un lunes de Junio. Nunca había estado en Gastro, ¿cómo iba a poder ayudar cuando me dijeran que preparase el material para una paracentesis si ni siquiera conocía dónde se encontraban los materiales? ¿Y cuándo me dijeran que cargara una bomba de Somatostatina?

Por suerte cuando fui al hospital y me encontré con la supervisora me comentó que por planilla no empezaba hasta tres días después. Pude ir a realizar un reciclaje “voluntario” para por lo menos no llegar de nuevas.

Esa suerte no es general. Se sigue llamando el mismo día desde bolsas de empleo para empezar en servicios en los que no has estado previamente, lo que es un sobreesfuerzo para el equipo más veterano del servicio y un gran estrés para el personal más novato.

Mi consejo para todas las enfermeras y auxiliares que empezáis a trabajar es que no tengáis miedo de preguntar. No penséis que quedáis mal por hacerlo o que vais a parecer unos pesados. Más vale que pienses que preguntas demasiado a terminar cometiendo un error (que puede ser grave) por no hacerlo.

Pau Matalap recuerda en su entrada el caso de una enfermera nueva en una UCI neonatal que, en su primer día, provocó la muerte de un neonato al administrar nutrición enteral por un vía intravenosa. Este caso lo recordamos muchos y es muy extremo, pero nos vale para darnos cuenta de lo fácil que es cometer un error con graves consecuencias.

Ser buena enfermera te lo da la experiencia y tod@s, absolutamente tod@s, hemos sido nuevos en una o en varias ocasiones. Por ello los veteranos tienen la responsabilidad de ayudar a que las nuevas enfermeras puedan adquirir en poco tiempo la seguridad y los conocimientos específicos de cada servicio.

Anécdotas sanitarias Vol 3

Mi sala de donación se encuentra en la planta baja de un centro de especialidades, la planta donde se encuentra el hall principal, admisión, atención al paciente… Vamos, la planta por la que pasan los pacientes de todas las consultas.

Las anécdotas que cuento en la entrada de hoy son algunas de las que me ocurren o escucho cuando salgo al hall a tomarme un descanso, a sacarme un café de la máquina o a averiguar si entre los pacientes y acompañantes de ese día encuentro candidatos que puedan ser donantes de sangre.

No sé si alguien puede pensar que es un lugar aburrido. Cualquier chaqueta verde, personal administrativo o de seguridad puede dar fe de que es todo lo contrario.

He visto a pacientes liándose a puñetazo limpio por el turno de admisión; a pacientes que te pegan su tarjeta sanitaria literalmente en la cara y te chistan para preguntar por su cita; pacientes que preguntan desesperadamente por los baños cuando los tienen justo a un metro; gente perdiendo los nervios y por supuesto, mucha gente normal que no da lugar a ninguna situación surrealista.

Una de las complicaciones que sufren los pacientes que acuden a la tercera planta es preguntar por la consulta de Otorrinolaringología. No me extraña, ¡es bastante difícil no trabarse o desistir en el intento! Entre esas muchas situaciones de personas esforzándose por preguntar por esa especialidad hubo una que se superó y me dijo:

-Buenos días, venía a la consulta del Ornitólogo. ¿A qué planta tengo que ir?

Al ver que no tenía mucha pinta de ave, le pregunté si se refería al “Otorrino”. Sé que no es fácil, pero no os preocupéis, lo digáis como lo digáis os vamos a entender.

Otra pregunta que me resultó igual de chocante fue la que me hizo una paciente que tendría unos 25 y 30 años:

-Tengo revisión con el tocólogo, ¿dónde pasa consulta?

¿Tocólogo? Seguro que much@s de los que leeréis esta entrada conocíais ya ese término, pero para mí, que cursé la LOGSE, era algo que no había escuchado en mi vida. La palabra es descaradamente intuitiva, eso sí.

Tras saber que se estaba refiriendo a la consulta de Ginecología y Obstetricia, me puse a pensar en cómo una mujer con una edad similar a la mía podía usar esa palabra.

Por último y dejando a un lado los términos utilizados por pacientes, me estoy acordando de una anécdota más graciosa.

Mientras la máquina me preparada un café Premium (recalco lo de Premium), se encontraban cerca una madre y su hijo de unos tres años. Un niño que no paraba de moverse de un lado para otro y que terminó siendo inmovilizado por su madre.

Fue entonces cuando estaba en brazos, que me mira y, tras dudar unos segundos, empieza a gritar mientras me señala:

-¡Es papá! ¡Papá!

La madre no sabía dónde meterse. Empezó a ponerse colorada y a corregir al peque. No, aquel enfermero de pijama blanco no era su padre.

Hace un año hubo una racha en la que mucha gente me decía que me parecía a Alberto Garzón cuando Podemos e IU se unieron y salía cada día por la tele (aunque sólo nos pareciéramos en la barba que la llevaba diferente y más oscura, y en el pelo). Pero sin duda, lo de parecerme a un padre tanto como para confundirme con él…¡eso es otro nivel!

Tenéis más anécdotas sanitarias aquí https://perdidue.com/2017/02/02/anecdotas-sanitarias/ y aquí https://perdidue.com/2017/03/27/anecdotas-sanitarias-vol-2/

Como siempre espero sacaros una sonrisa y siento si os dejo con ganas de más.

¡Gracias por leerme!

Conociendo al donante de sangre. Entrevista a Edu.

Vamos con la segunda entrevista de este apartado que tiene como protagonistas a los donantes de sangre.

Hoy os presento a Edu, trabajador social, quien me ha prestado sus venas ya unas seis veces para regalar vida, más las bolsas que ya había donado antes de que yo comenzara a dedicarme a este mundillo. A sus 25 años ya es un gran donante habitual y su grupo sanguíneo es el 0+, uno de los más comunes en España y, como consecuencia, uno de los grupos que más transfusiones demanda (además puede donar a A+, B+ y AB+).

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La primera vez que se dejó pinchar por mí fue en Junio del 2014…¡3 años ya!

Si le conocéis no vais a tardar mucho en daros cuenta de que ser trabajador social le viene como anillo al dedo. Diré que como enfermero de donación de sangre, me encanta que en la extracción se de un ambiente con buen rollo y con mucho humor. ¡Con él es bastante fácil conseguirlo!

¿Cuándo empezaste a donar sangre? ¿Cómo surgió?

Empecé a donar sangre en 2013, cuando me di cuenta que era una de las formas más importantes y fáciles ayudar a los demás.

Como donante habitual que eres, ya has regalado unos cuantos chuletones, ¿por qué lo haces?

¡Jajajaj! Si, la verdad es que le he cogido cierto gustillo a la aguja… Pues lo cierto es que si mi sangre recupera niveles normales cada 3 meses, no tengo ninguna enfermedad o malestar crónico, y puedo donar sin problemas… La pregunta sería: ¿ y por qué no?

