En el proceso de la extracción de sangre hay un comentario que se repite con bastante frecuencia (fruto del buen ambiente que suele haber) en cualquier sala de donantes, y es el de “vaya, veo que mi sangre no es azul”.

Dejando a un lado la desilusión o alivio que produce saber que un donante no pertenece a la Familia Real, se toca un tema que crea dudas, el del color de la sangre.

Son muchas las personas que se sorprenden de que sea tan oscura cuando la ven en la bolsa de donación. Incluso se llega a crear la inquietud de si su sangre no es demasiado oscura en comparación con la del resto.

Estamos acostumbrados a ver sangre en las películas y series televisivas, donde nos encontramos con escenas de grandes hemorragias  e inmensos charcos formados en el suelo, siempre con un color rojizo intenso.

No nos engañemos, la sangre más real que hemos visto en el cine ha sido la de la mano de Leonardo Dicaprio en “Django desencadenado”.

En esta escena el actor sufrió un corte accidental en el transcurso de su interpretación y él mismo decidió seguir improvisando, sin pedir que parasen el rodaje para ser tratado en el momento.

El director de esta película, Quentin Tarantino, es uno de los muchos culpables de la percepción actual que se tiene sobre que cualquier trauma, corte o accidente nos va a provocar un gran sangrado sin diferenciar que tenemos tres tipos de sangre según por dónde circula: capilar, venosa y arterial.

Circule por arterias, venas o capilares la sangre siempre va a tener dióxido de carbono y oxígeno, siendo este último elemento el que otorga el color “brillante o vivo” a nuestra sangre, pero no lo hace en igual proporción. Las arterias  van a transportar sangre más oxigenada que las venas, en las cuáles hay además más concentración de CO2 .

En una donación SIEMPRE vamos realizar la extracción a través de una vena por varias razones como son la mayor facilidad de localización y canalización y una menor repercusión para el donante ante la pérdida de volumen.

De hecho, si por accidente se llega a pinchar una arteria, hay que parar de inmediato la donación, ya que la circulación  está directamente impulsada desde el corazón a través de los latidos. Con tal fuerza, la donación se terminaría siempre en un tiempo de unos 2-3 minutos, suponiendo un cambio hemodinámico muy brusco donde sufrir sólo un mareo sería la menor de nuestras preocupaciones, por no hablar de la alta posibilidad de hematoma, inflamación y dolor en el punto de punción.

En conclusión, dadas las desventajas obvias de pinchar una arteria y así obtener una bolsa de donación con un color rojizo más intenso, conseguimos donar sangre de un color rojo oscuro, tirando a burdeos , de una vena generosa.

Una vez más os agradezco que me leáis y que comentéis y compartáis mis entradas.

En todas las publicaciones que haré sobre dudas que plantean los donantes no me meteré a fondo en explicaciones fisiológicas, sino que buscaré explicaciones más simples y comprensibles.

Un saludo, ¡os espero en Twitter (@perdidueblog) y en Instagram (@perdidue)!

 

 

 

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4 comentarios en “¿Por qué la sangre que dono es tan oscura?

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