Anécdotas sanitarias Vol.2

Cuando era estudiante de enfermería, estando de prácticas en el hospital, cada mañana pasaba por las habitaciones para tomar las constantes vitales: tensión arterial, pulso, saturación de oxígeno, glucemias, etc.

En esta toma diaria de tensiones llegué ante una paciente que aún estaba durmiendo. Le desperté y estuve hablando con ella un rato. Cuando me dispongo a levantar la sábana para proceder a colocar el “manguito” me encuentro con que le faltaba un brazo, el que estaba buscando.

Al ver mi cara de sorpresa y lo pillado que me quedé la pobre mujer se empezó a reír de mí.

 

Algo parecido le pasó a un compañero al que las enfermeras le mandaron hacer un electrocardiograma a un paciente. Se dispuso a colocar todas las pegatinas que se sitúan en el tórax y continuó diciendo:

-Ya sólo nos quedan las dos pegatinas en los tobillos, no se preocupe que será un momento, no pasará frío.

Al quitar la sábana pudo ver como, efectivamente, el paciente tenía las dos piernas amputadas.

 

Otra mañana en la toma de las glucemias antes de la comida me mandaron tomar la glucemia en una habitación. Al entrar me encuentro a un señor con un pijama puesto y le comento que le voy a hacer “el control del azúcar” y que me dejara un dedo.

Nada más terminar de realizar el procedimiento sale del baño la verdadera paciente de esa habitación. El señor al que había pinchado en el dedo con una lanceta era su marido y se calló por vergüenza.

Mientras le pedía disculpas miro el glucómetro y veo que marca una glucemia de 560 mg/dl. Una auténtica pasada teniendo en cuenta que los niveles en ayunas en una persona que no padece diabetes están entre 70 y 110 aproximadamente. Al menos me quedó el consuelo de saber que mi error sirvió para que el señor fuera diagnosticado y tratado a tiempo.

 

La última anécdota de esta entrada me ocurrió en una planta mientras hacía el rotatorio de noches en planta de medicina interna.

Después de acompañar a la enfermera en la ronda de medicación de las 12 de la noche, me tocaba ir pasando de nuevo en las habitaciones quitando los botes de suero de los tratamientos ya terminados.

Cuando estoy quitando un bote con paracetamol, la paciente, una mujer de avanzada edad me dice:

-Perdona hijo, ¿te importaría decirle al niño que está en el sofá que se vaya?

Me giré y no vi a nadie más en esa habitación. Aún no conocía que por las noches las desorientaciones y delirios son relativamente frecuentes, el mal rollo que tuve en ese momento no fue poco.

Una vez más, ¡os invito a que compartáis vuestras anécdotas como sanitarios o estudiantes!

Podéis mandarlas a perdidueblog@gmail.com o comentármelas en Twitter(@perdidueblog) e Intagram (@perdidue).

Gracias por leedme. La semana que viene intentaré empezar a montar un vídeo que os va a encantar seguro.

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