Hay dos tipos de personas en una donación: las que miran cómo les pinchan y las que no miran, ¿a cuál perteneces?

¡Uuff! Pues la verdad es que me da bastante grima el momento del pinchazo. ¡Y eso que no lo siento! Además me fío de mi enfermero habitual mas que de mí mismo. Aún así prefiero mirar para otro lado mientras digo o escucho un poco de humor negro.

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Edu simulando un síncope para la foto durante una donación, porque era una simulación, ¿no? 😀

¿Qué le dirías a todas esas personas que no dan el paso de donar por miedo a la extracción?

Que no se a qué esperan. Son apenas unos minutos, durante el proceso tienes un charla amena, te dan de almorzar, rellenar el formulario es bastante divertido, ¡¡y tu cuerpo se recupera enseguida!!

¿Crees que hay una concienciación suficiente sobre la importancia de la sangre?

Claramente no, porque si la hubiera las donaciones serían más abundantes. Si das tu “sangre” en impuestos abusivos y cada vez recibes menos a cambio, por qué no darla para que personas que la necesitan puedan recuperar la salud.

¿Tienes alguna anécdota que te ocurriera en una sala de donantes?

Una vez doné a la vez con otro hombre. Por esas fechas sorteaban un teléfono entre todos los donantes, y yo quería que me tocara a mí. No paraba de repetirlo en alto, diciendo que yo me lo merecía más que nadie. El otro hombre intentaba corregirme, diciendo que le tocaría a quien le tuviera que tocar, pero yo no compartía ese razonamiento. Después se hizo un silencio eterno en el que yo me iba sintiendo cada vez peor, por mi actitud egoísta. Mi enfermero me preguntó incluso: ¿estás bien? Empiezas a tener mala cara…

La mala imagen en Sanidad.

Estamos en una sociedad que ha ido cambiando a lo largo de los años. Hemos dejado de ser muy conservadores en ciertos aspectos aunque, sin embargo, en otros parece que estamos negados a cambiar nuestro punto de vista.

Al igual que una gran parte de las personas de mi generación, llevo tatuajes. Me gustan, son parte de mí, de mi cuerpo, de mi forma de ser.

Estoy acostumbrado a escuchar ciertas preguntas y comentarios, como el “cuando seas mayor te vas a arrepentir” o “si es que los jóvenes no pensáis”, también “y cuando pase la moda, ¿qué harás?”.

Me sorprende esto de las modas. Los primeros tattoos me los hice ya hace unos ocho años. Nunca había visto una moda que durara tanto tiempo y, sobre todo, que afectara a tantas generaciones diferentes.

Además, cuando escucho algo sobre mi futuro arrepentimiento pienso si con sesenta, setenta, ochenta años tendré asuntos más importantes en mi vida que pensar si a mi piel, ya arrugada, le queda bien una tinta que me ha acompañado décadas.

No os aburro más con mis pensamientos sobre el tema y voy a centrarme en lo que abarca a la Sanidad.

Hace poco más de un mes realicé una encuesta en Twitter que obtuvo más de novecientos votos. En ella preguntaba sobre la influencia que puede tener un paciente al ver que el personal sanitario que le atiende está tatuado. Los resultados fueron los siguientes:

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Reconozco que debería haber pensado más las opciones a elegir, ya que de esta forma dejé de lado respuestas positivas como “da buena imagen” o “es mejor profesional”. Aún estando un poco sesgada y teniendo en cuenta el perfil del tuitero activo (que no sobrepasa generalmente de los 60 años) se puede extraer alguna conclusión:

  • Prácticamente nadie considera que llevar tatuajes te convierta en peor profesional. De hecho quiero pensar que de esos nueve votos, alguno de ellos viene de una usuario un poco troll.
  • Casi un quinto de las personas piensa que da mala imagen. Recordemos que la pregunta habla de tatuajes en general, no de particularidades como el tamaño, el estilo, la simbología, etc.
  • A la gran mayoría de tuiteros no le influye negativamente que su enfermera/o, médico o auxiliar tenga tatuajes visibles.

Estoy convencido de que, si en Twitter la mala imagen ha recibido cerca del 20% de los votos, en una encuesta que incluyera a mayores de 65 años el porcentaje subiría hasta casi la mitad. O igual me llevaría una sorpresa.

Hablamos ahora de la mala imagen relacionada con los tatuajes.

Es curioso que fuera de la sanidad, como en el sector de las tecnologías, las empresas están buscando cada vez con más frecuencia personal con tattoos visibles.

El por qué, como decía un amigo graduado en Políticas y Sociología, apunta a que los tatuajes se relacionan con la modernidad, al igual que los móviles o las tablets. Por lo que una persona tatuada te aporta confianza, vas a suponer que sabe del tema.

Sin embargo, la sanidad parece considerarse un campo más tradicional para los españoles. Viendo la imagen de la representación española en el Congreso Internacional de Enfermería del 2017 celebrado en Barcelona, no debería extrañarme demasiado.

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Respeto que haya una parte de la sociedad española clasista, pero los pacientes tienen que saber que la sanidad no lo es. Las enfermeras han dejado de llevar cofia, el Betadine ha sido reemplazado por la Clorhexidina en la mayoría de curas, ya no se aconseja utilizar el jabón de lagarto habiendo muchas opciones más efectivas, las jeringuillas ya no son de cristal y se hierven para reutilizarse, cada vez hay más enfermeros, las mujeres que estudian medicina superan ya en número a los hombres, se han empezado a hacer cirugías muy complejas utilizando un robot manejado por el cirujano…

Podría seguir con decenas de ejemplos que demuestran que la sanidad está en una evolución constante, al igual que sus profesionales.

Ahora mismo hay multitud de enfermeras, enfermeros y médicos que están intentando cambiar la sanidad para mejor. En esta época de tecnologías, móviles y aplicaciones sería un grave error no estar empeñado en modernizar nuestras profesiones o modernizar las relaciones con los pacientes.

Espero que no tarde en llegar el día en el que en cualquier centro sanitario en el que te encuentres (hospital, clínica, residencia, centro de salud…) llevar tatuajes no te relacione con una mala imagen. Porque cada vez que a un profesional le ocurre eso, la sociedad se estanca un poco más en su camino inevitable de seguir avanzando hacia el futuro.

Conociendo al donante de sangre.

Siempre que una persona llega a mi sala a donar sangre tengo claro que el protagonista de mi trabajo no voy a ser yo. Va a ser el que pone la vena, el que decide ayudar a los demás sin esperar nada a cambio.

Para mí es un placer poder ponerle cara a la persona que hay detrás de cada donación, y de paso, hacerles unas preguntas relacionadas con sus experiencias como donantes.

Empezamos la primera de las entrevistas con una donante muy especial para mí. Ella es Cristina,  historiadora del arte de 26 años que empezó a donar sangre regularmente hace unos tres años. Cada vez que acude a donar cada 4 meses lo hace con muchos nervios, ¡pero con una gran sonrisa!

Las personas como ella, que no llevan muy bien los pinchazos y se atreven a dar el paso, tienen mucho mérito.

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¿Cuándo empezaste a donar sangre? ¿Cómo surgió?

Empecé a donar sangre hace tres años, y, siendo sincera fue porque tú habías empezado a trabajar como enfermero de donaciones, y eso me animó, ya que antes de eso yo era la típica persona con pánico a las agujas; si los análisis para mi eran una tortura, donar sangre era impensable para mí. Pero pensé: “Bueno, hay confianza, sé que es buen profesional, y qué mejor para empezar con algo que me da tanto miedo, que con alguien conocido. Y además, ayudo a alguien que necesite mi sangre.”

¿Qué te motiva para donar sangre regularmente?

Me motiva saber que estoy ayudando a alguien, que el pequeño esfuerzo que supone ir a donar puede salvar la vida a alguien, ayudarle a salir adelante.

¿Qué aspectos positivos valoras más en una sala de donantes?

No considero que sea lo más importante a la hora de donar, pero puestos a decir algo, diré que cuánto más cómodos son los sillones, mejor, y por supuesto, se agradece que el profesional que te está extrayendo la sangre sea amable y esté un poco pendiente, por lo menos en mi caso.

Hay dos tipos de personas en una donación: las que miran cómo les pinchan y las que no miran, ¿a cuál perteneces?

Como ya he dicho, antes me daban pánico las agujas. Para mí conseguir donar con total normalidad ha supuesto un gran paso, pero aún así, no me gusta mirar cómo me pinchan. Luego sí que echo alguna mirada a cómo sale la sangre, a la bolsa y a la báscula, pero ni cuando me pinchan ni cuando sacan la aguja ¡quita, quita, qué repelús!

¿Qué le dirías a todas esas personas que no dan el paso de donar por miedo a la extracción? Al pinchazo vaya.

Pondría mi ejemplo. Siempre que tenía que hacerme análisis iba como un flan y normalmente me mareaba, pero una vez reúnes el valor suficiente para donar, se hace un gesto sencillo, y los análisis ya son pan comido. Simplemente hay que pensar en otra cosa en el momento del pinchazo y durante la donación, lo mismo, no estar pensando en lo que estás haciendo, ¡pide a tu enfermera/o que te de conversación y será todo mucho más sencillo! Además, si piensas en que esos 15 minutos de tu tiempo y ese pequeño “sufrimiento” sirven para ayudar a alguien, se hace mucho más sencillo. Además, les diría que se den un pequeño homenaje después, y vayan a recuperar fuerzas comiendo algo rico, ¡hay que recompensar el esfuerzo!

¿Crees que hay una concienciación suficiente sobre la importancia de la sangre?

Creo que relativamente. Posiblemente sea algo que hay que inculcar desde que somos más jóvenes: la importancia de que cuando podamos, donemos. Quizá dar más visibilidad a los usos que se le dan a la sangre, las cantidades necesarias para determinadas operaciones, tratamientos, etc, puesto que puede que así la gente se haga una mejor idea de lo necesaria que es nuestra sangre.

Sí que es verdad que actualmente con campañas como la de Pablo Ráez se ha dado más visibilidad a la importancia de hacerse donante, pero bajo mi punto de vista, aún queda mucho camino por recorrer.

¿Tienes alguna anécdota que te ocurriera en una sala de donantes?

Ya han pasado tres años desde que comencé a donar, y eso ha supuesto seis donaciones de sangre y una por aféresis, y esas experiencias han dejado alguna anécdota para comentar.

Normalmente voy a donar con una de mis mejores amigas, que para mí ya es mi compañera de donaciones, y cuando donamos juntas parece que echamos carreras a ver quién tarda más y cuál de las dos máquinas da más pitiditos por lo lenta que sale nuestra sangre.

Y relacionado con la calma con la que mi sangre sale, cuando fui a donar por aféresis (una donación de una hora aproximadamente) periódicamente la máquina se quejaba de ello, y la enfermera tenía que venir cada vez que la máquina decidía poner banda sonora a base de pitidos para quejarse de que mi sangre no iba lo suficientemente rápido para ella. Era curioso, porque en la sala había otras dos o tres personas realizando el mismo procedimiento, y ellos estaban tan tranquilos, y sus máquinas igual.

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Cris durante su donación de plasma y plaquetas por aféresis en el Centro de Transfusiones de la Comunidad de Madrid

Y otra anécdota es la que tiene que ver con la primera vez que doné, en la que yo no sé quién estaba más nervioso, si mi enfermero sabiendo mis antecedentes con las agujas, o yo por haber conseguido atreverme.

Termino recomendando a todo el mundo que done, es un pequeño esfuerzo y una gran ayuda para alguien. Una vez dones, el resto de pinchazos no son nada, y además, es genial sentir que estás ayudando a alguien. ¡Todo son ventajas!

Situaciones surrealistas durante las entrevistas al donante de sangre.

La entrevista en donación de sangre es el gran filtro que permite aceptar o excluir a los donantes en función de una serie de criterios establecidos.

Esta fase es la primera toma de contacto que tiene el responsable de la colecta con el potencial donante de sangre y, a menudo, deja situaciones “surrealistas”. Algunas muy graciosas, otras que no lo son tanto, y otras que te dejan totalmente descolocado.

Aquí os dejo dos que me ocurrieron a mí personalmente:

Tras mirar el estado de las reservas y comprobar que el grupo 0+ se encontraba bajo mínimos, lancé un mensaje por megafonía recalcando la urgencia en la que se encontraba ese grupo. A los cinco minutos llega un señor a la sala de donantes:

-Hola, venía a donar, que he escuchado que hace falta mi grupo urgentemente. Yo soy seropositivo.

-¿Cómo? ¿Es seropositivo o del grupo 0+?

-No no, yo soy seropositivo.

-Pero…usted sabe que si es seropositivo , tiene anticuerpos para el SIDA y no puede donar,¿verdad?

-¿¡Por qué!? ¡Si acabo de escuchar por megafonía que hace falta!

No exagero si os digo que estuve convenciéndole de que no podía dar sangre durante cinco minutos.

 

Otro día una mujer vino a donar sangre y según entra a mi sala (en la que estoy solo) me dice muy convencida:

-Buenas días, venía para la inseminación.

Me quedo mirando a la mujer en plan “¿ha dicho inseminación?” hasta que a los pocos segundos la pobre se da cuenta del lapsus que ha tenido. Quería decir que venía a donar, pero se iba a someter a un tratamiento de fertilidad y había tenido un lapsus.

¡Lo que nos pudimos reír los dos!

 

Dos de @sangrepublica ,una compañera que lleva dedicándose a la donación de sangre unos cuantos años más que yo (de hecho empezó en esto cuando yo estaba terminando Primaria). ¡Podéis seguirla en Twitter!

Llega un donante que pasa la entrevista en la sala habilitada para ello en el centro. Todo bien, así que entra directamente en la sala de donación.

La compañera le dice: -Pase a la sala que ahora mismo voy con las cosas.

-Pero, ¿en la sala? Y usted, ¿va a venir?

-Claro, ¿cómo vamos a hacer la donación si no?

-Pero es que ahí fuera hay más gente.

-Sí, con mis compañeras, donando también.

El señor no daba crédito y la enfermera no sabía por qué…

-A ver, ¿usted no me ha dicho que ya había donado más veces en (no recuerda el sitio que dijo)?

– Sí, pero allí te dan una revista, un bote y te dejan solo en la sala para la donación. No pasa la enfermera a “ayudarte”.

El señor se había equivocado de “banco”.

 

Otro caballero, hablando sobre el apartado que trata el tema de las relaciones sexuales:

-Pero a ver señorita, si yo siempre voy con la misma chica desde hace años.

El señor se refería a que siempre era la misma prostituta.

 

Las anécdotas de las entrevistas en la donación pueden dar para mucho como podéis comprobar. Si os ha gustado esta primera entrada exprés dedicaré un apartado separado del de “anécdotas sanitarias”.

Gracias una semana más por seguirme y perdón por tardar tanto en hacer una nueva entrada.

Estoy en Twitter (@perdidueblog) y en Instagram (@perdidue).

Por qué no puedo donar sangre si…

…peso menos de 50kg.

Una persona adulta tiene de media unos 5-6 litros de sangre en su cuerpo.  Sin embargo, esta cantidad disminuye en las mujeres y hombres con un peso cercano a los 50kg.

Teniendo en cuenta que en una donación no se debe extraer más del 13% de la cantidad de sangre total, un donante con el peso por debajo de ese mínimo tiene más posibilidades de sufrir incidencias relacionadas con reacciones vasovagales, lipotimias y mareos, además de favorecer la aparición de anemia relacionada con la donación.

…me acabo de hacer un tatuaje o un piercing hace poco.

Aunque cada vez hay más control sanitario en los estudios donde se realizan, no se puede dejar de lado nunca la posibilidad de contagio de una enfermedad vírica por el uso de material mal esterilizado, haber compartido tinta o agujas, falta de limpieza, etc.

El tiempo de exclusión para donar es de cuatro meses desde la visita al estudio o particular donde se hayan realizado. ¿Por qué cuatro meses?

Este es el tiempo en el que se puede asegurar que se ha superado el periodo ventana de la mayoría de virus, como el VIH o el de la Hepatitis B o C.

El periodo ventana es el intervalo de tiempo en el cual un virus puede estar en nuestro organismo sin ser detectado aunque extraigamos análisis específicos. Entender lo que significa esto es muy importante para comprender muchas de las exclusiones que se dan.

En este apartado de exclusiones están incluidos los pendientes en orejas, aunque sea en farmacias, y la acupuntura (la única excepción si la persona lleva sus propias agujas o se asegura de que el acupuntor utiliza agujas estériles que sean desechadas al terminar la sesión).

…tomo alguna medicación.

En principio estar tomando un fármaco de manera habitual o puntual no es causa misma de exclusión, sino que vendrá determinada por la patología de base.

Por este motivo estar tomando un antibiótico no excluye por el tratamiento, sino porque su pauta indica que hay una infección y hay que esperar a que el organismo se haya recuperado completamente. Desde la última toma del antibiótico hay que esperar dos semanas para poder donar.

Una de las medicaciones más habituales en las donantes es el Eutirox, con motivo de padecer hipotiroidismo. Siempre y cuando  este trastorno no esté producido por una enfermedad grave se puede donar sangre sin problemas (aunque la causa sea la tiroiditis de Hashimoto).

Otras medicaciones habituales que nos encontramos en muchos donantes son las utilizadas para el control de colesterol, el ácido úrico o la diabetes tipo 2. No suponen exclusión.

En cambio la diabetes tipo 1, insulinodependiente, supone una exclusión definitiva.

La medicación para tratar la hipertensión arterial no impide la donación, siempre y cuando no se superen los dos fármacos diarios que indicarían que la patología es grave. Además tendrá que presentar una tensión aceptable cuando sea tomada por el encargado de la revisión en la sala de donantes. La tensión sistólica o”alta” no debe llegar a 180mm/Hg y la diastólica o “baja” hasta los 100mmHg, teniendo en cuenta si una subida puede tener relación con el estado emocional o nerviosismo del donante.

Cuando se ha tomado medicación para tratar molestias, dolor o inflamación hay que avisar siempre al responsable de la colecta. Si bien estos fármacos (antiinflamatorios no esteroideos generalmente) no suponen exclusión, si que pueden modificar la coagulación y la función plaquetaria. En el fraccionamiento de los componentes sanguíneos posterior a la donación del que ya hemos hablado en entradas anteriores, el concentrado de plaquetas no se utilizará. Sí lo harán los hematíes y el plasma.

Fármacos que van a excluir siempre hasta el final de su administración son los suministrados para tratar el acné y la alopecia (finasterida, Proscar, Propecia, Roacután, etc). El motivo es que pueden provocar malformaciones en un feto (medicación teratógena) por lo que no nos podemos arriesgar a que esa sangre pueda terminar en una paciente embarazada.

Las pastillas tomadas para tratar la depresión o la ansiedad, o ambas, no excluyen para donar siempre y cuando el donante se encuentre bien el día que quiera dar sangre. No hay que forzarse nunca a donar, si se piensa que ese día no es el más adecuado es mejor dejarlo para otro. ¡La sangre va a hacer falta siempre!

Los antihistamínicos pautados con motivo de presentar síntomas por alergias no excluyen. Sí hay que tener en cuenta el asma: si es leve se puede donar aún con tratamiento, si se presentan dificultades respiratorias moderadas o fatiga hay que esperar a que esté más controlado. Una espera de un mes  de mejoría clínica y de hasta un año si ha tenido que acudir a urgencias por un cuadro asmático grave.

Voy a necesitar varias entradas para profundizar más en las distintas exclusiones…¡así que vamos poco a poco!

Gracias por leerme una vez más y ya sabéis, preguntadme todas vuestras dudas sobre la donación de sangre por aquí, Twitter (@perdidueblog) e Instagram (@perdidue).

Anécdotas sanitarias Vol.2

Cuando era estudiante de enfermería, estando de prácticas en el hospital, cada mañana pasaba por las habitaciones para tomar las constantes vitales: tensión arterial, pulso, saturación de oxígeno, glucemias, etc.

En esta toma diaria de tensiones llegué ante una paciente que aún estaba durmiendo. Le desperté y estuve hablando con ella un rato. Cuando me dispongo a levantar la sábana para proceder a colocar el “manguito” me encuentro con que le faltaba un brazo, el que estaba buscando.

Al ver mi cara de sorpresa y lo pillado que me quedé la pobre mujer se empezó a reír de mí.

 

Algo parecido le pasó a un compañero al que las enfermeras le mandaron hacer un electrocardiograma a un paciente. Se dispuso a colocar todas las pegatinas que se sitúan en el tórax y continuó diciendo:

-Ya sólo nos quedan las dos pegatinas en los tobillos, no se preocupe que será un momento, no pasará frío.

Al quitar la sábana pudo ver como, efectivamente, el paciente tenía las dos piernas amputadas.

 

Otra mañana en la toma de las glucemias antes de la comida me mandaron tomar la glucemia en una habitación. Al entrar me encuentro a un señor con un pijama puesto y le comento que le voy a hacer “el control del azúcar” y que me dejara un dedo.

Nada más terminar de realizar el procedimiento sale del baño la verdadera paciente de esa habitación. El señor al que había pinchado en el dedo con una lanceta era su marido y se calló por vergüenza.

Mientras le pedía disculpas miro el glucómetro y veo que marca una glucemia de 560 mg/dl. Una auténtica pasada teniendo en cuenta que los niveles en ayunas en una persona que no padece diabetes están entre 70 y 110 aproximadamente. Al menos me quedó el consuelo de saber que mi error sirvió para que el señor fuera diagnosticado y tratado a tiempo.

 

La última anécdota de esta entrada me ocurrió en una planta mientras hacía el rotatorio de noches en planta de medicina interna.

Después de acompañar a la enfermera en la ronda de medicación de las 12 de la noche, me tocaba ir pasando de nuevo en las habitaciones quitando los botes de suero de los tratamientos ya terminados.

Cuando estoy quitando un bote con paracetamol, la paciente, una mujer de avanzada edad me dice:

-Perdona hijo, ¿te importaría decirle al niño que está en el sofá que se vaya?

Me giré y no vi a nadie más en esa habitación. Aún no conocía que por las noches las desorientaciones y delirios son relativamente frecuentes, el mal rollo que tuve en ese momento no fue poco.

Una vez más, ¡os invito a que compartáis vuestras anécdotas como sanitarios o estudiantes!

Podéis mandarlas a perdidueblog@gmail.com o comentármelas en Twitter(@perdidueblog) e Intagram (@perdidue).

Gracias por leedme. La semana que viene intentaré empezar a montar un vídeo que os va a encantar seguro.

El sexismo en sanidad.

Con motivo del  Día Internacional de la Mujer el pasado 8 de Marzo, inundamos las redes sociales con mensajes en contra de la discriminación que sufren las mujeres en general y en sus puestos de trabajo en particular.

Yo mismo escribí acordándome de mis compañeras sanitarias que sufren faltas de respeto sólo por el mero hecho de ser mujeres, sin tener en cuenta su profesionalidad.

En su día a día muchas auxiliares, enfermeras y médicos son llamadas con un “oye niña”, dos palabras que no sufrimos tan a menudo los hombres. Muchas médicos, especialmente las residentes, son puestas en entredicho a veces nada más llegar al lugar donde se encuentra el paciente, sin dar importancia a que para estar ahí han estudiado seis años más lo que llevan de especialidad.

Me he encontrado hombres que literalmente me han referido sentirse como un “marajá” al llegarle el momento del aseo con su respectivo personal femenino.

Dándole vueltas a este tema me he dado cuenta muchas veces de que esa discriminación no sólo se produce hacia  las mujeres sanitarias, también se da hacia los hombres que nos dedicamos a la sanidad.

Los enfermeros y auxiliares varones somos una “especie” cada vez más habitual, pero seguimos siendo una minoría. No alcanzamos ni de lejos un porcentaje parecido al del sexo opuesto, con las situaciones que ello conlleva.

No han sido pocas las ocasiones en las que estaba en una habitación participando en una cura de herida quirúrgica, en un aseo o sondaje y la paciente me ha pedido que saliera de la habitación. Llegué a tener un caso en la que una mujer me echó de malos modos.

Mismo ejemplo he podido vivir cuando estaba en una consulta de ginecología acompañando a un médico durante las citologías o ecografías vaginales. Ahí , a veces, no era por el hecho de ser hombre, sino por parecer demasiado joven.

Puedo entender que haya mucha gente con pudor, puedo entender que pueda dar vergüenza que un extraño vea tu cuerpo desnudo. Ahora bien: entiende que soy un profesional, entiende que no me excito observándote, entiende que he visto cientos de cuerpos desnudos antes que el tuyo, entiende que separo completamente mi vida profesional en el hospital de la que tengo fuera de él.

Entiende que sólo quiero cuidarte y ayudarte en tu curación o mejoría.

Dejando este tema a un lado me encuentro con otras situaciones como el hecho de que al entrar en una habitación a veces se da por hecho que soy el celador, sin ni siquiera darme tiempo a presentarme, o se me da más importancia porque parece que soy el médico que acude a la visita diaria de sus pacientes.

No ha faltado tampoco el señor que me comenta al verme con mi uniforme que se esperaba una enfermera, dicho a veces en modo de gracieta o con una decepción que ni se disimula.

Igual que en la sociedad aún queda un trecho para alcanzar una igualdad absoluta entre ambos sexos, la sanidad también necesita seguir avanzando para que no se nos vea como hombres o como mujeres, sino como profesionales de la salud, sin dar por hecho que nuestro sexo va a determinar nuestro trabajo.

Foto de cabecera: Universia Argentina

¿Dona mucha gente?

Aquí tenemos otra de las preguntas recurrentes entre los donantes.

Como comenté en mi entrada sobre la importancia de donar sangre, parece que el número de chuletones donados ha aumentado, acercándonos en la Comunidad de Madrid, que precisa una media de novecientas donaciones diarias, al autoabastecimiento.

Un aumento de la concienciación, campañas, maratones y donantes habituales que dan su sangre más de una vez al año han conseguido que las reservas de varios grupos sanguíneos no se vean en niveles de urgencia tan a menudo como ocurría hace uno o dos años. 

Ahora bien, siempre que comento esto añado que no hay que bajar nunca la guardia porque la sangre no es que se gaste, sino que vuela.

Para ejemplificar esta afirmación y ya que una imagen suele valer más que mil palabras, he pedido permiso a varios amigos y amigas que se han acercado varias veces a mi sala de donantes y cuyas donaciones tengo la manía de inmortalizar.

Os presento a 31 donaciones de sangre:

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Parecen muchas, ¿no? Son treinta y una donaciones de once donantes diferentes y que suponen en total un tiempo de extracción de unas cinco horas, a las que hay que sumar unas dos horas más de completar sus cuestionarios y pasar la entrevista.

Podría haber puesto más fotos que tengo guardadas pero he querido dejarlo en estas cifras porque son las que suponen un caso grave de un paciente con aneurisma de aorta.

Un aneurisma consiste en una dilatación en la pared de una arteria. Esta dilatación localizada hace que esa pared se debilite y corra el riesgo de romperse.

Resultado de imagen de aneurisma de aorta

La rotura de un aneurisma supone una emergencia vital, con una alta mortalidad y que hace temblar las reservas de un hospital ya que, como podéis imaginar, la cantidad de volumen sanguíneo que se va a perder es brutal.

Dependiendo de la gravedad y localización, siendo la aorta abdominal la más afectada generalmente, esta patología se suele llevar una media estimada de 20-30 concentrados de sangre para el paciente.

Casos como este son los que ponen a prueba las reservas y nos dan una lección: aunque las reservas de una Comunidad Autónoma se encuentren en niveles óptimos, es muy fácil que bajen si se dan varias emergencias que necesiten de decenas de concentrados.

Entre todos los hospitales y clínicas se suman numerosas emergencias cada día: accidentes con vehículos, hemorragias digestivas, partos complicados, accidentes cardiovasculares, intervenciones quirúrgicas complejas…

Todo esto sin mencionar a los pacientes que se llevan actualmente un tercio de las donaciones, los pacientes oncológicos.

Respondiendo a la pregunta inicial, sí, dona mucha gente, miles de personas, aunque necesitamos mucho más. Un empujón continuo que no deje descender los niveles óptimos y que nos muestre siempre una imagen:

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Pasar de tener todo de color verde a color amarillo es muy fácil, pasar de amarillo a rojo, todavía más.

Gracias como siempre, os espero en Twitter (@perdidueblog) e Instagram (@perdidue).

Foto de cabecera: colas para donar sangre que se formaron tras el 11M.

 

 

¿Por qué la sangre que dono es tan oscura?

En el proceso de la extracción de sangre hay un comentario que se repite con bastante frecuencia (fruto del buen ambiente que suele haber) en cualquier sala de donantes, y es el de “vaya, veo que mi sangre no es azul”.

Dejando a un lado la desilusión o alivio que produce saber que un donante no pertenece a la Familia Real, se toca un tema que crea dudas, el del color de la sangre.

Son muchas las personas que se sorprenden de que sea tan oscura cuando la ven en la bolsa de donación. Incluso se llega a crear la inquietud de si su sangre no es demasiado oscura en comparación con la del resto.

Estamos acostumbrados a ver sangre en las películas y series televisivas, donde nos encontramos con escenas de grandes hemorragias  e inmensos charcos formados en el suelo, siempre con un color rojizo intenso.

No nos engañemos, la sangre más real que hemos visto en el cine ha sido la de la mano de Leonardo Dicaprio en “Django desencadenado”.

En esta escena el actor sufrió un corte accidental en el transcurso de su interpretación y él mismo decidió seguir improvisando, sin pedir que parasen el rodaje para ser tratado en el momento.

El director de esta película, Quentin Tarantino, es uno de los muchos culpables de la percepción actual que se tiene sobre que cualquier trauma, corte o accidente nos va a provocar un gran sangrado sin diferenciar que tenemos tres tipos de sangre según por dónde circula: capilar, venosa y arterial.

Circule por arterias, venas o capilares la sangre siempre va a tener dióxido de carbono y oxígeno, siendo este último elemento el que otorga el color “brillante o vivo” a nuestra sangre, pero no lo hace en igual proporción. Las arterias  van a transportar sangre más oxigenada que las venas, en las cuáles hay además más concentración de CO2 .

En una donación SIEMPRE vamos realizar la extracción a través de una vena por varias razones como son la mayor facilidad de localización y canalización y una menor repercusión para el donante ante la pérdida de volumen.

De hecho, si por accidente se llega a pinchar una arteria, hay que parar de inmediato la donación, ya que la circulación  está directamente impulsada desde el corazón a través de los latidos. Con tal fuerza, la donación se terminaría siempre en un tiempo de unos 2-3 minutos, suponiendo un cambio hemodinámico muy brusco donde sufrir sólo un mareo sería la menor de nuestras preocupaciones, por no hablar de la alta posibilidad de hematoma, inflamación y dolor en el punto de punción.

En conclusión, dadas las desventajas obvias de pinchar una arteria y así obtener una bolsa de donación con un color rojizo más intenso, conseguimos donar sangre de un color rojo oscuro, tirando a burdeos , de una vena generosa.

Una vez más os agradezco que me leáis y que comentéis y compartáis mis entradas.

En todas las publicaciones que haré sobre dudas que plantean los donantes no me meteré a fondo en explicaciones fisiológicas, sino que buscaré explicaciones más simples y comprensibles.

Un saludo, ¡os espero en Twitter (@perdidueblog) y en Instagram (@perdidue)!

 

 

 

Donación de médula: la gran desconocida.

El año 2016 ha tenido un gran protagonista en el mundo de las donaciones en nuestro país, un señor llamado Pablo Ráez.

Este joven malagueño, en su lucha contra la leucemia que padece, no se ha conformado sólo con visibilizar su proceso, sino que además ha conseguido algo que no es nada fácil, concienciar sobre la importancia de donar.

Antes del “efecto Pablo Ráez” eran pocos los donantes de sangre que me mostraban su interés y sus dudas sobre la donación de médula. Sin embargo, a partir de agosto del año pasado llegué a tener rachas de recibir preguntas todos los días y especialmente de los donantes nóveles, lo cual es algo maravilloso.

Las cuestiones que me planteaban evidenciaban algo que ya me olía de antes y es lo que da título a la entrada, que la donación de médula sigue siendo una gran desconocida.

Puedo afirmar que nueve de cada diez personas que se han interesado en esta donación han continuado con un “pero me da miedo”. Un miedo relacionado con pasar por el quirófano y con la punción lumbar.

Así es, la mayoría de las personas confunde la médula ósea con  la médula espinal. De ahí esa relación que tienen asociada de la donación con un pinchazo en la columna vertebral y posibles lesiones nerviosas.

Sobre este aspecto tenemos que insistir mucho. Debemos explicar la diferencia entre ambas médulas y por qué la que buscamos es la que se encuentra en el interior de los huesos. A modo de diferenciación básica:

Médula espinal: pertenece al sistema nervioso central. Comunica el encéfalo con el resto del cuerpo enviando los impulsos nerviosos a través del canal que protege la columna vertebral.

Médula ósea: Tejido esponjoso encargado de la formación de las células sanguíneas (glóbulos blancos, glóbulos rojos y plaquetas).

Los pacientes con leucemias, algunos casos de linfomas o con síndromes mielodisplásicos que llegan al punto de necesitar un trasplante, lo precisan porque su propia médula ósea no es capaz de formar nuevas células sanguíneas sanas, produciendo células malignas de forma descontrolada o demasiado inmaduras en el caso de los síndromes mielodisplásicos.

En este punto nos encontramos con un gran obstáculo, el de buscar una médula compatible. Se calcula que entre hermanos el porcentaje de compatibilidad es de un 25%… ¡imaginaos si hablamos de personas que no tienen ninguna relación de parentesco! Esta probabilidad va a ser de 1 entre 40.000 o lo que es lo mismo, un 0.000025%.

Con un porcentaje así podemos decir que encontrar un donante es comparable a que al receptor le tocase “El Gordo” por Navidad.

¿Cómo se extrae la médula ósea?

Si alguien tiene la gran suerte de ser llamado para darle una oportunidad a un paciente con leucemia, en la fase de la extracción se va a encontrar con dos opciones:

-Aféresis: Es el método de extracción más habitual en la actualidad. Unos días antes de la donación se nos administra un fármaco que consigue que las células de la médula ósea (progenitores hematopoyéticos) se encuentren disponibles en buena cantidad en nuestra sangre.

La aféresis va a llevar un tiempo de entre cuatro y seis horas aproximadamente. A través de una vena canalizada en un brazo la sangre llegará a una máquina que se encargará de filtrarla y quedarse con las células que necesitan, retornando a nuestro cuerpo por otra vena que también estará pinchada.

-Punción en Crestas Ilíacas (Pelvis): Esta segunda opción se realiza cuando la aféresis no se puede llevar a cabo en el donante o la extracción va a beneficiar más al paciente, algo que ocurre más o menos en el 20% de los casos.

Se realiza en quirófano bajo anestesia general o epidural y consiste en la aspiración de la médula mediante unos pinchazos. Después del procedimiento el donante tendrá que quedarse ingresado en el hospital el resto del día en observación como mero trámite.

Como habéis visto el 80% de las donaciones de médula ósea que se realizan en España se hacen por aféresis, un procedimiento relativamente sencillo, que no precisa ingreso hospitalario y sin consecuencias para nuestro organismo ya que nuestra sangre retorna al cuerpo evitando que se favorezca  la anemia.

En cuanto a la segunda opción, mucho menos usada en la actualidad, insisto, tenemos un procedimiento seguro que como mucho nos va a provocar molestias leves en el punto de punción durante un día o dos.

Las molestias que podamos tener y el tiempo invertido no son nada en comparación con darle a una persona la posibilidad de poder curarse de su enfermedad, de poder vivir y pensar en el futuro.

Por último, os pido que si decidís dar el paso y os apuntáis al Registro de Donantes de Médula Ósea (REDMO) lo hagáis convencidos y sin ninguna duda sobre ello. Lo digo porque me he encontrado con noticias en las que familias de pacientes han denunciado que el donante que había resultado compatible se ha echado para atrás en el último momento.

Por último, os comento que podéis apuntaros como donantes de médula hasta los 55 años. Todas las dudas que podáis tener sobre las exclusiones u otros temas relacionados no dudéis en escribírmelas en el Blog, en Twitter (@perdidueblog) o en Instagram (@perdidue).

Muchas gracias por leerme y ya sabéis, todo el mundo a donar o a fomentar ésto de donar esperanzas, ¡de regalar vida!

 

Foto de cabecera: Fundación Josep Carreras

 

 

 

 

 

¿Es verdad que donando sangre salvo tres vidas?

En  los diez minutos de media que suele durar la extracción de una donación de sangre me han planteado muchas dudas. Hoy voy a referirme a una en particular y es la que protagoniza el título de la entrada.

Es verdad, con vuestra sangre pueden mejorar su salud hasta tres personas diferentes, pero ¿por qué  es así si al finalizar la donación, sólo hemos extraído una bolsa de 450 ml?

Al contrario de lo que piensan muchas personas, una transfusión no se realiza con la sangre que hemos extraído en el punto de donación tal cuál (sangre total),sino que ésta va ser fraccionada en tres componentes: glóbulos rojos, plasma y plaquetas.

El fraccionamiento se va a llevar a cabo en los centros de transfusiones de cada Comunidad y tiene un objetivo clave: el de concentrar los componentes.

Cuando un paciente necesita una transfusión, por lo general, no necesita subir todos los niveles de células. En función de su patología de base, de su enfermedad o situación, le habrán bajado unos niveles u otros.

Además al fraccionar vamos a poder concentrar los componentes con los de otros donantes para que la transfusión sea mucho más efectiva. Pongamos el ejemplo particular de las plaquetas:

El volumen máximo de sangre que se puede donar por ley es de 450 ml. En esta cantidad de sangre vamos a extraer plaquetas aunque en una cantidad insuficiente para un paciente con trombocitopenia (plaquetas bajas en sangre). Para que ese paciente muestre mejoría necesita como mínimo las plaquetas de cinco o seis donaciones de sangre.

Gracias a las técnicas de laboratorio será posible hacer un “pool”, es decir, una  mezcla de las plaquetas procedentes de varias donaciones de distintas personas.

Hay que destacar que cada componente una vez preparado va a tener una fecha de caducidad diferente dependiendo de cuál sea:

  • Concentrado de hematíes: Se mantiene hasta 40 días.
  • Concentrado de plaquetas: Hasta 5 días.
  • Plasma: Se puede mantener congelado hasta 12 meses.

Os invito a que en vuestras próximas donaciones le pidáis a las enfermeras o enfermeros que os atiendan que os muestren las tres bolsas que acompañan a la que se va a llenar de vuestros 450 mililitros.

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Bolsa de donación con sangre total acompañada de las tres bolsas que se usarán en el fraccionamiento.        Foto propia.

En mis próximas entradas detallaré en profundidad los usos de los diferentes concentrados pero espero que os haya ayudado a entender un poco mejor la donación de sangre y de por qué vuestros “chuletones” pueden acabar en una, en dos o hasta en tres personas.

Todas las dudas que tengáis sobre la donación, no dudéis en consultármelas en el blog, mi e-mail de contacto ( perdidueblog@gmail.com) , mi cuenta de Instagram (@perdidue) o en mi cuenta de Twitter(@perdidueblog).

Gracias por leerme.

Anécdotas sanitarias

¡Abro el apartado de anécdotas!

Ser sanitario da lugar a multitud de situaciones divertidas y no tan divertidas… anécdotas que merecen ser contadas.

Añadiré historias que me han sucedido a mí pero también, al contar con dos enfermeras más y un celador en la familia, incluiré algunas suyas que, desde luego, tienen historias para aburrir. ¡Además podéis enviarme las vuestras a perdidueblog@gmail.com si queréis verlas publicadas!

Comienzo contando una que me ocurrió en planta de Pediatría una de las pocas veces que estuve en este servicio:

Como cada mañana entraba a las habitaciones al comienzo del turno para tomar las constantes (temperatura, saturación de oxígeno y frecuencia cardíaca)  a los niños y niñas que se encontraban ingresados.

Al pasar a una de las habitaciones me encuentro con una niña de unos tres añitos, creo recordar, acompañada de su padre. Estaban ya despiertos y en pie  y empecé a hablarle a la pequeña, aunque desde el primer momento me di cuenta de que estaba alucinando conmigo.

Por más que le hablaba y le hacía preguntas ella se limitaba a mirarme, con la boca abierta, sin decir una sola palabra. No le dí más importancia y tuve una conversación con su padre, la típica de cómo habían pasado la noche, de la hora a la que solían hacer la visita los médicos, etc.

Ya cuando me dispongo a salir vuelvo a intentar tener una conversación con la niña, sin éxito otra vez, me despido de ella y de su padre y justo cuando estoy casi saliendo de la habitación por fin oigo la voz de la niña hablando con su padre, al que le pregunta:

-Oye papá, ¿esa era la enfermera?

-No hija, era el enfermero, también hay enfermeros en los hospitales… – Le respondía su padre entre risas.

La pobre niña estaba alucinando con la que creía, era la primera enfermera con bigote, barba y pelo en pecho que había visto en su vida. Lo que me pude reír llegando al control.

Gracias a todos/as los que habéis empezado a escribirme y a seguir este Blog, ¡ya sabéis que espero vuestras historias!

Que entréis genial en este lluvioso fin de semana.

Foto: caricatura de “Galleryy”

“Los hospitales son lugares tristes”

Con esta frase comienza un vídeo de “El Hormiguero” en el que José Luis Perales le da una sorpresa a una paciente que se encuentra ingresada a la espera de realizarse unas pruebas.

El vídeo es muy emotivo y siempre que lo veo se me vuelven a poner los pelos de punta, pero es esa primera frase la que me deja un sabor agridulce.

Todos sabemos que en los hospitales hay enfermedad, necesidad de cuidados,  tristeza, miedo y muerte… pero también hay esperanza, humor,  alegría, valor y ganas de luchar. En definitiva, también hay vida, mucha vida.

Me gusta poner como ejemplo mi experiencia en el servicio de Hospital de Día Médico, un servicio que se relaciona con una palabra, “cáncer”. Esa puta palabra.

Cuando la gente me preguntaba qué hacía y les explicaba que mayormente poner quimioterapias, no faltaba la pregunta: “¿que duro no?”. Es de suponer que es un servicio donde la emoción que reina es la tristeza y debería ser un ejemplo claro que reafirmara la frase que titula esta entrada.
Sin embargo, entre esas decenas de luchadores que pasan cada día reina el humor y la alegría. No faltaba el señor que cada vez que le veía me exigía que el último bote de quimioterapia fuera de ron con coca-cola (y que simulaba tocar una guitarra eléctrica imaginaria en su cama mientras escuchaba música de los 80), las personas que se reían cuando les decíamos que ya llegaban los “chuletones” (los concentrados de sangre que hay que transfundirles), las que bromeaban sobre el tema de perder el pelo, las que se reían con mis coñas sobre los pinchazos, las que siempre tienen una sonrisa para ti por muy mal que se encuentren… No era raro entrar a una sala y ver que varios pacientes y acompañantes estaban riendo mientras hablaban unos con otros.

Los hospitales pueden ser lugares donde la tristeza es la protagonista en muchos momentos, pero no es menos cierto que para recuperar la salud que nos llevan hasta ellos no es suficiente con administrar fármacos o realizar procedimientos médicos o enfermeros… 

Para recuperar la salud también hay que reunir fuerzas para afrontar la situación. Hay que conseguir que los hospitales no se consideren lugares tristes para pasar a considerarse lugares de vida y de esperanza.

En este último párrafo alguien puede pensar que no hay evidencia para relacionar el estado anímico con la recuperación. Si bien es cierto que no es el factor más determinante en la curación, por mi experiencia con los pacientes estoy seguro de que, en muchas ocasiones, marca la diferencia.

Gracias por leerme, ¡espero vuestros comentarios y  puntos de vista!

Aquí os dejo el enlace del vídeo que ha motivado esta entrada, os recomiendo verlo 😉

Enfermería: situación en España.

Podría empezar esta entrada aportando datos cuantificables sobre la situación en la que se encuentra la Enfermería en España, pero prefiero contar antes dos situaciones que se daban antes de la grave crisis que ha sufrido nuestro gremio.

Finales de los años setenta y principios de los ochenta en nuestro país. Una enfermera con su título recién sacado comenzaba sin problemas su experiencia profesional en algún hospital público de su Comunidad Autónoma. Tras trabajar durante tres meses, que era un periodo considerado de prueba, pasaba directamente a la condición de personal fijo, con su correspondiente derecho a pedir el traslado a otras comunidades.

Año 2007-2008. Los grandes hospitales privados en auge precisan de gran cantidad de personal. Tras ver que las enfermeras sólo estaban pocos meses hasta que les salía una oferta mejor, en Recursos Humanos se ven forzados a exigir por contrato un mínimo de permanencia en su hospital.

Estos dos casos reales los he expuesto porque, a pesar de la diferencia de años entre uno y otro, a día de hoy cualquiera de los dos es totalmente impensable y ningún enfermero que haya estudiado el Grado a partir del 2009 se lo creería.

Precisamente a partir de ese mismo año en el que comencé la carrera, se dio el pistoletazo de salida a la situación que estamos viviendo en esta década, la de pasar de una profesión sin parados y pruriempleo, a un incremento del 95% de paro enfermero en 2012 y de hasta el 500% en algunas zonas de España.

¿Cómo pudimos llegar a esos límites? Una de las causas que mucha gente relacionó es la del exceso del número de nuevos enfermeros/as propiciado por el aumento de plazas en las universidades privadas. Una teoría que se viene abajo cuando uno se entera que España es el segundo país de la UE con menos enfermeras por cada mil habitantes, sólo por detrás de Grecia.

Descartada la posibilidad de que en nuestro país haya un exceso de profesionales (más bien todo lo contrario), sólo queda pensar como lo han hecho las administraciones: más enfermería, más gasto; menos enfermería, ahorramos.

Y efectivamente, se ha ahorrado en presupuestos, de la misma forma que han ahorrado en la calidad de los cuidados permitiendo, por poner sólo un ejemplo, que una sola enfermera asumiera la responsabilidad de más de veinte pacientes por turno, algo que en una planta es una auténtica locura. Además se han dado muchos casos de personal sanitario que tenía que asumir doblajes de turno y si no le gustaba, que no se preocupase que ya sabía donde estaba la puerta.

No hay duda de que los países de la UE que tienen más claro que un mayor número de enfermeras es más positivo para sus ciudadanos han sido los grandes beneficiarios, importando una profesión de prestigio como es la Enfermería española.

A pesar de estos párrafos un tanto desalentadores, se ha percibido en el último año una mejoría de la situación, aún insuficiente, pero que ha comenzado a dar algo de optimismo.

He resumido mucho esta entrada porque me gustaría dedicarle espacios más amplios a temas como la sobrecarga de trabajo, el sueldo y la calidad de los cuidados.

Espero que os haya parecido interesante, ¡ y no dudéis en comentar!